(Textos
recobrados de MicroDinero) Sam Daley-Harris, al frente de la ONG Results International, lanzó en 1997 una campaña que fue creciendo con el tiempo y
sumando actores cada vez más comprometidos en la promoción y refinamiento de
las microfinanzas a escala global.
Transcurridos
más de catorce años desde la primera cita de la Microcredit Summit Campaign, en
Washington, la industria llega a este 2011 algo chamuscada -por no decir
herida- luego de una serie de tropiezos urdidos por factores atribuibles tanto
al propio sector como a su contexto.
Si en
aquella primera convocatoria de 1997 las microfinanzas todavía gozaban de buena
salud en la consideración mundial, considerada herramienta idónea para reducir
la pobreza, hoy la situación ha cambiado sensiblemente.
Daley-Harris
se despedirá este año como director de la campaña, dejando la posta a su colega
Larry Reed, en un clima donde los interrogantes se hacen más pesados e
incómodos.
Si hace
quince años se trataba de verificar y hacer conocer el éxito de una metodología
que ganaba fuerza en el mundo en desarrollo, hoy las microfinanzas comienzan a
mirarse hacia dentro, a reflexionar críticamente sobre sus prácticas y poner en
duda la efectividad de sus métodos. El idilio ha terminado.
Muestra
elocuente de ello ha sido la primera sesión plenaria desarrollada en la V
Cumbre Mundial del Microcrédito, en Valladolid, sobre la creación de un sello
de excelencia para las microfinanzas (algo que tiempo atrás hubiera sonado como
una extravagancia).
El panel
fue presentado por el presidente de la Fundación Microfinanzas BBVA, Manuel
Méndez del Río, desde una perspectiva ética. El mundo de las microfinanzas no
ha estado exento de los cuestionamientos éticos que recaen hoy sobre el sector
financiero, dijo el directivo español. Y sostuvo que la rentabilidad financiera
es condición necesaria pero no suficiente para llevar a cabo su misión.
La sesión
abordó el proyecto de Frances Sinha, directora gerente de EDA Rural Systems, de
la India, de crear un sello de excelencia para combatir prácticas poco éticas
en microfinanzas. Explicó que su iniciativa consiste en establecer una visión y
estándares consistentes que realcen el potencial de las microfinanzas para
servir a los pobres y contribuir a la transformación positiva en las vidas de los
clientes, sus familias y comunidades.
Un sello,
dijo la economista, que provea un medio para identificar y dar reconocimiento a
las IMFs que cumplen eficazmente su misión y ayuden a reorientar la industria
hacia un sistema más responsable, sostenible y universal. El resto
del panel, compuesto por la mexicana Isabel Cruz Hernández, presidenta del Foro
Latinoamericano y el Caribe de Finanzas Rurales (ForolacFR); Anne Hastings,
directora ejecutiva de Fonkoze, en Haití; Christopher Dunford, investigador
principal de la norteamericana Freedom from Hunger, y el sudafricano John de
Wit, director general de The Small Enterprise Foundation (SEF), se encargó de
hacer aportes, observaciones y críticas a la iniciativa.
Pero, como sucede con frecuencia en estos paneles, al momento
de las preguntas del público surgieron las observaciones más demoledoras. Que
el pobre va a ser quien termine pagando el costo de este sello; que se pretende
atenuar la excesiva comercialización en microfinanzas con otro exceso comercial
como esta certificación; que podría servir a una profesionalización de las IMFs
en desmedro de las instituciones más pequeñas que atienden las pequeñas
comunidades…
Y como pasa otras veces, el tiempo estipulado del panel se
agota justo cuando sobrevienen los planteos más engorrosos.
El debate amenazó naufragar en lo anodino cuando alguien,
desde el auditorio, pidió que se establecieran diferencias claras entre este
proyecto del sello de calidad y otras iniciativas similares, como las del Social
Performance Task Force (SPTF) y la Smart Campaign. Pero ya no había tiempo.
El pobre Daley-Harris despidió al plenario embrollado en su
intento de explicar los recorridos para llegar a las salas de los talleres
vespertinos. Y la discusión siguió en los pasillos, dando muestras de una
industria saludablemente activa, aunque replegada, introspectiva y autocrítica.
Publiqué este artículo el 14 de noviembre de 2011 en
MicroDinero
Artículo relacionado en este blog: Valladolid, en la encrucijada del microcrédito
Nota del Editor: El Sello de Excelencia que se presentó en esta sesión inaugural de la Cumbre del Microcrédito, en Valladolid 2011, fue posteriormente rebautizada, en junio de 2013, como Truelift.
Algunas fotos de la galería Valladolid 2011 de MicroDinero
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Valeria Artese, colaboradora de microfinanzas, con estudios de postgrado en microfinanzas por la Universidad Autónoma de Madrid, en el stand de MicroDinero de la Cumbre de Valladolid. |
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Theo Brouwers, SNS Impact Investing, de los Países Bajos, en un panel sobre principios para inversores en finanzas inclusivas. |
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Panel sobre microcrédito y creación de empleo. |
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Robert Christen, fundador del Instituto Boulder, en el stand institucional. |
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Niki Armacost, gerente general de Arc Finance, presente en Valladolid. |
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Nasser al Kahtani, de AGFUND, en un panel sobre la implementación de estrategias nacionales para la inclusión financiera. |
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Marcelo Abbad, gerente general de la ONG española Intervida. |
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Ingrid Munro, de Jamii Bora de Kenia, en el panel sobre microfinanzas en escenarios de alta pobreza urbana. |
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Chuck Waterfield, creador de MFTransparency, en el hall de ingreso del Centro Cultural Delibes |
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