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Este blog de microfinanzas comenzó a actualizarse el 1 de febrero de 2008 y se cerró el 30 de noviembre de 2015.
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lunes, 30 de noviembre de 2015

Mundo Microfinanzas, balance y despedida


“… la casa es del tamaño del mundo; mejor dicho, es el mundo” 
(Jorge L. Borges, La casa de Asterión)

Este blog vio la luz el 1 de febrero de 2008, en un post que comentaba la publicación de un libro de microfinanzas para niños.

Con cierta sistematicidad, y algunas vicisitudes que luego comentaré, el blog se actualizó hasta el 31 de diciembre de 2014, fecha de cierre al seguimiento de sus contenidos. Durante este 2015 trabajé en el ordenamiento de todo el material publicado, el rescate de viejas notas dispersas o perdidas y la posedición de todos los contenidos en orden a mínimas pautas de uniformidad, tanto de diseño como periodísticas. Con esta, publico la última entrada de Mundo Microfinanzas.

En estos más de siete años, Mundo Microfinanzas produjo:

- 2.623 entradas publicadas;
- 173 países cubiertos;
- 53 tópicos bajo seguimiento (dentro de un espectro temático que tiene sus ejes en las finanzas, la inclusión y el desarrollo);
- 2.260 instituciones involucradas en sus historias (incluyendo instituciones microfinancieras, redes nacionales y regionales de IMFs, bancos microfinancieros, ONGs microfinancieras, bancos de desarrollo, programas y organismos de gobierno enfocados en inclusión a través de las finanzas, cooperativas financieras, banca rural y de la mujer, bancos comerciales, banca multilateral, bancos centrales y organismos de regulación y supervisión, sistema de las Naciones Unidas, asociaciones y cámaras de bancos e instituciones financieras, fundaciones y entidades filantrópicas, organizaciones de apoyo técnico e institucional al sector microfinanciero, instituciones de la economía solidaria, universidades e institutos de formación e investigación, think tanks, organismos de integración regional y de cooperación internacional, compañías de inversión, empresas privadas, entes de apoyo al desarrollo empresarial y emprendedor, organizaciones internacionales humanitarias, movimientos sociales, iniciativas ciudadanas, entre otras);
- Reportes in situ en 8 países, 12 ciudades, donde participé como periodista acreditado en eventos de la industria microfinanciera (Buenos Aires, Montevideo, Lima, Trujillo, Quito, Guayaquil, San José de Costa Rica, Bridgetown, Ciudad de México, Guadalajara, Madrid y Valladolid).

Como todo lector habitual o inhabitual de este blog lo puede verificar, muchas de las entradas se editaron como compendio de varias noticias, tales como agendas de eventos, micronoticias por país o región o noticias agrupadas según temas. Si contamos cada una de estas microhistorias, las 2.623 entradas se elevan a 5.757.

Además, algo que es difícil de cuantificar pero susceptible de ser verificado, una parte muy importante de los contenidos del blog es traducción de información originalmente publicada en otras lenguas. Muchas de las historias de este blog conocieron aquí su primera expresión en castellano.

Todo este trabajo lo hice, en los primeros años, con miras a la puesta en marcha de un proyecto empresario-comunicacional que llamamos MicroDinero. A partir de 2012, la motivación fue exclusivamente personal y profesional.

Cómo y por qué nace Mundo Microfinanzas

Mundo Microfinanzas nace en una cena de amigos, en una parrilla de Buenos Aires, a fines del año 2006. Con un entorno económico de crecimiento, y deseos de independencia laboral, decidimos emprender un proyecto de periodismo digital donde supliéramos nuestro limitado capital con trabajo, oficio y creatividad, aprovechando las enormes ventajas de internet.

Si bien todos éramos periodistas, ninguno tenía vinculación alguna con las microfinanzas. Que eligiéramos a las microfinanzas -entre posibles opciones- como el asunto que nos habría de ocupar tuvo bastante de aleatorio. Supongo que nos interesó su costado novedoso y poco explorado, así como su potencialidad comercial.

En la distribución de roles de esa naciente sociedad, me tocó ser uno de los encargados de la producción de contenidos, si bien las decisiones estratégicas eran compartidas por todos los socios. Durante 2007 me dediqué a leer cuanto material de microfinanzas encontraba en la web y a desasnarme (con perdón del noble animal) de todo lo relativo al mundo del financiamiento y la pobreza.

No tardé en sentirme fascinado por el objeto. Sin dudas la motivación empresarial (de estar “creando” algo, y algo de lo cual en algún futuro pudiéramos vivir y realizarnos profesionalmente) era muy fuerte.

Sin embargo hubo también, desde un principio, algo inherente al tema que atrajo mi interés y me hizo ahondar -hasta donde mis capacidades lo permitían- en la lógica y dinámica de este campo desconocido. Mi mirada siempre fue la del lego que aspira a mejorar sus rudimentos.

Una vez imbuido de lo que, creía, eran las nociones básicas de las microfinanzas, el paso siguiente fue cómo hacer de todo eso algo comunicable.

En el último trimestre de 2007 comencé a enviar regularmente a mis socios síntesis de noticias -como las que luego publicaría en el blog-, con el doble objetivo de, por un lado, ejercitarme en un estilo, familiarizarme de un vocabulario e identificar núcleos temáticos de interés para la industria a la que aspirábamos a servir y, por otro lado, para compartir en equipo los resultados de la prospección.

La construcción del diario digital MicroDinero, por el tamaño de su apuesta gráfica y el alcance global país-por-país de sus contenidos, se hizo lenta y compleja. Decidí entonces crear un blog, aprovechando la simplicidad de su mecanismo de publicación, para ganar tiempo hasta tanto MicroDinero estuviera activo.

Una aproximación intuitiva y experimental

La idea detrás de la creación de este blog era la de ser un campo de pruebas. Una plataforma donde todo el trabajo de búsqueda y procesamiento de información pudiera exteriorizarse, cotejarse, discutirse y ser parte de los cimientos del contenido de MicroDinero.

De allí que Mundo Microfinanzas tuvo, en una primera etapa desde su nacimiento hasta promediar 2010, una impronta intuitiva, experimental, prospectiva -algo ingenua, si se quiere- y de muy bajo perfil, casi al punto de lo subrepticio. Como se trataba de una iniciativa apenas subsidiaria de un proyecto mayor y diferido, no me pareció necesario darla a conocer a nuestro público objeto (los actores del negocio microfinanciero), incluso hasta temiendo que algún desliz, algún infortunio de redacción o de diseño pudiera comprometer la credibilidad de MicroDinero antes mismo de su lanzamiento. Si uno veía el blog por aquellos días se encontraba con una serie de posts con cierta coherencia temática, pero venidos de quién sabe dónde y yendo hacia quién sabe qué objetivo, como una suerte de colapso molecular.

Un tema no tardó en surgir omnipresente e inesperado: la crisis financiera. En efecto, la caída de Lehman Brothers en septiembre de 2008 nos encontró en plena fase de preparación. Pero lejos de desalentarnos, las noticias de la crisis y su todavía incierto desenlace no hicieron más que agregar estímulo y adrenalina a nuestra empresa.

Además, la crisis comienza a impregnar las historias de microfinanzas que aparecían en los medios de todo el mundo, ya con la incertidumbre que tal escenario internacional suscitaba, ya con algún alborozo por todo lo que, en contraste, las microfinanzas vendrían a simbolizar frente al mainstream financiero y el paroxismo especulativo. Este blog -demasiado mimético entonces- se hizo eco de una y otra visión sin todavía suficientes defensas críticas que oponer (por cierto aquel alborozo era bastante osado, pero esto dicho retrospectivamente). 

Otra característica de aquellas primeras entradas fue su criterio “distributivo”. Si bien el objetivo era dedicar atención especial a determinadas problemáticas que se evidenciaban como sistémicas o de cierta ejemplaridad para el sector (por caso el surgimiento del movimiento No Pago en Nicaragua), lo cierto es que con frecuencia el acento estaba puesto en situaciones puntuales de cada país, con alguna preferencia por países de Asia, África y Oceanía, cuyo perfil era más difícil de componer por la distancia cultural, geográfica y lingüística. El espejo del trabajo era MicroDinero, y como cada botón del futuro sitio habría de equivaler a un país específico, necesitaba tener un manejo mínimo de tópicos, recurrencias y singularidades de cada mercado nacional y/o subregional, que contribuyera luego a la consistencia periodística del proyecto.

La puesta en marcha de MicroDinero fue avanzando: a fines de 2009 lanzamos su versión beta y a mediados de 2010, con el “monstruo suelto” -como nos gustaba bromear-, ya jugábamos con la intensidad y el entusiasmo propios de un recién llegado. Envueltos en el vértigo de MicroDinero, el blog tendió a languidecer, hasta casi perder toda razón de existencia.

Hubiera preferido que así siguiera siendo. El blog en el recuerdo, pronto en el olvido. Y con MicroDinero en camino a su consolidación, como medio de comunicación y como empresa. Pero el devenir quiso otra cosa.

A fines de 2011 las energías menguaban y la viabilidad comercial del proyecto no se vislumbraba. Habían pasado cinco años de trabajo intenso y por momentos frenético, remontando la cuesta de un campo que no conocía, con un diario bulímico y pesado -todo un coloso de programación-, que demandaba esfuerzos tremendos a editores que, a falta de estructura, debían desdoblarse en su función de redactores, correctores, traductores, diseñadores y productores. Pagamos un precio demasiado elevado por nuestra inexperiencia como empresarios (al menos los socios iniciales) y por desafortunadas decisiones, entre otras: equivocamos la magnitud del diseño; no dimensionamos adecuadamente la carga de trabajo y dedicación que habrían de exigir los dispositivos de publicación que estábamos creando; apresuramos la conversión bilingüe del diario; no supimos diferenciar roles y responsabilidades; pensamos que el apoyo comercial advendría, por decirlo así, con la sola prepotencia del producto; pecamos por exceso de autoconfianza, improvisación y, hasta cierto punto, de megalomanía. Por momentos me sentí como esos cartógrafos chinos cuyos mapas, en la imaginación borgeana, coincidían exactamente, de tan minuciosos, con el tamaño del imperio. MicroDinero fue un delirio de representación.

En noviembre de ese año ofrendé en Valladolid mi última danza por MicroDinero, media partner de la Cumbre Mundial del Microcrédito, todo un premio y reconocimiento al esfuerzo invertido, esfuerzo que deseé fuera retomado por compañeros con nuevos ímpetus. En diciembre la sociedad se partió y acabé por desvincularme de MicroDinero. El monstruo me había devorado.

América Latina, en el foco

La segunda etapa de Mundo Microfinanzas se abre a inicios de 2012. Tras unas breves pero reparadoras vacaciones, como se dice, sentí el deseo de volver a ese objeto cautivador y no tirar por la borda la experiencia y el conocimiento adquiridos. Mi viejo blog era el espacio indicado. Sin mayores coerciones de edición, sin exageradas pretensiones, con apenas algunos retoques gráficos reactivé Mundo Microfinanzas y retomé mi trabajo de investigación, seguimiento y publicación de contenidos que me parecían relevantes para el sector microfinanciero.

Algunas cosas cambiaron, naturalmente. Además del trabajo más relajado y subordinado a los tiempos individuales, tomé la decisión de circunscribir el foco en América Latina. No me desentendí del mundo (el nombre del blog era ilustrativo del alcance de nuestro proyecto primigenio), pero era claro que un trabajo comprometido y consistente exigía reducir el objeto a la región que uno más conoce y le es familiar. En esta etapa, hasta prácticamente fines de 2013, actualicé el blog imaginando la virtualidad de un diario microfinanciero latinoamericano.

Por otra parte comenzaba a aparecer algo más de soltura y aplomo para el comentario de los asuntos que forman parte de la agenda de las microfinanzas. El blog siguió siendo un espacio mimético en el sentido de que se estructuraba a partir de los problemas y los debates que se producían al interior de la industria (los Foromic, el evento anual del Banco Interamericano de Desarrollo, fueron en tal sentido un eje vertebrador), pero ya con menos ingenuidad y con algún intento de distanciamiento y lectura personal. La participación en eventos fue clave para refinar este conocimiento, conocer de primera mano la opinión de los expertos y dialogar con profesionales que hacen el día a día de las microfinanzas.

La crisis financiera también hizo lo suyo para desmoronar lo que pudiera haber quedado del aura encantador de las microfinanzas. Junto al inevitable impacto en los flujos de financiamiento e inversión para el sector y el recrudecimiento de problemas de mora, impagos y otras zozobras, la industria venía de experimentar sus propias crisis, generadas a partir de deficiencias inmanentes a algunos de sus mercados más competitivos: clientes sobreendeudados, prácticas draconianas de cobro, guerra psicológica y de rumores, saturación de oferta sin suficiente control regulatorio estuvieron en la génesis del descalabro de Andhra Pradesh, en la India, en la segunda mitad de 2010.

De modo que el manejo algo más diestro de las herramientas críticas en esta segunda etapa del blog es convergente -no desde ya homologable- con una etapa histórica de las microfinanzas marcada por lo que alguna vez llamé “el fin de la inocencia”.

Una tercera y última etapa del blog es la que tuvo lugar en 2014. De algún modo esta etapa significó una restitución a nuestra vocación global original. Volví a poner al mundo en foco, si bien esta vez no con la meticulosidad país-por-país sino tomando algunos episodios estructurales que están socavando o que son potencialmente dañinos para las posibilidades de desarrollo de los países pobres y emergentes: la necesidad de una reforma del sistema financiero internacional, la necesidad de nuevas instituciones financieras enfocadas en infraestructura para el desarrollo, la reivindicación de Argentina por el manejo soberano de las deudas externas (el grueso de los países acompañó la iniciativa argentina en el seno de la Asamblea General de Naciones Unidas y aprobó este año nueve principios para la reestructuración de deudas soberanas), la amenaza del cambio climático, particularmente en los pequeños países con alta vulnerabilidad y exposición costera, entre otros.

En el orden latinoamericano incorporé, no con toda la constancia que me hubiera gustado, la cuestión de la integración regional. Un sólida institucionalidad para la integración, de México a la Patagonia, abrazando todo el Caribe, parece ser condición fundamental para el desarrollo y la superación de los crónicos flagelos de pobreza y desigualdad en la región (como dijo alguna vez el ex canciller uruguayo Luis Almagro, “la integración hace la diferencia entre ser y no ser, hace a la sustancia de lo que podemos ser como latinoamericanos… o de lo que nunca seremos”).

Ese último año de trabajo fue, si se quiere, la puesta en evidencia de que las microfinanzas son huérfanas si no van acompañadas por políticas macro -globales, regionales y nacionales- que apuntalen y favorezcan su misión, a saber: ayudar a la población vulnerable y vulnerada a construir, por sus propias capacidades y esfuerzo, medios de vida dignos, suficientes y sustentables.

Lo anterior parte de un supuesto: no todos los pobres nacen para ser emprendedores. Que haya muchos emprendedores, y que en su gran mayoría carezcan hoy de las oportunidades financieras requeridas para el éxito de sus proyectos, no habilita postular a las microfinanzas como herramienta privilegiada para erradicar la pobreza. Las microfinanzas son una herramienta más y no son indicadas para todos.

Afortunadamente la industria ha llegado a cierto consenso respecto a la necesidad de un enfoque holístico. No ha sido un proceso fácil. Todavía en 2009, cuando el MIT dio a conocer los primeros estudios de impacto en clientes de Spandana, en la India -que hallaran discretos resultados del microcrédito y ninguna evidencia de que el acceso a servicios financieros haya transformado la vida a sus beneficiarios-, despertó resistencias algo pueriles por parte de las entonces seis mayores IMFs del mundo (Unitus, ACCION International, Finca, Grameen Foundation, Opportunity International y la Women’s World Banking), según lo comentan Banerjee y Duflo en Repensar la pobreza. Hoy cada vez son más los programas de microfinanzas que se piensan junto a un mix de intervenciones que van desde el acceso a la vivienda, promoción de la salud, prevención de enfermedades, transferencia tecnológica, articulación con transferencias monetarias condicionadas, educación financiera, tutoría para emprendedores jóvenes, entre otras, y cada vez son menos los que aceptan las ventajas per se de los servicios financieros en manos de los pobres.

Pero si nuestra meta es atacar integralmente la pobreza, las microfinanzas, aun bajo un enfoque holístico, tampoco serían suficientes.

En efecto, la pobreza solo disminuye -y América Latina ha dado en la última década algunos pasos en tal dirección- con políticas macroeconómicas orientadas a la reducción de brechas de ingreso, fortalecimiento de la inversión pública en inclusión social, énfasis en movilidad social ascendente a través de la educación, compromiso del Estado como dinamizador contracíclico de la economía en épocas de estrechez y estrategias de desarrollo local, nacional y regional que superen taras históricas ligadas al fatalismo commodity-dependiente y que establezcan como prioridad la industrialización, el conocimiento y la generación de valor. 

Esto es pura decisión política. Un cliente microfinanciero puede ser exitoso con un buen plan de negocios, buenas aptitudes y una buena institución financiera que lo respalde. Pero su sostenibilidad también depende de que esté inserto en entornos económicos pujantes. Que no sólo a él o a ella le vaya bien, sino que también le vaya bien a su familia, a sus vecinos, a su comunidad, a su país y región, en entramados dinámicos de producción y consumo, integrados a cadenas transnacionales desde posiciones de fortaleza. Las microfinanzas no pueden ser la coartada piadosa y funcional a políticas que nuestra región lamentablemente conoce de cerca y que se pueden formular en estos términos: riqueza para pocos, oportunidades para algunos, pobreza para millones.

El encanto, pese a todo 

El repaso anterior sobre las etapas del trabajo en este blog merece la siguiente aclaración: ni por asomo tal itinerario fue algo premeditado. Se dio como se dio, con mucha cuota de azar, intuición, arbitrariedad y hasta de capricho. Me resulta raro situarme como observador externo para analizar mi propia producción. Pero para mí es importante dejar este testimonio a modo de balance, que justifique de algún modo tamaño esfuerzo realizado en estos años, sobreponiéndonos a mil dificultades y escaseces, contando todo lo hecho desde este blog y en MicroDinero.

Más de una vez me han preguntado: ¿Y por qué haces el blog? Más de una vez me lo pregunté yo mismo: ¿por qué estoy haciendo esto? Mi respuesta tranquilizadora solía ser: Porque lo considero valioso… porque creo que es -o puede ser- útil para alguien… por tomarme desquite de MicroDinero… porque tengo expectativas de hacer algo con esto en el futuro.

Algo de todo eso hubo. La respuesta más acertada, sin embargo, es: porque me gusta. Hice todo esto porque me gustó hacerlo. Y el blog, y toda la etapa de MicroDinero, me compensó con muchas cosas: conocí gente interesante, ejercité mi profesión, creamos algo donde antes no había nada, viajé, descubrí lugares y culturas que no conocía, conocí mejor mi propio país y el mundo. Aprendí. Mundo Microfinanzas fue un aprendizaje.

Si algo hay de sistemático en este blog, pese a todas las vicisitudes y dificultades, ha sido el esfuerzo por rodear un objeto desconocido y fascinante -las microfinanzas- y tratar de entenderlo desde distintos ángulos, sin aprioris ideológicos ni compromisos por intereses, en lo bueno y en lo malo, en sus potencialidades, en sus promesas, en sus matices, en sus conexiones con áreas o actividades de la economía afines o aledañas, en todo lo que comporta como herramienta de inclusión social.

Y, por cierto, mi percepción sobre las microfinanzas ya no es la misma que cuando empecé. Ni mejor ni peor. Sí distinta, y sí más informada. Si tuviera que volver a empezar este blog, ya no lo haría por una fábula infantil. Más aún: contra aquellos que en los inicios de la crisis financiera se ufanaban de que las microfinanzas eran el reverso virtuoso de todas las prácticas que habían llevado al descalabro de la economía mundial, pues para ellos hay malas noticias: las microfinanzas pueden reproducir perfectamente la lógica especulativa y predatoria de las grandes finanzas. Las microfinanzas, mal diseñadas, pueden ser factor para la consolidación de un estado de cosas y de hecho para la perpetuación de la pobreza.

Sin embargo, ellas también pueden asumir roles socialmente relevantes. La base antropológica de las microfinanzas -si hubiera algo así- entiende que todo ser humano, siendo libre y potencialmente creador, merece oportunidades para sobreponerse a las dificultades y sacar adelante sus empresas. Eso solo ya justifica la existencia de una industria.

Entiendo que hay en las microfinanzas algo del orden de lo arcaico, restos arqueológicos que permiten la coexistencia o, mejor, la combinatoria de elementos heterogéneos. Tal combinatoria humaniza lo que, de otro modo, no sería más que mero cálculo o ratio financiero. La globalización, los avances tecnológicos y las finanzas transnacionales explican la emergencia de un fenómeno tanto como los sujetos corporizados en una transacción, los vínculos interpersonales, la autogestión comunitaria, el valor de la confianza (individual, recíproca, colectiva). El dinero en su faz más inmediata, más creativa, pero también más conminatoria y dramática. Algo que podría vincularse con lo que la socióloga argentina Verónica Gago, en su espléndido ensayo La razón neoliberal, llama “economías barrocas”, para referirse a la superposición de lógicas económicas que se presumen como antagónicas (ella toma como caso de estudio las barriadas, ferias y talleres textiles en los márgenes de la ciudad de Buenos Aires, mayormente compuestos de población migrante).

En esta interfaz de lo arcaico y lo moderno, de lo local y lo global, las microfinanzas llevan andado un camino que las hace idóneas para armonizar estos órdenes y superar conflictos. Las microfinanzas han desarrollado aquello que desde la academia se llama “teoría de la agencia”, esto es, la capacidad de las finanzas para acercarse, entender y servir a aquellas poblaciones que, por regla, han sido excluidas de los beneficios de las finanzas. Reconozco también que los límites que trasunta esta gestión pueden ser dramáticos. Un paso en falso y habremos de dar con el abismo: la pobreza, la explotación, el retiro del Estado, la acechanza de la deuda. La distópica promesa de la financiarización.

Creo, para finalizar este repaso, que las microfinanzas -la inclusión a través de las finanzas- pueden ser perfectamente motivo de una política de Estado, siempre que se tengan en cuenta las consideraciones macroeconómicas anteriormente señaladas y que se las encuadre dentro de políticas integrales de respeto a los derechos humanos. No creo tanto en aquello de “lecciones aprendidas”. O en todo caso las lecciones están para conocerlas, no para copiarlas. Tomar con sumo cuidado iniciativas rimbombantes al estilo “Estrategia nacional de inclusión financiera”, que contradictoriamente proponen modelos llave en mano, a replicar de país en país, patrocinadas por… agencias internacionales de cooperación, fundaciones internacionales, banca comercial (transnacional). Cada país, o asociación de países, debe ajustar las políticas a su idiosincrasia, a sus objetivos y proyectos estratégicos, e implementarlas con intervención de sus propios actores.

Si tuviera que elegir una experiencia valiosa de microfinanzas como política de Estado, al menos desde su diseño, me quedo con la que tuve ocasión de conocer en Uruguay. El Programa de Microfinanzas del gobierno uruguayo comenzó en 2007 con financiamiento y asesoramiento del BID, con todo el know-how adquirido por el banco en cuanto a capacidades institucionales, entorno regulatorio y diseño de productos, y concluido a fines de 2013 como política de desarrollo territorial y fortalecimiento de redes productivas, entramados de micro y pequeñas empresas arraigadas en territorio. Para ser coherente con lo anterior: no propongo que se copie el programa uruguayo. Sí que se lo considere como trayectoria posible de una política pública de microfinanzas.

Búsqueda, agradecimientos, el futuro

No he tenido suerte con la incorporación de un buscador para este blog. La herramienta se desactualiza con cierta frecuencia, generando más decepciones que soluciones a quien desea buscar y encontrar alguna información relacionada con nuestros temas.

De modo que el mejor camino para pesquisar, dentro del mismo blog, es guiándose por la organización de los contenidos en la columna de la derecha de esta plataforma. De arriba para abajo, el material se ha organizado por país, por fecha, por tópico y, debajo de todo, por institución. Estas cuatro categorizaciones pueden ayudar al pesquisador según aquello que le interese sea el dónde, el cuándo, el qué o el quién.

Los agradecimientos son muchos y seguramente seré injusto con más de uno que merecería ser nombrado. A los seguidores de este blog y a sus lectores: no me puedo vanagloriar de que hayan sido miles, pero al menos sí puedo decir que han sido fieles (a juzgar por la regularidad en su distribución geográfica). A los ocasionales visitantes que dejaron sus buenas impresiones de este trabajo a través de correos (publicados y no publicados). A toda la comunidad de las microfinanzas que nos hizo sentir que el trabajo que realizamos era valioso. A todos quienes nos orientaron con su conocimiento, ayudándonos a mejorar nuestra percepción de los temas tratados. A los expertos que accedieron a que los entrevistásemos, a las instituciones que nos acreditaron para sus eventos. A los colegas y gerentes de comunicación que, en representación de alguna institución, se preocuparon por enviarnos sus comunicados y documentos. A los que aportaron contenidos con su firma para este blog: Daniel Alarcón (Colombia), Anne-laure Germond (Francia), Fadi Hadad (Suiza), Hélia Nsthandoca (Mozambique), Rosa Matilde Guerrero y Ruth Arregui (Ecuador) y Florencia Páez Molina, Noel Alonso Murray, Adriana Bottiglieri y Hugh Sinclair (Argentina). A Paola Soifer, por su apoyo en el diseño y acompañamiento en los primeros años de este proyecto. A mis socios y amigos de MicroDinero: Omar Méndez, Enzo Girardi, Elio Rossi y Hoon Kim, que también aportaron contenidos a este blog. A mis colegas y amigos del periódico Microfinanzas, de Perú: Wilfredo Quiroz Fuentes y César Sánchez Martínez. A todos, muchas gracias.

Mundo Microfinanzas ha cumplido su ciclo. Tratando de capitalizar lo aprendido en estos años, relanzaré el proyecto en un plazo no inmediato pero tampoco indeterminado. El nuevo sitio, hospitalario con las microfinanzas, apuntará sin embargo a un espectro más amplio de las finanzas orientadas a la inclusión y el desarrollo de América Latina y el Caribe. Las microfinanzas estarán en el ADN del proyecto futuro y el trabajo realizado en este blog constituirá el punto de partida. A los cientos de contactos forjados en todo este tiempo, comunicaré vía correo electrónico el lanzamiento del nuevo sitio apenas su primera versión esté disponible online.

Como última cosa, mis disculpas anticipadas por los errores que puedan persistir en este blog. Siempre he intentado priorizar la calidad de las publicaciones, aun a costa de dedicar más tiempo a cada post y sumirme en cadenas a veces interminables de verificación, chequeo y desambiguación de la información. Pese a todo ese esfuerzo, en los últimos meses corregí mucho y sé que los márgenes de desliz han sido importantes. De ahí que agradeceré mucho a quienes detecten erratas gruesas (ortográficas, de transcripción, de traducción, topográficas, etc) y quieran reportármelas a esta dirección: mundomicrofinanzas@gmail.com o también a mpmolina90@gmail.com. Las subsanaré de inmediato.

Hasta pronto!

Martín Páez Molina
Editor de Mundo Microfinanzas
Buenos Aires, 30 de noviembre de 2015

Referencias

Banerjee, Abhijit V. y Duflo, EstherRepensar la pobreza. Un giro radical en la lucha contra la desigualdad global (Taurus, 2012, Buenos Aires, traducción de Francisco Javier Mato Díaz). El episodio de las “seis grandes” que motiva la cita es narrada en las páginas 218-219.

Gago, VerónicaLa razón neoliberal. Economías barrocas y pragmática popular (Tinta limón, 2014, Buenos Aires). Cabe aclarar que la posición de la autora sobre las microfinanzas es crítica, si bien reivindica el recurso del microfinanciamiento en economías populares informales como una de las respuestas posibles "desde abajo" a los efectos del desmantelamiento de la economía industrial.

jueves, 16 de abril de 2015

Aprender jugando a las finanzas: PAEF Argentina

El Programa nacional de educación financiera es impulsado por el Banco Central
(fotos: BCRA)
Las actividades lúdicas se apoyan con publicaciones y material didáctico
Los niños se sitúan, de manera participativa, en el circuito económico
desde el momento en que se genera el dinero e intervienen los bancos
.

(Textos recobrados de MicroDinero) El Banco Central de la República Argentina (BCRA) realizó este invierno en Buenos Aires su segunda participación con un stand educativo en la Feria del Libro Infantil, en Buenos Aires.

La experiencia ha permitido al banco llevar a un evento masivo su Programa de Alfabetización Económica y Financiera (PAEF), en el que miles de niños de edad escolar se familiarizan e interactúan con conceptos básicos de la economía y las finanzas.

“La verdad es que la experiencia de estos dos años fue fantástica, con muchos chicos, donde todos participan, se interesan y se van con alguna de las publicaciones que tenemos de educación financiera”, dijo el gerente de Relaciones con la Comunidad e Imagen Institucional del BCRA, Diego Díaz de Rosa.

Las actividades propuestas son variadas: desde juegos interactivos y de simulación hasta obras de teatro, pintura y narración de cuentos. Siempre con el eje puesto en la relación de la persona con el dinero y los servicios bancarios.

El PAEF utiliza la concepción de aprendizaje activo, cooperativo y significativo. Tiende a la transversalidad de conceptos como la responsabilidad, el respeto y la solidaridad, que subyacen a las decisiones económicas que un ciudadano toma todos los días.

“El feedback de los chicos es muy bueno. Toda la interacción es muy alegre, dinámica, sin conflictos de ningún tipo”, comentó Díaz de Rosa a MicroDinero, mientras el stand de la Feria se poblaba de niños con guardapolvo esperando una de las actividades.

El directivo destacó también el entusiasmo de los padres -que miran desde afuera- y la presencia de docentes, a quienes se los alienta a inscribirse en el programa.

Algunas actividades sitúan a los niños, de manera participativa, en la ruta del dinero: desde la emisión, los traslados, la distribución en todo el país, el transporte, la destrucción del billete deteriorado. Luego pasan por un circuito donde tienen simuladores de cajeros automáticos, hacen operaciones en una ventanilla y usan dinero y tarjetas de juguete, con las que luego compran materiales didácticos del banco.

“Entonces simulan todo un circuito comercial donde ellos participan e intervienen y ven cómo se genera y cómo funciona la economía”, explicó Díaz de Rosa.

Tecnópolis

El público prioritario del stand de la Feria del Libro son niños de 5 a 10 años. Pero en paralelo con esta experiencia, el BCRA dispuso otro stand en la gran feria de ciencia y técnica argentina Tecnópolis, donde los visitantes típicos ya tienen entre 15 y 21 años.

Para ellos, el banco les ofrece juegos con aplicaciones tecnológicas, de simulación, visitas virtuales, juegos de comercio internacional, empleo de redes sociales, entre otros atractivos para este target.

Según Díaz de Rosa, “en el caso de Tecnópolis no apuntamos a educación financiera pero sí a la bancarización, a sacar el miedo que pueda haber en la realización de operaciones bancarias, hacer que la gente interactúe con el banco central y vea la imagen del banco como algo amigable”.


Publiqué este artículo el 8 de agosto de 2011 en MicroDinero

Modelos para el financiamiento de la producción de pequeña escala: Argentina y Latinoamérica

El panel fue organizado por el Fondo de Capital Social, en Buenos Aires
(fotos: MicroDinero)

(Textos recobrados de MicroDinero) El Fondo de Capital Social (Foncap) cerró esta semana su seminario internacional en Buenos Aires con la presentación del libro Estrategias de financiamiento inclusivas e integrales, que recoge destacadas investigaciones y ensayos sobre experiencias de financiamiento socioproductivo local y regional.

El libro contiene los doce primeros trabajos seleccionados y premiados en el marco del “Concurso de Proyectos de Investigación Foncap 2009/10”.

La presentación tuvo como marco la Feria del Libro de Buenos Aires y siguió al panel “El modelo de desarrollo y el financiamiento a las actividades productivas de pequeña escala en la Argentina y Latinoamérica”, animado por expertos nacionales y regionales.

La mesa contó con la participación del presidente del Foncap, José Ottavis; el director del Programa de Estudios Superiores en Economía Solidaria de la Universidad de San Martín (Unsam), Alejandro Rofman; el consultor del Ministerio de Obras Públicas, Servicios y Vivienda de Bolivia, Pablo Rossell; el representante en Argentina de la Corporación Andina de Fomento (CAF), Alvaro García; el subsecretario de Financiamiento del Ministerio de Economía de la Nación, Adrián Cosentino y el subsecretario Pyme y Desarrollo Regional de la Nación, Horacio Roura.

Perspectivas sobre el financiamiento

Ottavis fue el encargado de abrir la discusión. El presidente del Foncap, luego de agradecer la presencia de expositores y del público, destacó el rol de esta institución en el financiamiento de actividades productivas de pequeña escala en Argentina y resaltó los avances del microcrédito desde la década del ’90, cuando “se miraba más a la entidad intermedia que al emprendedor como sujeto de derechos”.

Sostuvo que a partir de 2003, los cambios políticos en Argentina produjeron un cambio de paradigma, con el énfasis puesto en el emprendedor y el beneficiario. Y alentó a que el sector del microcrédito vaya más allá de la situación de urgencia para pensarse como herramienta de desarrollo sustentable.

A su turno, Rofman trajo a colación un reciente encuentro académico, impulsado por la Universidad de General Sarmiento, cuyo leitmotiv fue repensar las bases de la economía para su transformación. Señaló la importancia de considerar cómo se financia esa nueva economía, de carácter social y solidaria, y de cómo el crédito se convierte en un soporte básico y catalizador.

El académico dijo que será positiva la reforma a la Ley de Quiebras en el país, de modo de favorecer la recuperación de empresas y fábricas quebradas con la organización solidaria de sus trabajadores.

García, en tanto, ensayó una exposición más regional-global. Propuso pensar hacia dónde va la economía del mundo luego de la crisis del capitalismo en 2008-2009 y la emergencia de nuevos actores globales (mencionó a los países del denominado BRIC).

El economista uruguayo prefiguró una América Latina dinámica en este nuevo marco global, con lo cual la necesidad de financiar el crecimiento se torna crucial. Y en lo que hace a microfinanzas, puso de relieve el retroceso de los países del cono sur en relación a la mayor experiencia adquirida por la región andina, con lo cual, dijo, hay mucho por crecer.

A Rossell le tocó ilustrar la experiencia boliviana, en particular con el caso del Banco de Desarrollo Productivo (BDP). En una breve reseña, dijo que los tres principios que guían el modelo económico boliviano son la equidad, la soberanía económica y la inclusión. En este marco, el BDR busca llegar a segmentos del mercado a los que la industria microfinanciera, aun con su madurez, no ha podido llegar o lo hace con servicios todavía caros.

Precisó que a través de un fideicomiso a micro y pequeños productores el banco destina un fondo de US$ 100 millones para créditos con tasas subsidiadas (6%). Con ello, dijo, se ataca uno de los nudos del problema de financiamiento: el alto costo de las tasas de interés.

Finalmente, Cosentino expuso desde una perspectiva macro. Defendió la estrategia argentina para salir de la crisis, destacando lo que consideró una solidificación a partir de los propios recursos.

De la dimensión financiera, remarcó tres áreas sobre las cuales el gobierno aún tiene mucho por hacer: mejoramiento del sistema financiero tradicional, incremento del financiamiento de la economía social y compromiso con una agenda para el despegue de las microfinanzas.

A modo de cierre del panel, Roura planteó la importancia del sector pyme en la economía argentina. Dijo que de una masa empresaria con alrededor de 650 mil pymes, el 40 por ciento son microempresas, cada vez más competitivas e incluso algunas ya incursionando en mercados internacionales.

Dijo que el sector hoy cuenta con un menú de opciones de financiamiento y resaltó la coherencia entre una política macroeconómica y las políticas micro y sectoriales.

Investigadores premiados

Luego de las exposiciones, el coordinador del área de Capacitación y Fortalecimiento Institucional del Foncap, Oscar Minteguía (también coordinador de la publicación) presentó a cada uno de los investigadores premiados en el concurso, cuyos aportes han quedado materializados en el libro. Ellos son (el ordenamiento sigue un criterio exclusivamente temático):

- Ramón Cieza; María del Carmen Servat; Sergio Dumrauf y Mariana Barros, Facultad de Ciencias Agrarias, Universidad de La Plata: “Microcréditos como herramienta para el desarrollo rural. El caso del Banco Social de la Facultad de Ciencias Agrarias, UNLP”.

- Razzetti, Di Rocco, Tacconi, González, Raggio y Pierini, RED GESOL, Rosario, provincia de Santa Fe: “MicroBan, una experiencia en microcréditos contemplando el desarrollo regional”.

- Carolina Orchansky; Claudia Giner y Claudia Fontanesi, Centro de Comunicación Popular y Asesoramiento Legal (Cecopal), Córdoba: “El fondo de crédito rotatorio. Una experiencia de microfinanzas con mujeres populares de Córdoba”.

- María Laura Lamberto, INTEGRAR, Fundación para el Desarrollo Social; Gálvez, provincia de Santa Fe: “Las microfinanzas como parte de una política sistémica e integral de inclusión social”.

- Gisela Yanina Hidalgo, Obra del Padre Mario Pantaleo, González Catán, provincia de Buenos Aires: “Microcrédito + capacitación = Una fórmula exitosa”.

- Marcela Basterrechea, Vanesa Repetto y Mayra Silva, IMDEL; Instituto de Desarrollo Empresario Bonaerense (IDEB), provincia de Buenos Aires: “Ronda de negocios con crédito direccionado”.

- Susana Álvarez; Lorena Bordón; Romina González y Paula Valeri, organización Sol – Colegas, Consultores Legales Asociados, provincia de Neuquén: “Microcréditos en la economía social, experiencia del Banco Popular de la Buena Fe ‘Sol de otoño’”.

- Marcelo Carlos Romero, Consorcio de Gestión para el Desarrollo Local / Universidad Nacional de Rosario, San Miguel de Tucumán, provincia de Tucumán: “El microcrédito y su aporte a la economía social. Una experiencia de gestión comunitaria. La comunidad india de Quilmes”.

- Gilberto Alegre y Eduardo Pincione, Municipalidad de General Villegas, provincia de Buenos Aires: “El empujón”.

- Pablo Oscar Rodríguez Masena, IMDES La Matanza, provincia de Buenos Aires: “Algunas reflexiones críticas sobre el microcrédito como estrategia de financiamiento de emprendimientos de la economía social desde la experiencia del Banco de Fomento y Desarrollo del IMDES”.

- Verónica Mussio y Pablo Adrián Salvaza, Municipalidad de Rosario, provincia de Santa Fe: “Microfinanzas: un elemento de reducción de la pobreza. Propuesta para la mejor organización del sector en Argentina”.

- Rodolfo Ignacio Beazley y María Vanín, Asociación Civil Mujeres 2000, Buenos Aires: “Propuestas para la evaluación de las microfinanzas en Argentina”.

Parte de los investigadores distinguidos por el Foncap, en La Rural

Referencia

Estrategias de financiamiento inclusivas e integrales. Reflexiones sobre el desarrollo de las microfinanzas en Argentina (Foncap, Concurso de trabajos de investigación, VV.AA, Buenos Aires, 2011)


Publiqué este artículo el 4 de mayo de 2011 en MicroDinero

jueves, 2 de abril de 2015

"Las transferencias condicionadas redujeron la inequidad. Ahora hay que invertir en el sector rural"

Josefina Stubbs recibe una flor de té en la provincia de Misiones,
noreste argentino, durante una visita de campo de la comitiva del FIDA

(foto: Greg Benchwick/FIDA)

(Entrevista realizada en Buenos Aires a Josefina Stubbs, directora de la división de América Latina y el Caribe, del Fondo Internacional para el Desarrollo Agrícola, FIDA, Textos recobrados de MicroDinero)

MicroDinero: ¿Qué expectativas tienen con esta visita a la Argentina?

Josefina Stubbs: En el caso de Argentina tenemos treinta años trabajando, apoyando al sector rural, con muchos éxitos pero también con mucho aprendizaje, buscando cómo apoyar cada vez más al gobierno de Argentina, nuestra contraparte fundamental, y tratar de encontrar las formas de incluir a los pobres rurales en sus políticas públicas, en sus programas. Pero además como una forma de ayudar al país a reducir la pobreza y a reducir la brecha tan enorme de inequidad que existe no tan sólo entre la parte rural y urbana sino, en el caso de Argentina, entre la gran agricultura y la pequeña agricultura del país. Hasta ahora tenemos una cartera de alrededor de cinco proyectos y estamos preparando un nuevo programa, Proderi, que estamos diseñando, es hasta ahora el proyecto más grande que hemos tenido en Argentina, de alrededor de unos US$ 150 millones, con un aporte del FIDA de alrededor de US$ 57 millones. El gobierno argentino va a poner una importante contribución de casi US$ 60 millones, lo cual habla también del compromiso del gobierno por tratar de trabajar los temas de pobreza rural, más una contribución importante de alrededor de US$ 40 millones de otros actores que van a estar participando. Este proyecto se está terminando de diseñar, va a llegar a nuestra junta ejecutiva en septiembre y esperamos que se ponga a funcionar lo más rápido posible.

MD: ¿Este proyecto recoge la experiencia del FIDA en el país en estos treinta años?, ¿agrega algún elemento?, ¿cómo se piensa implementar?

JS: Es un proyecto que recoge los aprendizajes de diferentes tipos. El desarrollo de pequeños productores en el país es esencial y para ese desarrollo es necesario fortalecer sus organizaciones locales, mejorar la productividad, lo que quiere decir en muchos casos transferir tecnologías para que los pequeños productores puedan producir más y mejor, ayudarlos a conectar con los mercados, y me refiero a los mercados locales y regionales. No es suficiente producir: hay que vender. Primero hay que colocar la producción, pero además los habitantes rurales necesitan generar ingresos para poder participar en el mercado.

MD: ¿Y está enfocado en alguna región específica de Argentina?

JS: Los programas de FIDA están orientados a lo que son las provincias más pobres: Chaco, Formosa, Corrientes, Misiones, Tucumán, Salta, Catamarca, es decir, todo el norte, donde hay mayor concentración de pobreza y de pequeños productores en condiciones desfavorecidas. Tenemos otros proyectos que se están enfocando en el sur, todo lo que es la Patagonia, las provincias de Chubut, Neuquén, Río Negro, donde también hay niveles de pobreza importante. Con el nuevo proyecto vamos a seguir actuando en estas provincias para poder construir, de pequeñas cosas que hemos ido haciendo, programas un poco más grandes, más abarcadores.

MD: ¿A cuántos años se ha pensado este proyecto?

JS: Es un proyecto para seis años. Y espero que podamos empezarlo a trabajar muy rápido, porque el desarrollo rural en Argentina, de pequeños productores, no puede esperar más. Nosotros vemos una tendencia como de abandono del campo, por parte de los más pobres y los más pequeños, porque naturalmente su entorno no les garantiza un medio de vida ni suficiente ni sostenible. Una tendencia que queremos ver disminuir. Necesitamos campesinos porque, en Argentina quizás en mejor medida pero en casi todo el continente latinoamericano, el 80 por ciento de los alimentos básicos que consumen los países son producidos por agricultores familiares, por pequeños agricultores. Pero bueno, no sólo se trata de los alimentos. El campo es una cultura, el campo es una manera de vivir. Los bienes y beneficios del campo no son sólo económicos sino también ambientales, culturales, sociales. Y por eso nosotros queremos ayudar a que todo ese capital que existe en el sector rural se pueda seguir aprovechando.

MD: Aquí en Argentina, seguramente debido a la magnitud del territorio, se ha visto al campo como algo asociado a la extensión. Algo que, supongo, se habrá profundizado con la tendencia de los últimos años a la soja, a la concentración de un solo cultivo. De acuerdo al monitoreo que hace el FIDA, ¿eso ha agudizado la problemática de los pequeños agricultores?

JS: Bueno, por eso yo estoy tan contenta con los proyectos que tenemos y con el proyecto grande que va a entrar. Creo que Argentina entiende cada vez más la necesidad de hacer convivir la gran agricultura con la pequeña. Yo creo que la gran agricultura es un problema si se descuida la pequeña agricultura, porque simplemente desplaza. Ahora, si a la pequeña agricultura se le encuentra un lugar, que lo tiene en la producción de alimentos, en el mantenimiento del desarrollo territorial, en lograr mejor acceso a los mercados, en abaratar la comida para la gente local, estaríamos en una situación de ganar-ganar para todo el mundo. Lo que nos ha pasado hasta ahora es que hemos tenido grandes desequilibrios que no han sido buenos para los más pobres.

MD: ¿Se refiere a desequilibrios entre los resultados macroeconómicos y el impacto social?

JS: Desequilibrios de distribución del conocimiento, de acceso a la tecnología, de capacidad productiva, de capacidad organizativa, del manejo del medio ambiente. De todo lo que son los factores que están presentes cuando se apoya a la pequeña agricultura y a las comunidades rurales. En la medida en que eso no se preserve y mejore, probablemente se pierda pues ¿a qué me voy a quedar entonces en el campo?

MD: Usted mencionó el trabajo con organizaciones locales. ¿Qué experiencia tienen y cómo piensan trabajar para lograr mejor anclaje comunitario y local? Pregunto también por el caso de organizaciones de microfinanzas y cooperativas financieras.

JS: Lo primero que tenemos por delante, con el concurso del gobierno, es fortalecer las cooperativas. Existen cooperativas de productores en Argentina, importantes, que hemos visto que, con la asistencia necesaria de recursos, conocimiento, tecnología, de acceso a mercados, pueden funcionar. Hemos tenido experiencia de cooperativas de productores de miel, que están produciendo miel de excelente calidad que llega a los mercados locales. Entonces, fortalecer la organización cooperativa, para comenzar. Y segundo, darles mejor acceso a recursos tecnológicos y financieros. Y ahí tenemos un reto enorme, por dos razones. Primero, porque históricamente la forma de solucionar la falta de recursos en Argentina ha sido la transferencia directa de recursos. Lo que en aquella época se llamaba ‘los subsidios’. Una gran cantidad de recursos que iba en subsidios que no necesariamente te estimula a la creación de un mercado financiero a nivel local, a nivel de las comunidades, de los municipios. Y no es sólo que las comunidades no saben cómo manejar servicios financieros. Es que el sistema bancario de la Argentina todavía no quiere tomarse el riesgo -que yo creo en parte infundado- de trabajar para los pequeños productores. Hemos visto que los pequeños productores, sobre todo cuando son mujeres, son los que mejor pagan, con tasas de mora casi nulas, devuelven a tiempo el recurso, tienen un manejo financiero eficaz. Pero la banca todavía está bajo la impresión de que trabajar para los pequeños campesinos es un alto riesgo. Bien, entonces estamos haciendo algunos experimentos que esperamos poder ampliar en este nuevo proyecto. En uno de los proyectos que tenemos, con una de las cooperativas, se formó un fondo rotatorio importante. Ese fondo rotatorio, que era no reembolsable, se manejó de una manera extraordinariamente eficiente, logró acumular beneficios, el fondo se ha mantenido y, mira si le fue tan bien, que ahora vamos a comenzar a hacer nuevos proyectos y ellos van a poner las ganancias de ese fondo como un fondo de garantía para nuevos recursos. Es una manera de demostrar que son posibles las microfinanzas o bien crear mecanismos financieros del tamaño y con la necesidad de los productores pequeños, porque ellos lo saben hacer.

MD: ¿Y brindando también la posibilidad de movilizar ahorro?

JS: Sin duda, naturalmente, porque siempre hemos tenido por una parte el crédito. Y aunque nos ha ido bastante bien nosotros pensamos que el ahorro es fundamental. No tanto a nivel de las cooperativas como también a nivel de los individuos y del hogar, de la vida doméstica. Y para ese ahorro, lo digo de nuevo, las mujeres son las que han demostrado ser las guardianas principales de los recursos del hogar y de las comunidades. Entonces, estimular al ahorro al mismo tiempo que se encuentran esquemas de crédito. Hay un camino largo por recorrer y las políticas públicas a nivel del sector financiero todavía no han visto que pueden tener una población importante de clientes. En países como Colombia o Perú, hemos trabajado para que el sector financiero -lo cual ha sido el caso- baje lo más cerca posible de las comunidades. Tenemos un proyecto en Perú que en un período de tres años logró traer algunas de las provincias a los bancos privados y se han abierto más de 500 mil cuentas de ahorro.

MD: ¿En qué región del Perú?

JS: Están en el norte del Perú, donde tenemos los proyectos, cerca del altiplano. Son experiencias realmente muy valiosas. En Colombia está pasando lo mismo. Lo que estamos haciendo es asociando el crédito, el ahorro, las transferencias condicionadas y los recursos que vienen de los proyectos, de manera tal que podamos capitalizar, en la medida de lo posible, a los tarjetahabientes de los programas de transferencia condicionada. Estamos tratando de montarnos sobre esos programas para, a través de ahí, hacer los programas de crédito y ahorro para los proyectos comunitarios. Tener cuenta de ahorro, hacer crédito, implica no tan sólo ahorrar. Implica que para abrir una cuenta en un banco usted necesita tener cédula de identidad, que en muchos casos la gente pobre no la tiene. Significa poder entrar a un banco con orgullo, no importa si usted no lleva una chaqueta y una corbata. Pero ha significado además para muchas mujeres convertirse en ciudadanas. La situación de la mujer, en muchos de nuestros países, sobre todo en la zona rural, deja mucho que desear. Y convertirlas en ahorradoras, y tener cuentas de banco, les fortalece su ciudadanía.

MD: Hemos hablado de mujeres. Pregunto también por otros colectivos que se han visto afectados por la crisis y por los procesos de desruralización, como son ciertas minorías étnicas y comunidades originarias en América Latina, ¿allí también tienen algún tipo de experiencia que se pueda rescatar?

JS: Claro, cómo no. Es muy interesante porque la pobreza y la extrema pobreza en América Latina, sobre todo en zonas rurales, tiene sexo (son mujeres), tiene etnia (son grupos étnicos en su mayoría) y tiene color de piel (son indígenas o negros). Quiere decir que para una agencia como el FIDA que trabaja con la gente más pobre hay una coincidencia entre todos estos factores de exclusión y de discriminación con los territorios donde tenemos los programas. En Guatemala, Perú, Bolivia, Ecuador, inclusive aquí en Argentina, en el norte del país, trabajamos con comunidades indígenas, que necesitan una manera diferente de llevar los programas, porque hay un saber ancestral que necesitamos respetarlo y necesitamos hacer acopio de ello para poder ayudar a las comunidades.

MD: Voy a terminar con una pregunta con la que quizás debiera haber empezado la entrevista. ¿Cómo ha afectado la crisis financiera internacional a los pequeños agricultores de América Latina?

JS: En el caso de América Latina, la región pudo acolchonar o sostener, en gran medida, la crisis financiera, comparado con otras regiones donde se produjo una profunda crisis económica. América Latina logró sobrevivir, lo que no quiere decir, sin embargo, que los pobres no hayan sufrido. El precio de los alimentos se ha incrementado de manera significativa, sobre todo porque los grandes productos agrícolas, como el trigo o el maíz, que son fundamentales en la dieta diaria de los más pobres, se han incrementado de manera exponencial. La crisis de los precios del petróleo ha sido tremenda. A veces cuando uno piensa en la crisis de precios, de productos como el maíz, no sólo piensa en la tortilla de México -lo cual ciertamente es el caso-. Tenemos que muchos de los alimentos para animales se producen de los granos que precisamente están tan caros en el mercado: el pollo, el cerdo. Y eso hace naturalmente que el precio de los alimentos aumente y aumente el precio que llega al consumidor. Entonces, para los pobres el aumento del precio del pan, del pollo ha sido muy fuerte. Y precisamente por eso en países como Brasil estamos viendo cómo programas de pequeños productores, de apoyo a la agricultura familiar, han ayudado a los más pobres a sortear el problema de la carestía. ¿Por qué? Porque los productos están mucho más cerca de sus comunidades. Ellos además pueden producir suficiente para poner en el mercado inmediato a sus comunidades y de ahí generar el dinero suficiente para comprar. Así que, si bien es cierto que todas estas crisis han incrementado los precios, también yo siento que, hasta cierto punto, América Latina la ha podido sobrellevar. Creo que ha habido un factor importante y es que, para mi alegría profunda, hace quince años América Latina pensaba que la pobreza rural se combatía con transferencias condicionadas. O sea: invierta sus mejores recursos en los grandes que están listos para vender en el mercado de afuera, haga mucho dinero y luego repártalo de vuelta con transferencias condicionadas de un dólar por día, etc. No, no. Siento que América Latina está entendiendo que eso no es suficiente y que, aunque las transferencias condicionadas han logrado bajar los niveles de inequidad, ahora es necesario invertir en el sector rural. Para poder adquirir seguridad alimentaria, para poder motorizar las regiones rurales -porque ya las ciudades están hasta aquí y no pueden más- para mejorar el tema ambiental, pero también para poder bajar la dependencia de productos importados, como es el caso de los países de Centroamérica y del Caribe. Bajar esta dependencia y no tener que dispensar tantos dólares, sino producirlos en casa.

Publiqué este artículo el 5 de julio de 2011 en MicroDinero

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