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jueves, 23 de abril de 2015

Una vindicación de Muhammad Yunus: En el nombre de Kristof

Nicholas Kristof, periodista y escritor estadounidense
(foto: Judy Watson Tracy)

(Textos recobrados de MicroDinero) La polémica en torno al Grameen Bank, en Bangladesh, sumó un nuevo capítulo y Muhammad Yunus un defensor de fuste. El periodista norteamericano Nicholas Kristof, columnista del The New York Times, ganador de dos premios Pulitzer por sus reportes que han echado luz sobre abusos contra los derechos humanos en Asia y África, acaba de publicar un artículo donde rescata la altura moral de Yunus y denuncia una “campaña orquestada”, fogoneada por el gobierno bangladesí para quedarse con la mayoría accionaria del banco rural de microcrédito fundado por Yunus en 1976.

Las aristas que envuelve esta polémica adquieren inevitable resonancia global. No sólo por el peso global que tiene Yunus sino también -como lo apunta el autor- en el contexto de un proceso de reevaluación que se hace de la industria del microcrédito en su conjunto a partir de la crisis desatada en la India en el segundo semestre del año pasado.

Trasladamos a continuación los conceptos medulares de Kristof en su columna del NYT:

“Están pasando cosas muy extrañas estos días en Bangladesh. Pareciera que hay un ataque desde varias puntas contra el Grameen Bank de Muhammad Yunus, ganador del premio Nobel de la Paz por su rol pionero en microfinanzas”.

“La prensa bangladesí ha estado últimamente llena de denuncias sobre Yunus. Este martes, por ejemplo, una agencia de noticias de Bangladesh citó declaraciones de un economista que dijo: ‘Muchas cosas sobre Yunus son sólo mito. Él nunca ha sido desinteresado en ninguna de sus iniciativas’ (el autor se refiere a un despacho de BDNews 24, que difundió declaraciones del economista y ex presidente de Transparency International Bangladesh, Prof. Muzaffer Ahmed). Mientras tanto, el gobierno bangladesí dispuso una investigación sobre corrupción en el Grameen luego que un documental de la televisión noruega dejara planteada algunas cuestiones, aun cuando el gobierno de Noruega haya dicho que no hay cargos contra el banco. También hubo (falsas) informaciones publicadas que hablan de la renuncia de Yunus o que debería retirarse por razones de edad. Y al parecer la administración de Sheikh Hasina Wazed quiere revisar el régimen de propiedad del Grameen Bank para que el 60 por ciento del banco sea del gobierno (como lo fue en la década del 80, luego reformulado en los términos de propiedad vigentes hasta hoy: 75 por ciento de sus prestatarios, 25 por ciento del gobierno)”.

“Finalmente, un juzgado ha ordenado la comparecencia de Yunus el 18 de enero por cargos de difamación, presumiblemente por afirmar en 2007 que los políticos sólo van detrás del dinero. Podría ser arrestado y llevado a prisión por eso. Y dada la ocasión, si se tratara de una campaña orquestada, el gobierno podría aprovechar para hacerse del banco. En tales condiciones, es dable pensar que la campaña cuenta con la aprobación de la primera ministra Sheikh Hasina. Ella parece haber cambiado su posicionamiento: de antigua partidaria de las microfinanzas, pasó últimamente a denunciar al sector por ‘chupar la sangre de los pobres en nombre de la reducción de la pobreza’”.

“Está claro que el profesor Yunus no está, como cualquier otra persona, por encima de la ley. Él y Grameen ameritan un examen riguroso. Las microfinanzas deben ser debatidas. Pero la campaña actual contra Yunus no me suena genuina, lo mismo que para otros que observan esta cuestión (hablo con gente de tres continentes, sobre todos los aspectos que hacen a esta polémica, pero hay mucho temor de hablarlo abiertamente). No sé exactamente qué es lo que va a ocurrir. Puede ser que el gobierno esté preocupado de que Yunus incursione en la política o que critique a los políticos… y puede que sus críticas se enmarquen en la perspectiva de tomar el control del Grameen, que llega a una de cada tres personas en Bangladesh”.

“Generalmente sostengo en mis columnas, y además lo planteamos con Sheryl WuDunn en nuestro libro Half the Sky, que Bangladesh ha prosperado en las últimas décadas debido a la fuerza de su sociedad civil, especialmente Grameen y la igualmente grandiosa organización BRAC. La gestión del gobierno ha sido francamente decepcionante, pero la sociedad civil ha contribuido a cuenta de importantes ganancias para Bangladesh. Si el gobierno está hoy dispuesto a arrasar contra el sector más sólido del país, que el cielo se apiade de Bangladesh. Y si Yunus es arrestado sobre la base de cargos artificiosos, Bangladesh habrá destruido su credibilidad”.

“Las microfinanzas atraviesan una crisis por estos días, en particular por los problemas suscitados en Andhra Pradesh, India. No hay dudas de que este sector tan exitoso ha atraído la atención de actores indeseables (bad apples). Pero está claro que el Grameen y el Dr. Yunus han producido un enorme impacto en Bangladesh y el mundo. Él ha merecido que lo distingan con el Nobel de la Paz. La comunidad internacional necesita estar segura de que intereses extraños (funny business) en Bangladesh no se devoren uno de los grandes éxitos del desarrollo. En lo que respecta a Sheikh Hasina, ella debería ser clara y contundente en cuanto a que el gobierno continuará con su porcentaje del 25 por ciento en el Grameen y que no intentará incrementarlo”.

“Espero que todo esto no sea más que una tempestad en un vaso de agua. Si no es así, y si el Grameen pasa a ser un banco estatal, sería una catástrofe para toda la gente empobrecida que depende de él. Y si un ganador de premio Nobel puede ser dejado de lado, entonces toda la sociedad civil está en peligro”.

Fuente: Is Bangladesh Trying to Take Over Grameen Bank?, Nicholas Kristof, The New York Times, 5 de enero de 2011


Publiqué este artículo el 6 de enero de 2011 en MicroDinero

"El microcrédito en Bangladesh ha sido utilizado como negocio en tándem con el capital global"

Activista y profesor de la Jahangirnagar University, Anu Muhammad
(foto: Shahidul Alam/Drik/Majority World)

(Textos recobrados de MicroDinero) Anu Muhammad es un renombrado académico bangladesí, de filiación marxista, que se desempeña como profesor en el Departamento de Ciencias Económicas de la Jahangirnagar University, de Dhaka. Además es secretario general del Comité Nacional para la Protección del Petróleo, el Gas, los Recursos Minerales y Puertos. Junto al Comité, cumplió un rol instrumental en el éxito del llamado Phulbari Movement contra la explotación de una mina a cielo abierto por parte de una compañía británica (en 2006). Es autor de más de veinte libros sobre globalización, transformación social y de género, ONGs y energía.

Los siguientes párrafos aparecieron por primera vez en una entrevista realizada por Manoranjan Pegu, publicada en el portal indio Radical Notes. El 28 de diciembre pasado se autorizó su reproducción en el International Journal of Socialist Renewal. Durante la conversación, Anu Muhammad habla sobre la trayectoria político-económica de Bangladesh en el contexto de la globalización capitalista.

Extraemos a continuación parte de esta extensa entrevista, principalmente aquellas opiniones que puedan aportar elementos, desde su visión crítica, al debate actual en Bangladesh -pero de repercusión global- sobre el Grameen Bank y el papel del microcrédito en la lucha contra la pobreza.

“Dentro del sistema capitalista global, Bangladesh puede ser considerada como una economía capitalista periférica. Estamos experimentando un fenómeno donde la situación de países periféricos como Bangladesh se revela de una forma muy diferente a las definiciones estandarizadas. Prácticamente opera bajo un ‘super-estado’, que es el marco de la estructura de poder capitalista global. Las políticas que el gobierno intenta implementar son en gran medida formuladas fuera de la órbita nacional e incluso al margen del conocimiento público. Las políticas se formulan bajo diferentes proyectos apoyados por el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional (FMI), el departamento británico de desarrollo internacional (DFID), la agencia estadounidense de desarrollo internacional (Usaid) y organizaciones de Naciones Unidas. Encontramos la presencia de consultores de estas agencias en cada proyecto y proceso político, respecto a los cuales huelga decir que son favorables a intereses corporativos (…) Estos burócratas, consultores, medios de comunicación y clases dirigentes se han convertido en un pilar fundamental del capital global y tratan de racionalizar el acaparamiento de recursos comunes bajo el término ‘desarrollo’”.

“En 1971, después de la independencia del país, la promesa era diferente. Se esperaba que Bangladesh tomara una ruta diferente hacia el desarrollo. Pero aquella promesa y esperanza sólo se mantuvo por un breve período. Como la posición de los Estados Unidos había sido hostil hacia la guerra de liberación de Bangladesh, la clase política, apenas concretada la independencia, no fue favorable a los intereses norteamericanos. Aquel Banco Mundial y el FMI estaban en una situación inestable. Después de 1973-74, la posición del gobierno comenzó a cambiar, tornándose proclive al gobierno de EE.UU a nivel global y al incremento de riquezas a nivel local. En 1973, el Banco Mundial y el FMI reingresan a la región y las relaciones con el gobierno de Estados Unidos también comienzan a cambiar. Después de 1975, este proceso se fortalece bajo el gobierno militar y se afianza durante la década del ’80 bajo otro régimen militar. Esta década fue muy importante en el establecimiento de la presente dirección económica de Bangladesh. Durante este período, se sincronizaron los programas neoliberales, haciéndose visibles a escala global. Regímenes conservadores estaban en el poder en Gran Bretaña, con Margaret Thatcher, y en Estados Unidos con Ronald Reagan. Todos los neoliberales lograron hacer valer su poder a nivel mundial mediante la agresión militar y/o instituciones financieras. Durante este mismo período, los programas de ajuste estructural elaborados por el Banco Mundial y el FMI se impusieron a las economías periféricas. Bangladesh fue una víctima”.

“En este marco, tenemos que analizar otro fenómeno importante en este período: el sector de las ONGs. El crecimiento de un importante número y red de organizaciones es resultado del fracaso tanto del Estado como del mercado. Las ONGs se hicieron necesarias por el incremento de la pobreza y la desigualdad. Se difundió la creencia de que las ONGs llenarían este vacío y ayudarían a reducir la pobreza y las desigualdades. Después de trabajar por más de tres décadas, hoy está probado que las ONGs fracasaron. Si vemos los números, vemos que hay un deterioro de la pobreza y las desigualdades. En 1995 el porcentaje de gente viviendo bajo la línea de pobreza era del 48% y según reportes del Banco Mundial esa cifra cayó al 40% en 2005, para luego volver a incrementarse hasta el 48% en 2008. Esto significa que la población que vive bajo la línea de pobreza se ha incrementado desde 1995. Sin embargo, un gran número de personas de clase media se involucró con el sector ya como empleados, consultores, proveedores y demás. Muchos referentes de ONGs emergieron como parte de la sección acomodada de la sociedad. Así, los beneficiarios de los programas de reducción de la pobreza, o de microcréditos, etc, no son los pobres sino una parte de la clase media y acaudalada. Con pocas excepciones, la creación de una ONG se transformó en un buen modo de ganar dinero en nombre de los pobres, del medioambiente, de la igualdad de género y/o de los derechos humanos (…). Este crecimiento de las ONGs es también un fenómeno neoliberal, donde las responsabilidades del Estado hacia los ciudadanos se ven rigurosamente reducidas y el mercado asume plena autoridad en cada esfera de la vida. En este modelo, la ONG es un suplemento y un instrumento de la economía de mercado”.

“El microcrédito, en sus diferentes formas, ha sido una práctica de larga data en esta región. El Dr. Muhammad Yunus (Grameen Bank) y Fazle Hasan Abed (Bangladesh Rural Advancement Committe, BRAC) lograron institucionalizarlo y captar la atención global a través de su éxito monetario. Inicialmente, los programas de microcrédito fueron una promesa como paliación de la pobreza; gradualmente sus éxitos mostraron su fuerza en otras áreas. Actualmente, BRAC, Grameen Bank y ASA controlan más del 80 por ciento del mercado de microcrédito. A partir del negocio del microcrédito, estas organizaciones han acumulado un gran capital y han demostrado que el microcrédito puede convertirse en un éxito empresarial. Ellas también se vincularon al capital multinacional. Por caso, la subsidiaria Grameenphone, de Grameen Bank, comenzó sus operaciones en relación al microcrédito, ofreciendo telefonía móvil como producto básico a las prestatarias, a cambio de su pago en cuotas. Su objetivo inicial declarado fue “ayudar a los pobres” y “mitigar la pobreza”, pero ahora Grameenphone se ha convertido en la mayor compañía de Bangladesh, con el 90% de sus usuarios provenientes de sectores urbanos no-pobres. (…) Grameen Bank ha abierto muchos otros negocios, ha desarrollado joint ventures con compañías francesas como Danone y Veolia (una compañía de gestión de servicios de agua), todo en nombre de los pobres. Intel y otras empresas vienen al Grameen Bank para hacer uso de su extensa red de microcrédito. (…) En definitiva, la operación microcrediticia, en su proceso, ha sido exitosamente utilizada como recurso para que grandes negocios se desarrollen en tándem con el capital global”.

“Pero quedan interrogantes: ¿qué fue de los objetivos tan publicitados, por ejemplo, el alivio de la pobreza vía microcrédito? Si uno mira datos duros, compilados por diferentes estudios (no sponsoreados por BRAC o Grameen Bank), se encuentra con que el microcrédito ha generado una nueva trampa de endeudamiento para los pobres. Usted no puede encontrar más de un 5 al 10 por ciento de la gente que pudo cambiar sus condiciones económicas a través del microcrédito. Aquellos que lograron cambiar sus condiciones fueron los que tenían otras fuentes de ingreso (…). Si tomas un crédito, debes cancelarlo mediante cuotas semanales, lo cual significa que debes estar activo, sano y trabajando todo el año, algo que no es posible. De hecho, es imposible para millones de pobres que viven constantemente en condiciones adversas. Si se produce alguna circunstancia desfavorable, se ven obligados a incurrir en mora. Y una vez en mora se crea una cadena, en la que tienes que tomar otro crédito, de otra prestamista/ONG, para lo mismo. El microcrédito vinculó áreas y poblaciones rurales con el mercado, pero lo ha hecho empujándolas a la trampa de una deuda crónica”.

Fuente: 'Development', capitalism, NGOs and people's movements in Bangladesh: an interview with Anu Muhammad, International Journal of Socialist Renewal, 28 de diciembre de 2010.


Publiqué este artículo el 6 de enero de 2011 en MicroDinero

sábado, 11 de abril de 2015

Microcrédito y masificación: El día que Yunus llegó a Los Simpson


(Textos recobrados de MicroDinero) Todos los fans de la serie Los Simpson, por la cadena Fox, vieron el 3 de octubre una lección de microcrédito.

“Microcrédito: pequeña inversión, gran impacto”. No se trata del slogan de una nueva campaña de publicidad sobre el microcrédito sino la cita del episodio de la popular serie animada.

Los habitantes de Springfield tuvieron, en efecto, una lección sobre empresariado social dada por el mismísimo Profesor Yunus, creador del microcrédito, quien hasta prestó su voz para la grabación de los parlamentos de su personaje.

En el comienzo del episodio, Homero decide legar su pequeña herencia a los miembros de la familia: 50 dólares por persona. Una suma que cada uno la tendría que invertir a gusto.

Su hijo Burt, fiel a su caracterización, dilapidó el dinero. Marge, la esposa, se deja tentar por una cartera, mientras que Lisa, la hija, busca invertir la suma en una obra de caridad.

Sin saber qué hacer, ella descubre, navegando por internet, al Grameen Bank de Yunus, y ve que es posible financiar negocios de personas pobres gracias al microcrédito. Hace un recorrido por el mundo, dudando si invertir en Bangladesh, en Bolivia o… en Springfield, a dos pasos de su casa. Y decide, de manera anónima, prestar el dinero a un vecino que va a lanzarse con un pequeño negocio.

La voz de la pequeña Lisa, no casualmente, es la de la actriz Yeardley Smith, activa propagandista de las microfinanzas, que en distintas ocasiones visitó establecimientos del banco bangladesí y tuvo oportunidad de conocer a Yunus.

La serie Los Simpson suele incluir en sus episodios a figuras famosas, por lo general ligadas al espectáculo. La aparición de Yunus en Los Simpson -serie que ya va por su vigésima temporada y es vista por millones de televidentes en todo el mundo- fue celebrada por una industria que busca ingresar en una fase de masificación.

Publiqué este artículo el 13 de octubre de 2010 en MicroDinero

lunes, 6 de abril de 2015

Crisis de liderazgos: ¿Se latinoamericaniza la gestión de la pobreza?


(Textos recobrados de MicroDinero) La foto no tiene ni seis meses.

Yunus, Iskenderian y Akula debaten en Nueva York, en 2010
(foto: Clinton Global Initiative)

Fue durante la última cumbre convocada por la Iniciativa Clinton en Nueva York. Allí estaba el panel de microfinanzas y tres protagonistas estelares: el fundador y director ejecutivo del Grameen Bank, Muhammad Yunus; la presidenta y CEO de la Women’s World Banking (WWB), Mary Ellen Iskenderian y el fundador y CEO de SKS Microfinance, Vikram Akula. Tema en cuestión: la controvertida tendencia de la industria hacia la comercialización.

De esos tres protagonistas, dos ya no son los mismos.

Cuestionados, tocados, sobrepasados por la dinámica voraz de los acontecimientos, Yunus y Akula, aun después de la confrontación polar de modelos que los separó en aquella cita neoyorquina (¿o habrá que decir “como consecuencia de” tal confrontación?) ven diluir hoy su autoridad de pionners y referentes. Akula, tras los escandalosos episodios endilgados a cobradores de microfinancieras de Andhra Pradesh, estado indio donde SKS tiene su sede; Yunus, caído en desgracia por una movida del gobierno bengalí para sacarlo del máximo cargo ejecutivo del Grameen Bank.

India y Bangladesh: ambos países concentran un tercio de los pobres del mundo, según cifras del Banco Mundial.

¿Qué pasó en apenas seis meses? ¿Qué cataclismo hizo que dos de los tres panelistas de septiembre, en uno de los más caracterizados e influyentes foros globales, expongan hoy su credibilidad ante el escrutinio de una comunidad mundial que difícilmente mire con indiferencia presuntos fraudes a costa de los pobres?

A los fines del análisis importa menos la concatenación fáctica que llevó a estos quiebres de autoridad, que los posibles efectos que tales quiebres pueden producir en la construcción de una posición discursiva sobre la pobreza. Es posible que tanto en el caso SKS como en el asunto Grameen el diablo (político) haya metido la cola. Es posible también que la mojigatería mediática haya exacerbado, en uno y otro episodio, el trazo grueso (morboso) de los acontecimientos y haya omitido la consideración fina (técnica) de una operatoria financiera extremadamente sensible y específica.

Pero lo cierto, y no hay que tener demasiada agudeza para observarlo, es que ambos affaires desembocaron en lo mismo: la intervención estatal. ¿Síntoma?, ¿presagio? ¿Van las microfinanzas hacia un modelo más intervencionista y regulador? ¿Vamos hacia una latinoamericanización de la gestión de la pobreza? Por ahora son sólo preguntas disparadoras de hipótesis.

Lo interesante es que la respuesta estatal en Andhra Pradesh y Bangladesh vienen motivadas por factores que podríamos entender como divergentes (aquellas posiciones confrontadas en el debate de septiembre): en un caso los excesos del mercado, en otro caso el hermetismo tecnicista de una operatoria social, si se nos permite cierto esquematismo.

Al fin y al cabo, como ciudadanos occidentales y democráticos que somos, no debería escandalizarnos la intervención y autodeterminación de dos estados republicanos y constitucionales como son la India y Bangladesh, por más suspicacias que despierten. Andhra Pradesh ha creído oportuno oponer una regulación más estricta a prácticas comerciales aberrantes. Bangladesh ha decidido bajar el perfil oenegeista a su banco emblema y dotarlo de un mayor voltaje político. Está por verse (lujo de analistas) cómo se implementan una y otra solución y cómo redefinen el espacio de las microfinanzas en un subcontinente con más de mil millones de pobres.

Nadie restará méritos precursores a Yunus y Akula (al Nobel bengalí seguro lo seguiremos viendo en foros internacionales y acaso ocupando funciones en entidades multilaterales). Pero las caídas concéntricas de ambos en menos de seis meses sugieren, elocuentemente, una crisis de liderazgos que anticipan un nuevo escenario.

Publiqué este artículo el 8 de marzo de 2011 en MicroDinero

martes, 31 de marzo de 2015

Iskenderian: "Tenemos que ser mucho más exigentes en cuanto al tipo de inversores"

Mary Ellen Iskenderian en un evento de la WWB en octubre de 2011 en Nueva York
(foto: Women's World Banking)

(Por Helen Morgan, Textos recobrados de MicroDinero) Mary Ellen Iskenderian, presidente y CEO de Women’s World Banking (WWB), expuso sus puntos de vista sobre el futuro de las microfinanzas luego de la reciente dimisión de Muhammad Yunus al frente del Grameen Bank, pionero en el microcrédito. La ejecutiva habló en una entrevista exclusiva con MicroDinero.

MicroDinero: Tomando en cuenta los problemas políticos de Muhammad Yunus y el Grameen Bank en Bangladesh, y las dificultades experimentadas por el sector microfinanciero en la India luego de la crisis en el estado de Andhra Pradesh, ¿cuál es su opinión acerca de la actual situación de las microfinanzas?

Mary Ellen Iskenderian: Bien, aquellas situaciones han producido definitivamente un cimbronazo en la industria, de manera injusta en ambos casos. En lo que hace al conflicto de Muhammad Yunus con el gobierno, pienso que fue políticamente motivado, expresamente orientado hacia el contexto político de Bangladesh. Es realmente lamentable que haya tenido un efecto de reverberación, porque responde a una circunstancia localizada. Y es particularmente desafortunado que ello ocurra en un país donde uno puede ver los efectos apreciables y notorios que han tenido las microfinanzas. Uno ve allí la penetración sumamente profunda en la población pobre que recibe servicios de microfinanzas y ve hogares que cambiaron ostensiblemente como resultado de aquellas intervenciones.

En Andhra Pradesh, las fuerzas políticas se vieron inquietadas por el modo como crecieron las microfinanzas, en parte porque sus propios programas microfinancieros resultaban menos atractivos como consecuencia del ingreso de jugadores más eficientes y comerciales. Siento que la salida a bolsa de SKS fue el fósforo que encendió el tinglado que había sido dispuesto por el gobierno de AP.

Creo que las recomendaciones del RBI no fueron lo restrictivas y draconianas como habíamos temido. Pienso que tendrán un efecto drástico en el sector, que para muchas IMFs de la India será muy dificultoso mantenerse sustentables sobre la base del modelo impuesto por el RBI. Pero se puede ver el vaso medio vacío o medio lleno. Al fin no fue tan malo como podría haber sido o como las recomendaciones originales del Comité Malegam propugnaban.

En términos generales, creo que una lección importante ha sido que muchos profesionales e instituciones de la red WWB han agudizado su sensibilidad a las interferencias políticas, reconociendo que deben mantenerse en buen trato con los políticos, pero sin dejar que interfieran en sus empresas. Pienso que es muy positivo el hecho de que en la mayoría de los países estemos yendo hacia modelos de microfinanzas más regulados, que puedan moderar interferencias políticas severas. Pero, tú sabes, si el primer ministro quiere interponerse no hay regulador que pueda impedirlo.

Pese a todo, la industria sigue muy fuerte. Estamos asistiendo a tasas de crecimiento pre-crisis en toda nuestra red, con un crecimiento de más del 30%. Pienso que es un crecimiento más controlado que el que podría haberse registrado antes de que todos estos hechos ocurrieran. Pero esta es todavía una industria muy efervescente.

MD: ¿Cree que las informaciones difundidas en los últimos meses contra el Grameen Bank de Bangladesh pueden comprometer la credibilidad de las microfinanzas en el mundo?

MEI: Pienso que está a salvo. En todo caso lo que podría verse amenazado -y no vinculo esto con una crítica al Grameen Bank o al Profesor Yunus- es el modelo de préstamo grupal, de créditos relativamente pequeños. Si comenzamos a ver la promesa de las microfinanzas, y no ya sólo el microcrédito, tendremos allí lo que realmente surge con fuerza. Hay que intentar que se autoricen productos y una gama de servicios de seguro y pensión con precios y modalidades acordes a la población de bajos ingresos; estas personas tienen diferentes comportamientos financieros. Así pues, el viejo modelo de la pequeña línea de crédito que hace cambiar la vida de la mujer emprendedora, creo que ese modelo, definitivamente, se está modificando.

MD: ¿Cuál cree que será finalmente el modelo de negocio de microfinanzas que triunfe? ¿El modelo social sin fines de lucro?, ¿o el modelo con altos retornos para los inversores?

MEI: Creo que es necesario que sea un negocio social. Un modelo de microfinanzas exitoso siempre tomará en consideración su alcance social y su impacto social. Los inversores que buscan altos retornos en microfinanzas pueden hacerlo, hay todavía algunas inversiones extraordinariamente remunerativas. Pero yo espero que ese no sea el modelo al que se apegue la industria y que nos volvamos mucho más exigentes en cuanto al tipo de inversores y sus expectativas en relación con las instituciones microfinancieras. Las instituciones en la red WWB se han vuelto mucho más conscientes en asegurarse un alineamiento de intereses. Que la búsqueda de beneficios, la sustentabilidad y el impacto social vayan por el mismo canal. A mí me gustaría ver multiplicarse la rentabilidad del sector.

MD: ¿Cómo definiría el modelo propuesto por WWB? ¿Cree que sigue ese ejemplo?

MEI: Estamos desde luego intentándolo. Una cosa que nos hemos comprometido en nuestra red es no concebir productos que pongan en riesgo la sustentabilidad. La sustentabilidad está en el corazón de una institución exitosa. Pero también estamos dedicando mucho tiempo y atención a garantizar que los productos diseñados se ajusten a las necesidades de, en nuestro caso, la mujer. La WWB tiene el Centro para el Liderazgo en Microfinanzas, que está abierto a las 200 IMFs mejor rankeadas del mundo, no sólo para las que integran nuestra red, y el modelo de liderazgo que estamos inculcando, junto con la Wharton School, insiste mucho en que los líderes de las instituciones alcancen altos desempeños financieros en equilibrio con la misión social. De modo que se trata de un modelo de liderazgo muy explícito en cuanto a equilibrar ambas cosas.

MD: ¿Piensa que ha habido progresos o contratiempos en los últimos años en relación a la conquista de los derechos de la mujer para tomar iniciativas en la producción económica?

MEI: Creo que hay mucha gente que está bastante frustrada por la falta de progresos y tú puedes ver, cuando analizas indicadores de género en el World Economic Forum o del Banco Mundial, que hay todavía resultados bastante desalentadores en términos de participación económica de la mujer. Entre los Objetivos de Desarrollo del Milenio, aquellos enfocados en la mujer son los que avanzan más lento aun cuando, al mismo tiempo, advierto que hay más atención y conciencia sobre el valor de invertir en muchachas, en mujeres, debido al impacto, al efecto multiplicador que logras, ya que llegas al resto de sus familias o al resto de sus comunidades. Pero me gusta creer que estamos en la antesala del progreso, porque ciertamente la conciencia sobre estas cuestiones es muy grande.

MD: ¿Cómo cree que podría ser afectada la mujer hoy, con la situación actual de la industria?

MEI: Lo que realmente nos preocupa en todo esto de que los gobiernos estarían intentando interferir con el sector microfinanciero, es que las mujeres quedarían a expensas de las mismas opciones, malas y limitadas, que tenían antes del surgimiento de las microfinanzas y muchas se verían obligadas a tomar dinero de créditos caros, de usureros, o con metodologías informales. Estos negocios siempre se han mantenido activos y saludables pese al crecimiento de las microfinanzas y pienso que irían prestos a llenar ese vacío. Tú no puedes en verdad hacer un plan de negocios si tienes un capital caro y limitante, que acabarás por reembolsarlo hasta el fin de los días. Así que creo que se trata de una cuestión de elección. Y lo que a mí particularmente me entusiasma con el desarrollo de las microfinanzas es que verdaderamente abres las opciones financieras de los hogares.

Este artículo se publicó originalmente el 28 de mayo de 2011 en MicroDinero (traducción de Martín Páez Molina)

jueves, 26 de marzo de 2015

Comercialización vs misión: Yunus-Akula

Davidson, Yunus, Iskenderian y Akula durante el debate neoyorquino
(foto: Clinton Global Initiative)

(Textos recobrados de MicroDinero) Para algunos fue “el debate del año” en las microfinanzas. Para otros, con menos espectacularidad, un cruce de modelos que anticipa la tendencia que viene en la industria.

Por un lado el modelo “social” del Grameen Bank, encarnado por Muhammad Yunus; por otro el modelo “comercial”, personificado en Vikram Akula, fundador de la microfinanciera india SKS, que viene de sacudir la bolsa de valores de su país.

Ambos contendientes se enfrentaron este martes en un panel en Nueva York, en ocasión del meeting anual de la Clinton Global Initiative, convocado bajo la consigna “Obteniendo ganancias de los pobres: Una discusión sobre salidas a bolsa (IPOs) en microfinanzas”. También intervinieron Adam Davidson, cofundador de Planet Money, y Mary Ellen Iskenderian, presidenta y CEO de Women’s World Banking (WWB). Pero inevitablemente la tensión dialéctica entre Yunus y Akula fue lo que se siguió con mayor interés y tuvo mayor repercusión.

A continuación, reproducimos un chisporroteante fragmento donde se cruzan Akula y Yunus. Usamos como fuente una blogger de la revista Forbes, Megha Bahree, presente en el debate neoyorquino. Uno más pragmático, otro más principista, ambos protagonistas parecen igualmente asumir cierta posición redentora de las microfinanzas (véase sobre todo las palabras finales del diálogo).  No sólo la traducción, sino además la transcripción escrita de lo que fue un episodio eminentemente oral, hará perder la riqueza de este intercambio. Pero creemos que igual vale la pena como para apreciar la divisoria de aguas que se ha instalado en las microfinanzas globales.

Muhammad Yunus: Lo primero que hay que hacer es definir qué son las microfinanzas. Se trata de un préstamo de dinero a las mujeres más pobres para actividades generadoras de ingreso, sin garantías, para que ellas puedan salir por sí mismas de la pobreza. Si usted cruza esa frontera, entonces use otro término, porque cuando usted usa la palabra ‘microcrédito’ se presta a confusión. Así, los prestamistas tiburones podrían decir que están dando microcréditos. Yo digo: encuentre un nombre para lo que usted hace. Puede llamarlo BOP credit (“crédito para la base de la pirámide”, en inglés).

Vikram Akula: Yo veo a Yunus como un mentor y, al igual que el Grameen Bank, SKS concede microcréditos para actividades generadoras de ingresos, libres de interés. La pregunta es ¿cómo concebir las microfinanzas de modo tal que no se las neguemos a nadie que las necesite? Accediendo a los mercados de capital. Y sí, las microfinanzas comerciales son una herramienta importante para el acceso inclusivo.

Yunus: Yo no me opongo a las ganancias. Grameen Bank es un banco. El tema pasa por la propiedad. Grameen Bank es de las prestatarias y las ganancias van hacia ellas. Nos oponemos a que el dinero de las personas pobres vaya a alguien más; al menos debería haber una regla que restrinja el porcentaje de ganancia que va hacia otros. Nos oponemos a un beneficio excesivo. Si es el 1-2 %, adelante. Vikram dice que, debido a la falta de fondos, él no puede dar dinero a la gente pobre que lo necesita. Nosotros decimos: comencemos por ver al Grameen Bank. Cada sucursal moviliza sus propios depósitos… Vivimos en un océano de dinero. En lugar de apresurarse a ir a los mercados de capital, apuremos al gobierno para demandar una licencia para la apertura de un banco.

Akula: En Bangladesh hay una ley especial del Parlamento que autoriza a tomar depósitos de los prestatarios. Eso no ocurre en la India. Nuestra urgencia es cómo hacer para llegar a toda la gente que necesita ser alcanzada. Los mercados de capital comercial son el único lugar donde tomar esos fondos. En los últimos doce años, SKS ha llegado a 7 millones de clientes, hemos crecido tres veces más rápido que el Grameen Bank. Ampliar la escala, y hacerlo rápido, es muy importante.

Yunus: Muchas sucursales del Grameen Bank disponen de más dinero en ahorros de los prestatarios que de los créditos pendientes. Tener dinero externo desaceleró nuestro modelo.

Akula: Se puede incrementar beneficios empujando el tamaño de los créditos e incrementando las tasas de interés. Pero los oficiales de crédito de SKS no están pensando en el tamaño del crédito; nosotros queremos dar el monto que sea correcto. Lo lógico sería crear un valor para el gran accionista y que la prestataria pueda tomar múltiples créditos para múltiples productos. SKS ha reducido sus tasas de interés de un 36 a un 24% y en el mismo período la tasa de retorno sobre el capital se elevó de un 5 a un 22%. Usted puede lograr, con elegancia, las dos cosas juntas.

Yunus: Los negocios convencionales tienen su propia lógica, no hay manera de sustraerse a eso. Usted queda atrapado por “otros”, los demás accionistas, y esa es la dirección equivocada. El microcrédito debe entenderse como dinero local. Cuando usted toma dinero de afuera, asume los riesgos, la volatilidad. Podrías hacer lobby con el gobierno para obtener una ley como en Bangladesh. El microcrédito no es gente excitada tomando dinero de los pobres, que es lo que usted está haciendo. Ese es un mensaje completamente equivocado.

Akula: Conseguir una licencia bancaria en la India es casi imposible… Teníamos un problema, que era acceder al capital. Fuimos a los mercados y pudimos conseguir el capital. Una mujer que pide un crédito no se preocupa por quién obtiene beneficios. Lo que ella quiere es tomar su crédito. La de usted es una forma moralmente más pura, pero es un camino largo y situándose muy lejos de ayudar a toda la gente que lo necesita.

Yunus: Usted debe entregarse con paciencia y apasionadamente a lo que persigue. Si no lo intenta, nunca va a suceder. En lugar de eso, va a la solución más fácil.

Akula: Con tres mil millones de personas por rescatar, necesitamos más de un enfoque. Yo tomaré su propuesta y presionaré al gobierno. Pero no creo que sea justo hacer que una mujer pobre espere mientras el gobierno cambia sus leyes.

Yunus: Usted no vino a mí. Yo podría haber hecho lobby por usted.


Publiqué este artículo el 24 de septiembre de 2010 en MicroDinero

Nota del Editor: Pocos meses después de este debate, la crisis sectorial de Andhra Pradesh que arrastró a SKS y la imagen esmerilada de Yunus tras su opaco retiro del Grameen Bank no impidieron, sin embargo, que una y otra posición cristalizaran como polos filosóficos en pugna dentro de la industria.

miércoles, 18 de marzo de 2015

Noruega y el caso Grameen: "No hay indicios de malversación"

Erik Solheim, funcionario que tuvo a su cargo explicar la brumosa
situación en la que se sumió el Grameen Bank por la denuncia de un documental.

(Textos recobrados de MicroDinero) La agencia noruega de cooperación para el desarrollo (Norad) dijo que no hay evidencias de malversación de fondos de su gobierno dados al Grameen Bank, de Bangladesh, pero que el banco transfirió la ayuda monetaria a una compañía del grupo, violando acuerdos previos.

Según informó la agencia de noticias bangladesí BDNews24, la Norad presentó este martes un informe al gobierno noruego sobre el apoyo del país al banco fundado por Muhammad Yunus en las décadas del 80 y 90. El ministro de desarrollo internacional y medio ambiente, Erik Solheim, había solicitado ese reporte luego de conocerse, a fines de noviembre, un documental del realizador danés Tom Heinemann, difundido por la televisión nacional noruega, donde se imputó al Grameen Bank la decisión de transferir donaciones a la compañía Grameen Kalyan (una entidad sin fines de lucro pero que opera bajo regulación comercial y está dedicada a la prestación de servicios sociales a clientes y empleados del Grameen Bank).

El reporte de la Norad muestra que Grameen Bank transfirió en 1996 a Kalyan un total de 608,5 millones de coronas (algo más de US$ 101 millones). La parte noruega que correspondía a ese monto es estimado en aproximadamente 170 millones de coronas (US$ 28,3 millones). El resto tenía origen en aportes de otros estados europeos.

Según la agencia bangladesí, la embajada de Noruega en Dakha reaccionó con disgusto al enterarse del desvío de los fondos sin el conocimiento y permiso de los países aportantes.

Solheim, que en principio había dicho que sería “totalmente inaceptable que la ayuda haya sido usada para propósitos diferentes de los buscados”, salió a poner paños fríos: “Según el informe, no hay indicios de que los fondos noruegos hayan sido utilizados para fines no deseados, o que el Grameen Bank haya incurrido en prácticas corruptas o malversación de fondos”.

El ministro agregó, siempre según la versión de BDNews24, que “el asunto llegó a la conclusión cuando se suscribió el acuerdo de reembolso de los fondos (de Kalyan al banco) en mayo de 1998, bajo el gobierno de turno en ese momento”.

El reporte de la Norad, de seis páginas, tiene como título Bestilling fra Utenriksdepartementet av gjennomgang av forhold knyttet til Grameen Bank (“Orden del Ministerio de Asuntos Exteriores de la revisión de los asuntos relacionados con el Grameen Bank”). Está fechado el 6 de diciembre de 2010 y disponible en la página de la agencia (en noruego).

Publiqué este artículo el 8 de diciembre de 2010 en MicroDinero

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La deserción noruega (25 de junio de 2012)

El día que París salió por Yunus


Alrededor de 500 personas se manifestaron pacíficamente en la plaza del Trocadero
(fotos compartidas vía Facebook por Christian De Boissedon y Daniele de Lutzel)

(Textos recobrados de MicroDinero) La convocatoria oficial la hizo la organización African Artists for Development (AAD) y circuló veloz por la red Facebook: centenares de manifestantes se concentraron este miércoles en la Plaza del Trocadero, de París, para expresar su apoyo a Muhammad Yunus y protestar contra la decisión del gobierno de Bangladesh de retirar al Nobel de su cargo de director ejecutivo del Grameen Bank.

La “cadena humana” se congregó en horas del mediodía en los jardines junto a la torre Eiffel, con mucha presencia de jóvenes, inmigrantes bangladesíes, militantes de organizaciones civiles, defensoras de derechos humanos y entidades de microcrédito en Francia. Según calcularon los organizadores, hubo alrededor de 500 manifestantes.

Una de las características más llamativas de la manifestación, según puede verse en las fotos subidas por los protagonistas a Facebook, fue la confección de máscaras con el rostro del fundador del Grameen, hechas por voluntarios de la organización de microcrédito online Babyloan.

Sobresalieron, naturalmente, las pancartas. La mayoría contenían mensajes de apoyo a Yunus y a la autonomía operativa del Grameen Bank: “Justicia para el microcrédito = Justicia para los pobres”; “Nunca se es demasiado viejo si se es Yunus” (una respuesta a los argumentos del gobierno de Dhaka de retirar a Yunus por haber sobrepasado la edad reglamentaria para ejercer su cargo) o “Yunus nos mostró el camino, no hagas que lo abandone” (que en inglés suena musical: “Yunus showed us the way, don`t make him go away”). Otras eran ofensivas hacia el gobierno del país asiático: “Bangladesh se merece algo mejor que políticos sucios”.

Entre algunas de las personalidades presentes en la manifestación se pudo ver a Emmanuel de Lutzel, director de Microfinanzas de BNP Paribas y al emprendedor social y productor Christian De Boissedon, creador del proyecto cinematográfico Yunus Movie Project.

Publiqué este artículo el 16 de marzo de 2011 en MicroDinero

lunes, 9 de marzo de 2015

El Grameen Bank, en la era post-Yunus


(Textos recobrados de MicroDinero) Muhammad Yunus finalmente presentó este jueves su renuncia al cargo de director gerente del Grameen Bank, tras un desgastante conflicto con el gobierno de Bangladesh.

Muhammad Yunus
A través de un comunicado, el Nobel dijo que tomaba esta decisión para evitar mayores trastornos en las actividades del banco y asegurar que ni la dirección ni los ocho millones de miembros y propietarios de la entidad sufran alguna dificultad para el desempeño de sus responsabilidades.

El ministro de Finanzas bangladesí, A. M. A. Muhith, confirmó que la vicedirectora gerente Nurjahan Begum asumirá interinamente la máxima conducción del banco.

Tras ser removido por el banco central de su país, Yunus abrió una instancia judicial argumentando que la decisión de desplazarlo del Grameen era ilegal. Pero el 5 de mayo pasado la corte suprema rechazó definitivamente el recurso de apelación del banquero.

Yunus fundó el banco en 1976 y, siete años después, obtenía su autonomía jurídica. Con el tiempo comenzó a ser mundialmente conocido por su trabajo con el microcrédito y el éxito entre la población más pobre y segregada de Bangladesh. En 2006 llegó el reconocimiento a su fundador, con la obtención del Premio Nobel de la Paz.


Publiqué este artículo el 13 de mayo de 2011 en MicroDinero.

Nota del Editor: La renuncia de Yunus al Grameen Bank estuvo precedida por tironeos políticos y recursos judiciales entre el fundador del banco y el gobierno de Bangladesh, junto a una importante campaña internacional -motorizada principalmente desde Washington- en apoyo al Nobel. La figura de Yunus ya venía desgastada como consecuencia de denuncias, promovidas desde países escandinavos, por supuesto desvío de fondos europeos destinados al llamado Banco de los Pobres. Curiosamente, al día de hoy, la página web del Grameen Bank destaca todavía en su portada el texto de renuncia de Yunus.

lunes, 30 de diciembre de 2013

Microcrédito y "mito-crédito": Variaciones Grameen en Argentina


(Mundo Microfinanzas) Para quien se proponga estudiar las distintas modulaciones que han adoptado las políticas públicas de microfinanzas en América Latina en las últimas décadas, no podrá pasar por alto la experiencia del Banco Popular de la Buena Fe, en Argentina. Una iniciativa que surge desde la sociedad civil tras la crisis de 2001-2002, inmediatamente incorporada como política social del Estado desde 2002 y durante todo el ciclo kirchnerista, de 2003 a la actualidad.

En esa exploración, el libro Microcrédito, relaciones personalizadas, economía y política. El crédito para los pobres, de Bangladesh a la Argentina, del antropólogo e investigador Adrián Koberwein, de la Universidad de Buenos Aires (UBA), emerge como insumo clave.

El enfoque antropológico (y semiológico) del libro -publicado en 2012- ayuda a observar el fenómeno microfinanciero desde una perspectiva poco transitada por los papers que nutren los principales debates de la industria en los últimos años. Allí, si bien se reconoce la condición inherentemente social de las microfinanzas, sigue prevaleciendo un sesgo economicista y de sostenibilidad financiera. En este libro, en cambio, el énfasis está puesto en conceptos como relaciones personales, valor (no en el sentido económico, sino social y político), confianza mutua, comunidad y proyecto (no sólo en el sentido empresarial sino, y sobre todo, político). El libro de Koberwein ayuda a desnaturalizar conceptos que suelen darse como incuestionables, resituándolos en un contexto de extrañamiento y desvelándolos en su carácter de vulgata, de lugar común. Este es quizás el mayor aporte del libro.

“La categoría de crédito, al estar sostenida por valores dominantes, por significados naturalizados, se nos presenta como no problemática. De esta manera, el crédito en sí mismo es bueno o, al menos, moralmente neutro”, dice el autor.

El texto está organizado en dos secciones, una primera que podríamos llamarla “bangladesí”, y una segunda “argentina”. En la primera el autor se luce en su faz de crítico del discurso dominante del microcrédito, erigido a partir de la experiencia pionera de Muhammad Yunus con el Grameen Bank y con un inequívoco centro ideológico: Washington. La segunda contiene el trabajo etnográfico del autor junto a miembros de algunos de los “banquitos” del Banco Popular de la Buena Fe. En mi opinión, la agudeza de la primera parte del libro y la sólida argumentación contra el microcrédito en tanto discurso hegemónico produce, en la segunda parte, un efecto algo decepcionante: el “Banquito”, como variante argentina de Grameen, se lee (el microcrédito es un lenguaje que construye sentidos, propone el autor) como la contradicción de prácticas financieras inspiradas por el mercado. Pero arrogándose una representación de “comunidad” y “Nación” que reclama, en consecuencia, la adhesión a un proyecto político asumido como totalizador (pomposamente, “Proyecto Nacional y Popular”).

Yunus, héroe mítico

El autor comienza por caracterizar lo que llama el “mito de origen” del microcrédito, enmarcándolo en una retórica neoliberal según la cual los microcréditos surgen como alternativa ante el fracaso del Estado por resolver el problema de la pobreza.

“Yunus relata en su biografía cómo logró que el Banco Mundial desembolsara recursos en forma directa hacia su banco, siendo que tradicionalmente es una institución que financia a través de los Estados nacionales”, señala Koberwein.

Yunus es, bajo esta perspectiva, un héroe mítico cuyo proyecto, en aquellos turbulentos años ’70, en Bangladesh, vendría a realizar el deseo neoliberal de suprimir al Estado como actor relevante en la administración de la cuestión social. La crítica se apunta menos al diseño original del proyecto de Yunus que a la ulterior apropiación que de esta experiencia hicieron los grandes jugadores de las finanzas mundiales. La mención del Banco Mundial no es ociosa. Se consigna además la temprana fascinación que el modelo Grameen despertó en Bill y Hillary Clinton, entonces en el gobierno de Arkansas, al promediar los años ’80. Y el apoyo que Yunus recibió de autoridades académicas como Joseph Stiglitz, la iglesia católica, Naciones Unidas, hasta la canonización del Nobel (2006).

Los textos de Yunus son lanzados internacionalmente (el microcrédito pasa a ser un producto “exportable”) al mismo tiempo que se construye esta mistificación y este discurso hegemónico sobre la pobreza. “La hegemonía produce sentido común”, dice el autor, apoyándose en Raymond Williams.

No nos vamos a explayar en el análisis semiológico de Koberwein sobre este corpus de relatos. Baste decir que se trata de “relatos ejemplificadores”, “ni verídicos ni falsos”, con una “unidad de estilo”: son simples, sencillos, incuestionables en su autoevidencia (“Nadie con buen sentido común podría negar que, dada su situación, es más beneficioso para Sufiya tomar un préstamo de Yunus, que tomar dinero de un prestamista usurero”).

Para el autor, hay en estos relatos una similitud invertida con ciertas teorías sobre el desarrollo:

“Si la noción clásica de desarrollo pretende llevar la racionalidad de mercado a los pobres y cambiar sus mentalidades, el microcrédito hace girar esta idea en 180 grados y, en vez de cambiarle la mentalidad a los pobres, propone cambiársela a los banqueros”.

Y luego: “… El mito del crédito como solución a la pobreza está apoyado en un circuito internacional de producción e imposición de ideas innovadoras… un proceso hegemónico”.

Citando a Lamia Karim, profesora de Antropología en la University of Oregon, el investigador argentino señala el interés del capitalismo por hacer del prestatario pobre un consumidor disciplinado:

“A través del microcrédito las personas pobres se han vuelto consumidores de productos de las corporaciones multinacionales, como por ejemplo teléfonos celulares, fertilizantes y pesticidas, cayendo además en la dependencia de estas corporaciones para la provisión de semillas para el cultivo y otros tipos de materias primas para la producción de bienes comerciales y de subsistencia. Según la autora, ni las ONG ni el Banco Grameen son agentes pasivos del capital. Son ‘activos productores de nuevas subjetividades y significados sociales’” (Demystifying Micro-Credit. The Grameen Bank, NGOs and Neoliberalism in Bangladesh, 2008).

Petición de Fe

Pero el libro promete una dialéctica que luego no cumple.

Desde sus primeras páginas, el autor presenta como hipótesis que la articulación de dos lógicas aparentemente contradictorias (la microfinanciera que busca un beneficio económico y la de política social, que propugna valores contrarios a la lógica mercantil) es posible porque la implementación de los microcréditos involucra una tercera lógica, la de las relaciones personalizadas, que juega un papel central en la producción de los derechos y las obligaciones entre prestadores y prestatarios de dinero.

La argentinización del modelo Grameen supondría, así, un experimento que balancea los beneficios del mercado y la promoción del Estado, iniciativa individual y solidaridad, estímulo y regulación, libertad y justicia social. Pero el Banco Popular de la Buena Fe, según lo muestra el libro, no tiene nada de esta síntesis y el componente de las “relaciones personalizadas” ya veremos en qué termina: mero mecanismo de domesticación ideológica, control social y alineamiento político.

“Como en toda versión de algo, hay elementos que se modifican, elementos nuevos y elementos que se mantienen del original”, dice el autor en relación a la adaptación vernácula del original Grameen. Entre lo que se mantiene, Koberwein destaca algunos rasgos formales de la metodología grupal: selección y monitoreo entre prestatarios; entrega escalonada del crédito; posibilidad de renovación con montos progresivamente mayores; cronograma de pagos frecuentes.

La principal innovación del Banquito es la impresionante estructura piramidal y jerárquica que contiene todo el andamiaje financiero. En el vértice superior de la pirámide está la máxima autoridad política del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación (el Estado es regulador y financiador del proyecto) y en su base se asientan los “banquitos” locales, distribuidos en toda la geografía nacional, con sus grupos de prestatarios. En el medio de esta estructura se ubican los referentes provinciales, designados por el gobierno nacional, y los promotores locales que suelen ser miembros de organizaciones de la sociedad civil, partidos políticos afines al gobierno e incluso entidades pastorales como Caritas. Las relaciones entre los estamentos no están exentas de tensiones, como el autor lo muestra en más de un pasaje del libro. Pertenecer al Banquito supone adscribir a una serie de valores y aceptar las pautas del Manual de Trabajo, propuesta metodológica basada en el concepto de “comunidad organizada”, que le fuera inspirada a Perón por el estado mussoliniano, durante la estancia del caudillo argentino como agregado militar en Italia.

El prestatario del Banquito no es un mero emprendedor que accede a un préstamo para poner en marcha su negocio. La idea de “participación” es clave. Explica el autor:

“Para participar hay que ser un buen prestatario, y un buen prestatario es el que participa y, además, se compromete. Se trata de un compromiso que se construye a lo largo del tiempo y que implica, en principio, el compromiso con los compañeros de grupo solidario, con los valores y las pautas culturales del banquito y que luego se transformará en algo más amplio: un compromiso con el proyecto”.

Y luego: “Para recibir un crédito del banquito no sólo hay que presentar un proyecto, sino además sumarse a un Proyecto”.

Los promotores locales, combinando una doble condición de asesor de crédito y animador comunitario, cumplen una función estratégica. Ellos trabajan en el barrio y ven cómo viven y trabajan los prestatarios. Las jornadas de capacitación y reuniones en los centros locales “operan como fuentes de información”. Quién le debe a quién, si pagó o no, para qué se está usando el dinero, etc. A una prestataria de la provincia de Entre Ríos, a la que se le reprochaba no trabajar ni producir, se le llegó a incautar la máquina de coser que había comprado con su primer crédito.

En la visión del Banquito, un prestatario que no participa ni se compromete con la filosofía del proyecto es estigmatizado. Alguien que usó su primer crédito para instalar un aire acondicionado en su casa no merece pertenecer al grupo. Koberwein admite que “hay determinadas formas de usar el dinero que son consideradas como deshonestas en el marco de la lógica del programa, pero que difícilmente lo serían en otros contextos”.

Promotores y prestatarios acaban por conformar redes duraderas de socialización, de las que es difícil sustraerse al control. María, una informante durante el trabajo de etnografía, reconoció al autor que “yo ya terminé de pagar el crédito, pero sigo yendo igual a tomar mate con las amigas que hice en el banquito”.

El libro repite una y otra vez la consigna de la participación y lo que se llama la “vida de centro”. “Si no, el banquito se cae”, se lee recurrentemente, a modo de estribillo del texto. Quien no asiste a las reuniones del centro, quien desaparece, “es potencialmente peligroso porque nadie sabe nada de él”.

Como se dijo, tal adhesión comporta una dimensión política. En rigor, el ciclo del crédito no termina cuando se cancela la deuda: “Quienes comenzaron el ciclo como prestatarios, son luego nominados y fundamentalmente interpelados en tanto emprendedores de ese Proyecto (Nacional y Popular)”.

Tal dimensión se pone de manifiesto en los encuentros provinciales o nacionales, “expresión del igualitarismo y la visibilización de jerarquías”, como señala el autor. Allí abundan teatralizaciones donde los “enemigos” del banquito (los Estados Unidos, el Fondo Monetario Internacional, todo aquél que se oponga al Proyecto Nacional y Popular) son objetos de escarnio y burlas ritualizadas. Los encuentros dan lugar a todo tipo de efusiones: desde las protestas de lealtad al Proyecto, hasta el intercambio de besos y abrazos entre los miembros del grupo, con entonación de canciones prescritas de antemano en un cancionero. Como en la iglesia.

No sorprenden, así, las metáforas religiosas que apunta el autor, sugeridas ya desde el mismo nombre del Banco: “Los encuentros nacionales, tal como los hemos descrito, pueden ser entendidos como una forma de comulgar”. Si hay en este programa algo del orden de la fe, ésta no se reduce sólo al sentido de confianza en la palabra empeñada que propugna su metodología crediticia. Hay que creer -tener buena fe- que todo el entramado institucional-financiero del Banco es la expresión de una integridad moral y política: el pueblo-que-trabaja, la Nación.

Tal asunción no sólo es falaz: también es mistificadora. Si con Yunus teníamos un héroe mítico y un corpus de relatos autoevidentes, detrás de los cuales se encubrían intereses de captura capitalista sobre nuevos consumidores, con el Banco Popular de la Buena Fe tenemos el mito de la comunidad organizada y el relato de una parcialidad política que presume de totalidad. Operación sinecdóquica típicamente peronista, por otra parte.

Pintura de época

El libro es un abordaje antropológico de un programa de microcrédito en Argentina, pero se lo puede leer como más que eso. Creo que es una buena pintura de época, la Argentina de la última década. Seguramente no ha sido algo deliberado, pero es bondad del libro (la posición ideológica del autor parece ser empática con su objeto, si bien el método etnográfico de observación participativa dota al texto de una ambigüedad estructural).

En primer lugar uno ve los dramáticos efectos sociales que dejó en el país el ensayo del neoliberalismo, clausurado con la crisis de 2001-2002. No es difícil imaginar que muchos de los prestatarios del Banco Popular de la Buena Fe son contingentes sociales expulsados por las políticas económicas que dominaron en la década del ’90. Y en segundo lugar uno ve con claridad el ciclo kirchnerista, con sus logros y sus flaquezas. Incluso el pasaje histórico que rodeó la producción del texto es perfectamente legible y coincide con el éxtasis movimientista (la muerte de Néstor Kirchner, en 2010) y el mayor éxito electoral (2011).

El libro deja ver lo bueno de esta última década: la preeminencia de las políticas sociales, el protagonismo del Estado en el diseño de políticas públicas, cierta indocilidad contra lo que se pretende “natural” por parte de los discursos hegemónicos. Pero también deja ver sus extravagancias (la pedagogía populista de Buenos y Malos, ampulosidades retóricas, cierta negatividad rabiosa) e invita a reflexionar sobre las limitaciones de las gestiones de gobierno de los últimos años. Luchar contra la pobreza no es sólo incluir, sino también asegurar condiciones macroeconómicas que permitan el fortalecimiento de un mercado, que alienten la inversión y la generación de riquezas. Algo que el kirchnerismo parece desdeñar.

En tal sentido, el Banco Popular de la Buena Fe que nos presenta el libro de Koberwein no se comprende como la articulación de dos lógicas, la del mercado y la del Estado. Su concepción es la de una fracción política mimetizada con el Estado, mimetizada con la Nación. Y el sujeto que presupone es un sujeto “interpelado”, domesticado, vigilado, auto-fascinado en su relato, estigmatizado ante el menor signo de insubordinación. Cuando en verdad una política pública de microfinanzas, si es consecuente en su afán de contribuir a la lucha contra la pobreza, presupone individuos autónomos, que puedan desplegar libre y plenamente todas sus capacidades.

Referencia

Microcrédito, relaciones personalizadas, economía y política. El crédito para los pobres, de Bangladesh a la Argentina (por Adrián Koberwein, Editorial Antropofagia, 2012, Buenos Aires)

Otras obras del autor

El microcrédito como política social y como proyecto político. Confianza, participación y compromiso en el Banco Popular de la Buena Fe (en co-autoría con Samanta Doudtchitzky, Editorial Antropofagia, 2010, Buenos Aires)

El mito del crédito para los pobres: el mito-crédito. Análisis de la producción de una ‘nueva’ forma para erradicar la pobreza (Instituto de Ciencias Antropológicas, Facultad de Filosofía y Letras, UBA, 2011)