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Este blog de microfinanzas comenzó a actualizarse el 1 de febrero de 2008 y se cerró el 30 de noviembre de 2015.
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jueves, 23 de abril de 2015

Una vindicación de Muhammad Yunus: En el nombre de Kristof

Nicholas Kristof, periodista y escritor estadounidense
(foto: Judy Watson Tracy)

(Textos recobrados de MicroDinero) La polémica en torno al Grameen Bank, en Bangladesh, sumó un nuevo capítulo y Muhammad Yunus un defensor de fuste. El periodista norteamericano Nicholas Kristof, columnista del The New York Times, ganador de dos premios Pulitzer por sus reportes que han echado luz sobre abusos contra los derechos humanos en Asia y África, acaba de publicar un artículo donde rescata la altura moral de Yunus y denuncia una “campaña orquestada”, fogoneada por el gobierno bangladesí para quedarse con la mayoría accionaria del banco rural de microcrédito fundado por Yunus en 1976.

Las aristas que envuelve esta polémica adquieren inevitable resonancia global. No sólo por el peso global que tiene Yunus sino también -como lo apunta el autor- en el contexto de un proceso de reevaluación que se hace de la industria del microcrédito en su conjunto a partir de la crisis desatada en la India en el segundo semestre del año pasado.

Trasladamos a continuación los conceptos medulares de Kristof en su columna del NYT:

“Están pasando cosas muy extrañas estos días en Bangladesh. Pareciera que hay un ataque desde varias puntas contra el Grameen Bank de Muhammad Yunus, ganador del premio Nobel de la Paz por su rol pionero en microfinanzas”.

“La prensa bangladesí ha estado últimamente llena de denuncias sobre Yunus. Este martes, por ejemplo, una agencia de noticias de Bangladesh citó declaraciones de un economista que dijo: ‘Muchas cosas sobre Yunus son sólo mito. Él nunca ha sido desinteresado en ninguna de sus iniciativas’ (el autor se refiere a un despacho de BDNews 24, que difundió declaraciones del economista y ex presidente de Transparency International Bangladesh, Prof. Muzaffer Ahmed). Mientras tanto, el gobierno bangladesí dispuso una investigación sobre corrupción en el Grameen luego que un documental de la televisión noruega dejara planteada algunas cuestiones, aun cuando el gobierno de Noruega haya dicho que no hay cargos contra el banco. También hubo (falsas) informaciones publicadas que hablan de la renuncia de Yunus o que debería retirarse por razones de edad. Y al parecer la administración de Sheikh Hasina Wazed quiere revisar el régimen de propiedad del Grameen Bank para que el 60 por ciento del banco sea del gobierno (como lo fue en la década del 80, luego reformulado en los términos de propiedad vigentes hasta hoy: 75 por ciento de sus prestatarios, 25 por ciento del gobierno)”.

“Finalmente, un juzgado ha ordenado la comparecencia de Yunus el 18 de enero por cargos de difamación, presumiblemente por afirmar en 2007 que los políticos sólo van detrás del dinero. Podría ser arrestado y llevado a prisión por eso. Y dada la ocasión, si se tratara de una campaña orquestada, el gobierno podría aprovechar para hacerse del banco. En tales condiciones, es dable pensar que la campaña cuenta con la aprobación de la primera ministra Sheikh Hasina. Ella parece haber cambiado su posicionamiento: de antigua partidaria de las microfinanzas, pasó últimamente a denunciar al sector por ‘chupar la sangre de los pobres en nombre de la reducción de la pobreza’”.

“Está claro que el profesor Yunus no está, como cualquier otra persona, por encima de la ley. Él y Grameen ameritan un examen riguroso. Las microfinanzas deben ser debatidas. Pero la campaña actual contra Yunus no me suena genuina, lo mismo que para otros que observan esta cuestión (hablo con gente de tres continentes, sobre todos los aspectos que hacen a esta polémica, pero hay mucho temor de hablarlo abiertamente). No sé exactamente qué es lo que va a ocurrir. Puede ser que el gobierno esté preocupado de que Yunus incursione en la política o que critique a los políticos… y puede que sus críticas se enmarquen en la perspectiva de tomar el control del Grameen, que llega a una de cada tres personas en Bangladesh”.

“Generalmente sostengo en mis columnas, y además lo planteamos con Sheryl WuDunn en nuestro libro Half the Sky, que Bangladesh ha prosperado en las últimas décadas debido a la fuerza de su sociedad civil, especialmente Grameen y la igualmente grandiosa organización BRAC. La gestión del gobierno ha sido francamente decepcionante, pero la sociedad civil ha contribuido a cuenta de importantes ganancias para Bangladesh. Si el gobierno está hoy dispuesto a arrasar contra el sector más sólido del país, que el cielo se apiade de Bangladesh. Y si Yunus es arrestado sobre la base de cargos artificiosos, Bangladesh habrá destruido su credibilidad”.

“Las microfinanzas atraviesan una crisis por estos días, en particular por los problemas suscitados en Andhra Pradesh, India. No hay dudas de que este sector tan exitoso ha atraído la atención de actores indeseables (bad apples). Pero está claro que el Grameen y el Dr. Yunus han producido un enorme impacto en Bangladesh y el mundo. Él ha merecido que lo distingan con el Nobel de la Paz. La comunidad internacional necesita estar segura de que intereses extraños (funny business) en Bangladesh no se devoren uno de los grandes éxitos del desarrollo. En lo que respecta a Sheikh Hasina, ella debería ser clara y contundente en cuanto a que el gobierno continuará con su porcentaje del 25 por ciento en el Grameen y que no intentará incrementarlo”.

“Espero que todo esto no sea más que una tempestad en un vaso de agua. Si no es así, y si el Grameen pasa a ser un banco estatal, sería una catástrofe para toda la gente empobrecida que depende de él. Y si un ganador de premio Nobel puede ser dejado de lado, entonces toda la sociedad civil está en peligro”.

Fuente: Is Bangladesh Trying to Take Over Grameen Bank?, Nicholas Kristof, The New York Times, 5 de enero de 2011


Publiqué este artículo el 6 de enero de 2011 en MicroDinero

"El microcrédito en Bangladesh ha sido utilizado como negocio en tándem con el capital global"

Activista y profesor de la Jahangirnagar University, Anu Muhammad
(foto: Shahidul Alam/Drik/Majority World)

(Textos recobrados de MicroDinero) Anu Muhammad es un renombrado académico bangladesí, de filiación marxista, que se desempeña como profesor en el Departamento de Ciencias Económicas de la Jahangirnagar University, de Dhaka. Además es secretario general del Comité Nacional para la Protección del Petróleo, el Gas, los Recursos Minerales y Puertos. Junto al Comité, cumplió un rol instrumental en el éxito del llamado Phulbari Movement contra la explotación de una mina a cielo abierto por parte de una compañía británica (en 2006). Es autor de más de veinte libros sobre globalización, transformación social y de género, ONGs y energía.

Los siguientes párrafos aparecieron por primera vez en una entrevista realizada por Manoranjan Pegu, publicada en el portal indio Radical Notes. El 28 de diciembre pasado se autorizó su reproducción en el International Journal of Socialist Renewal. Durante la conversación, Anu Muhammad habla sobre la trayectoria político-económica de Bangladesh en el contexto de la globalización capitalista.

Extraemos a continuación parte de esta extensa entrevista, principalmente aquellas opiniones que puedan aportar elementos, desde su visión crítica, al debate actual en Bangladesh -pero de repercusión global- sobre el Grameen Bank y el papel del microcrédito en la lucha contra la pobreza.

“Dentro del sistema capitalista global, Bangladesh puede ser considerada como una economía capitalista periférica. Estamos experimentando un fenómeno donde la situación de países periféricos como Bangladesh se revela de una forma muy diferente a las definiciones estandarizadas. Prácticamente opera bajo un ‘super-estado’, que es el marco de la estructura de poder capitalista global. Las políticas que el gobierno intenta implementar son en gran medida formuladas fuera de la órbita nacional e incluso al margen del conocimiento público. Las políticas se formulan bajo diferentes proyectos apoyados por el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional (FMI), el departamento británico de desarrollo internacional (DFID), la agencia estadounidense de desarrollo internacional (Usaid) y organizaciones de Naciones Unidas. Encontramos la presencia de consultores de estas agencias en cada proyecto y proceso político, respecto a los cuales huelga decir que son favorables a intereses corporativos (…) Estos burócratas, consultores, medios de comunicación y clases dirigentes se han convertido en un pilar fundamental del capital global y tratan de racionalizar el acaparamiento de recursos comunes bajo el término ‘desarrollo’”.

“En 1971, después de la independencia del país, la promesa era diferente. Se esperaba que Bangladesh tomara una ruta diferente hacia el desarrollo. Pero aquella promesa y esperanza sólo se mantuvo por un breve período. Como la posición de los Estados Unidos había sido hostil hacia la guerra de liberación de Bangladesh, la clase política, apenas concretada la independencia, no fue favorable a los intereses norteamericanos. Aquel Banco Mundial y el FMI estaban en una situación inestable. Después de 1973-74, la posición del gobierno comenzó a cambiar, tornándose proclive al gobierno de EE.UU a nivel global y al incremento de riquezas a nivel local. En 1973, el Banco Mundial y el FMI reingresan a la región y las relaciones con el gobierno de Estados Unidos también comienzan a cambiar. Después de 1975, este proceso se fortalece bajo el gobierno militar y se afianza durante la década del ’80 bajo otro régimen militar. Esta década fue muy importante en el establecimiento de la presente dirección económica de Bangladesh. Durante este período, se sincronizaron los programas neoliberales, haciéndose visibles a escala global. Regímenes conservadores estaban en el poder en Gran Bretaña, con Margaret Thatcher, y en Estados Unidos con Ronald Reagan. Todos los neoliberales lograron hacer valer su poder a nivel mundial mediante la agresión militar y/o instituciones financieras. Durante este mismo período, los programas de ajuste estructural elaborados por el Banco Mundial y el FMI se impusieron a las economías periféricas. Bangladesh fue una víctima”.

“En este marco, tenemos que analizar otro fenómeno importante en este período: el sector de las ONGs. El crecimiento de un importante número y red de organizaciones es resultado del fracaso tanto del Estado como del mercado. Las ONGs se hicieron necesarias por el incremento de la pobreza y la desigualdad. Se difundió la creencia de que las ONGs llenarían este vacío y ayudarían a reducir la pobreza y las desigualdades. Después de trabajar por más de tres décadas, hoy está probado que las ONGs fracasaron. Si vemos los números, vemos que hay un deterioro de la pobreza y las desigualdades. En 1995 el porcentaje de gente viviendo bajo la línea de pobreza era del 48% y según reportes del Banco Mundial esa cifra cayó al 40% en 2005, para luego volver a incrementarse hasta el 48% en 2008. Esto significa que la población que vive bajo la línea de pobreza se ha incrementado desde 1995. Sin embargo, un gran número de personas de clase media se involucró con el sector ya como empleados, consultores, proveedores y demás. Muchos referentes de ONGs emergieron como parte de la sección acomodada de la sociedad. Así, los beneficiarios de los programas de reducción de la pobreza, o de microcréditos, etc, no son los pobres sino una parte de la clase media y acaudalada. Con pocas excepciones, la creación de una ONG se transformó en un buen modo de ganar dinero en nombre de los pobres, del medioambiente, de la igualdad de género y/o de los derechos humanos (…). Este crecimiento de las ONGs es también un fenómeno neoliberal, donde las responsabilidades del Estado hacia los ciudadanos se ven rigurosamente reducidas y el mercado asume plena autoridad en cada esfera de la vida. En este modelo, la ONG es un suplemento y un instrumento de la economía de mercado”.

“El microcrédito, en sus diferentes formas, ha sido una práctica de larga data en esta región. El Dr. Muhammad Yunus (Grameen Bank) y Fazle Hasan Abed (Bangladesh Rural Advancement Committe, BRAC) lograron institucionalizarlo y captar la atención global a través de su éxito monetario. Inicialmente, los programas de microcrédito fueron una promesa como paliación de la pobreza; gradualmente sus éxitos mostraron su fuerza en otras áreas. Actualmente, BRAC, Grameen Bank y ASA controlan más del 80 por ciento del mercado de microcrédito. A partir del negocio del microcrédito, estas organizaciones han acumulado un gran capital y han demostrado que el microcrédito puede convertirse en un éxito empresarial. Ellas también se vincularon al capital multinacional. Por caso, la subsidiaria Grameenphone, de Grameen Bank, comenzó sus operaciones en relación al microcrédito, ofreciendo telefonía móvil como producto básico a las prestatarias, a cambio de su pago en cuotas. Su objetivo inicial declarado fue “ayudar a los pobres” y “mitigar la pobreza”, pero ahora Grameenphone se ha convertido en la mayor compañía de Bangladesh, con el 90% de sus usuarios provenientes de sectores urbanos no-pobres. (…) Grameen Bank ha abierto muchos otros negocios, ha desarrollado joint ventures con compañías francesas como Danone y Veolia (una compañía de gestión de servicios de agua), todo en nombre de los pobres. Intel y otras empresas vienen al Grameen Bank para hacer uso de su extensa red de microcrédito. (…) En definitiva, la operación microcrediticia, en su proceso, ha sido exitosamente utilizada como recurso para que grandes negocios se desarrollen en tándem con el capital global”.

“Pero quedan interrogantes: ¿qué fue de los objetivos tan publicitados, por ejemplo, el alivio de la pobreza vía microcrédito? Si uno mira datos duros, compilados por diferentes estudios (no sponsoreados por BRAC o Grameen Bank), se encuentra con que el microcrédito ha generado una nueva trampa de endeudamiento para los pobres. Usted no puede encontrar más de un 5 al 10 por ciento de la gente que pudo cambiar sus condiciones económicas a través del microcrédito. Aquellos que lograron cambiar sus condiciones fueron los que tenían otras fuentes de ingreso (…). Si tomas un crédito, debes cancelarlo mediante cuotas semanales, lo cual significa que debes estar activo, sano y trabajando todo el año, algo que no es posible. De hecho, es imposible para millones de pobres que viven constantemente en condiciones adversas. Si se produce alguna circunstancia desfavorable, se ven obligados a incurrir en mora. Y una vez en mora se crea una cadena, en la que tienes que tomar otro crédito, de otra prestamista/ONG, para lo mismo. El microcrédito vinculó áreas y poblaciones rurales con el mercado, pero lo ha hecho empujándolas a la trampa de una deuda crónica”.

Fuente: 'Development', capitalism, NGOs and people's movements in Bangladesh: an interview with Anu Muhammad, International Journal of Socialist Renewal, 28 de diciembre de 2010.


Publiqué este artículo el 6 de enero de 2011 en MicroDinero

miércoles, 22 de abril de 2015

Sobre los topes a las utilidades en microfinanzas


(Textos recobrados de MicroDinero) En consonancia con el paper del CGAP difundido esta semana -firmado por los expertos Greg Chen, Stephen Rasmussen, Xavier Reille y Daniel Rozas y titulado Indian Microfinance Goes Public- la analista Eva Pereira, desde un blog de la revista norteamericana Forbes, evaluó el giro que está tomando la industria microfinanciera global, ostensiblemente expuesto con la oferta pública inicial (IPO) de SKS en la bolsa de la India.

Eva Pereira
Así como los consultores del CGAP consideran que la comercialización de SKS marca una “transición crítica”, Pereira propone, desde el título de su artículo, un reexamen de la misión que tradicionalmente se le asignó a las microfinanzas como respuesta a las necesidades de financiación de los pobres (Re-Examining The Microfinance Mission: Should Interest Rates Be Capped?).

El artículo parte de la cuestión de las tasas de interés (¿es necesario fijarles un tope?, se pregunta el título). Y el disparador de la pregunta, según explicita la autora, fue un panel realizado el 14 de septiembre, organizado por el Microfinance Club de Nueva York (MFCNY), en el que procuraron responder al interrogante cuatro especialistas provenientes de al menos dos campos bien diferenciados: Camilla Nestor, vicepresidente de programas de microfinanzas de Grameen Foundation, y Chuck Waterfield, CEO y presidente de MFTransparency, en representación de organizaciones sin fines de lucro, por un lado; y Brian Cox, CEO de MFX Solutions y Michael Edberg, director de inversiones en MicroVest Capital Management, representando los intereses comerciales de las microfinanzas, por otro.

Pereira introduce el artículo mencionando que el debate ético sobre las super-ganancias a partir de créditos a los pobres se agudiza a partir del éxito rotundo de la IPO de SKS, la mayor microfinanciera de la India, que recaudó US$ 358 millones de inversores institucionales e independientes. Originalmente lanzada como organización sin fines de lucro, la firma fundada por el indo-estadounidense Vikram Akula fue ampliando su escala y tamaño hasta adoptar el modelo comercial.

La mayor preocupación que despierta esta tendencia viene, naturalmente, de quienes están enfocados a la misión social de las microfinanzas, una actividad desarrollada como respuesta al mainstream financiero, que falló en la provisión de finanzas a los pobres.

Desde la perspectiva de las ONGs, señala la autora del artículo, los modelos for-profit han venido a pervertir el movimiento microfinanciero. Las altas tasas de interés son percibidas en dirección opuesta a la filosofía original establecida por Muhammad Yunus en Bangladesh, en la década del ’70. Consideran que las empresas ponen los intereses de los accionistas por encima de sus clientes. Argumentan también que los créditos a este segmento considerado no bancarizado (o mejor, no bancarizable) debido a los lugares geográficos remotos donde vive o por su estado de pobreza, son repelidos bajo este modelo rentístico. Como consecuencia de las expectativas de rédito de los inversores, las compañías pondrán foco en prestatarios establecidos en mercados consolidados antes que invertir en la expansión de las fronteras microfinancieras hacia las regiones sub-asistidas y más riesgosas. Una preocupación adicional se refiere a la falta de un cuerpo regulatorio para la industria que demande transparencia, monitoree prácticas de crédito abusivas y asegure educación financiera. Hasta ahí los argumentos de la rama “fundacional”, principista de las microfinanzas.

El sector for-profit de la industria adopta otra postura. Ellos arguyen que las altas tasas de interés se justifican, ya que permiten una operación sostenible, capaz de alcanzar escala más fácilmente que el modelo sin fines de lucro. También sostienen que las tasas, vistas en el contexto de la región que se sirve, son más bajas que las cargadas por prestamistas informales. Tasas más altas además incrementan los márgenes de ganancia que atraen a inversores y, eventualmente, a competidores. Su argumento es que hay un fondo significativamente más importante de dinero disponible entre inversores que buscan retornos, que entre donantes indiferentes a la rentabilidad. Finalmente, afirman que con márgenes incrementados, las compañías de microfinanzas pueden reinvertir en el desarrollo de nuevos productos, atendiendo a una miríada de necesidades de la población pobre.

Así se plantean los dos modelos en el artículo de Pereira.

La autora refiere luego a los orígenes de la industria. La historia del Grameen Bank en Bangladesh dando créditos a unos 7,5 millones de personas, con activos por US$ 1.000 millones. El caso de ACCION en Recife, Brasil, convertida hoy en una organización sin fines de lucro que sirve a 8 millones de clientes en todo el mundo, desembolsando un total de US$ 31 mil millones en microcréditos.

Pero aquello que nació imbuido de una razón eminentemente social, se desarrolló a través de los años. El movimiento ha devenido global, estimándose que hay 10 mil instituciones de microfinanzas en todo el mundo. Desde los ’70, habrían emergido tres tipos de modelos de inversión en microfinanzas, explica la autora:

- Fondos de desarrollo de microfinanzas: operan como non-profits, buscando retorno social sobre sus créditos;

- Fondos de inversión en microfinanzas con objetivo dual: buscan tanto retornos sociales como financieros , conocidos como “double bottom line”;

- Fondos comerciales: el paso final en la evolución de la industria.

¿Deben ponerse topes a las tasas?

Luego de esta introducción histórico-analítica, la autora se enfoca en la cuestión de las tasas de interés. Se trata, afirma, de un dilema moral que está afrontando la industria. Desde el ingreso de prestamistas comerciales, los modelos basados en donantes han criticado las altas tasas que cobran estos nuevos actores. Sumado a ello, han encontrado particularmente controvertible la generación de beneficios a partir de las emisiones a bolsa, como la de SKS.

Pero recuerda que fue un banco mexicano el primer caso testigo para analizar esta cuestión: Banco Compartamos. Originalmente concebido como sin fines de lucro, en 1990, una década después adoptó el modelo for-profit, en un esfuerzo por ampliar su escala. En 2007 se estableció como banco de microfinanzas que cotiza en bolsa, llegando a recaudar US$ 458 millones. Según recuerda Pereira, cuando se supo que al mismo tiempo que lanzaba su IPO Compartamos cargaba los créditos con un interés anual de alrededor del 86%, más de uno acusó a la entidad de usuraria. La operación mereció de parte de Yunus, y los considerados “fundadores” del microcrédito, ásperas invectivas.

Sin embargo, matiza la analista de Forbes, cuando uno ve el contexto del mercado mexicano, las tasas de Compartamos demuestran ser más bajas que los estándares de préstamo locales, que llegan hasta cobrar tasas del 175%. Desde la IPO de 2007, agrega, las tasas de interés del banco han ido continuamente en baja, reflejando una combinación de competencia creciente y eficiencia estructural.

Conclusiones

La autora concluye que, si bien la preocupación por las tasas de interés en microfinanzas comerciales es legítima, su rol en la industria es algo importante. Los prestamistas que buscan beneficios permitirán a la industria elevar la escala, para lo cual se recurre a los mercados de capital global. Un documento del Deutsche Bank -cita- revela que sólo una fracción de la demanda global de microcréditos está asistida. Se estima que mientras el monto actual de microcréditos roza los US$ 25 mil millones, otros 250 mil millones adicionales serían necesarios en orden a satisfacer la demanda global. Los prestamistas comerciales proveen acceso a vastos fondos de capital que no pueden ser equiparados por los modelos basados en donantes. Adicionalmente, el éxito de prestamistas comerciales atraerá a competidores, que eventualmente presionarán por una baja en las tasas de interés.

Finalmente, Pereira destaca el problema de la transparencia. Mirando hacia adelante, la transparencia tendrá que asumir un rol importante en la industria, a fin de conservar la confianza entre quienes estén a ambos lados de la ecuación. Sea a través de mecanismos de auto-regulación, o bien a través de marcos regulatorios, la transparencia -crucial para mantener la integridad de la industria- tiene que ser rigurosamente cumplida.

Publiqué este artículo el 2 de octubre de 2010 en MicroDinero


Nota del Editor: La referencia para el documento del CGAP mencionado, en español, es Las microfinanzas indias salen a cotización: la oferta pública inicial de SKS (CGAP, Enfoques Nº 65, por Greg Chen, Stephen Rasmussen, Xavier Reille y Daniel Rozas, Septiembre de 2010, Washington DC)

lunes, 20 de abril de 2015

"¿Están ustedes ayudando a los pobres o los están perjudicando?"


(Textos recobrados de MicroDinero) “Microfinanzas: ¿Hay realmente una crisis?” fue el tópico de un seminario en línea de 90 minutos presentado por LocalVoice4Development.org (LV4D), una organización dedicada a la reducción de la pobreza en el mundo.

Bob Bragar
El fundador de esta organización holandesa y moderador del debate, Bob Bragar, consultor independiente y asesor en inversiones de impacto con más de quince años de experiencia, planteó la cuestión a un grupo de panelistas provenientes de regiones claves para el movimiento microfinanciero, como son Asia del sur, América Latina, África y Europa del este.

A partir de una serie de clips de reportes de la BBC cuestionando la efectividad de las microfinanzas, Bragar abrió el debate a los panelistas disparando a boca de jarro: “¿Están ustedes ayudando a los pobres o los están perjudicando?”.

Sanjay Sinha, de la India, fue el primer orador. Fundador de la firma M-CRIL (Microcredit Rating International), Sinha es licenciado en Ciencias Económicas por la Oxford University y miembro del grupo asesor de Naciones Unidas en Sectores Financieros Inclusivos.

“Creo que hay una crisis. Hay ciertamente un problema y el problema necesita ser atendido”, dijo Sinha. Describió la situación en algunos puntos de la India, como el estado de Andhra Pradesh, que cayó en una crisis debido a un crecimiento explosivo y una relajación de los controles en los créditos.

Dijo que crisis similares tuvieron lugar en otros países en desarrollo, como Bangladesh, Camboya y Nepal, pero que las instituciones microfinancieras continuamente negaron el problema.

“No hay aún un entorno internacional sólido como para que las IMFs se centren en las necesidades financieras de los clientes y no sólo en lograr un número de clientes o el tamaño de su portafolio. Esto en microfinanzas es de una enorme irracionalidad que ha conducido a esta crisis”.

Sinha fue seguido por el peruano Luis Felipe Derteano, presidente del Grupo ACP, uno de los más importantes grupos inversores en microfinanzas de América Latina con presencia en diez países de la región.

Derteano explicó que a diferencia de la más circunscripta crisis de la India, descripta por Sinha, América Latina experimentó un tipo de crisis derivada de factores externos como la crisis económica mundial.

Gobierno sólido, mayor protección al cliente, enfoque orientado a la triple base personas-planeta-beneficios y empresas basadas en servir a la economía real son algunas de las claves para mantener al sector a flote, explicó. Además enfatizó en la importancia de entender las culturas locales.

“Hay que aprender a respetar las realidades de cada país. Tienes que ser muy mexicano en México, muy boliviano en Bolivia, muy argentino en Argentina”, señaló el directivo.

La sudafricana Zenele Mbeki, presidenta ejecutiva de Women’s Development Business Trust y directora de WDB Investment Holdings, habló sobre la situación en su país, que ya pasó por una legislación significativa en los últimos años con la Ley de Microcrédito de 2007. La ley promueve el crédito limpio, transparente, competitivo, sustentable y accesible y protege a los consumidores.

Damian von Stauffenberg, fundador y presidente de MicroRate, respondió a Mbeki, argumentando que “las microfinanzas en Sudáfrica pueden haber sido amadas hasta la muerte por el gobierno. El gobierno intentó apoyar al microcrédito, pero hasta el punto de la gestión, de cómo debe darse un microcrédito. Con lo cual se privó al microcrédito de su elemento empresarial, algo absolutamente esencial para que sea exitoso”, dijo.

Mikhail Mamuta, presidente del Centro Ruso de Microfinanzas, habló a continuación. Describió un país con un sector microfinanciero subdesarrollado pero en rápido crecimiento, que se ha recuperado completamente de los daños ocurridos durante la crisis económica global en 2008.

“Para responder la cuestión de si hay una crisis aquí en Rusia, yo diría que ahora no. Pero la industria de las microfinanzas estuvo en crisis dos años cuando sucedió la crisis económica global. La principal razón no fue de la propia industria microfinanciera. Estamos todavía en una situación donde las microfinanzas están menos desarrolladas que lo que se necesita”, dijo Mamuta.

Von Stauffenberg dio la presentación final del webinar, hablando más en general sobre la percepción de la crisis. El ex directivo del Banco Mundial sostuvo que mientras ciertas regiones han experimentado crisis, las microfinanzas en su conjunto no están en un estado de crisis y todavía sigue siendo viable como arma para la lucha contra la pobreza.

“Yo no pienso que haya una crisis per se. Una crisis de las microfinanzas cuestionaría su validez como herramienta para luchar contra la pobreza. Algo así pondría en entredicho su derecho a existir, y si no es efectiva, si no funciona, estamos en problemas. Esto no se da en todo lo que vemos, muy por el contrario. Lo que vemos son crisis en países aislados”, dijo el experto alemán.

Si bien reconoció la realidad de las crisis en Marruecos (2007), Bosnia (2008), Nicaragua (2009) y la India (2010), arguyó que estas crisis fueron incidentes aislados ocasionados por un crecimiento excesivo, de más del 100% anual en muchos casos. Las microfinanzas, dijo, no tienen una falla de principios sino que pueden fallar dadas circunstancias extremas.

Von Stauffenberg puso la situación en perspectiva. Dijo: “Lo que se ha presentado aquí puede hundir a cualquier institución financiera. No se trata de si se presta a un pobre a un ultra rico. Si creces demasiado rápido, si no conoces a tu prestatario, si no conoces especialmente las condiciones financieras de los prestatarios, tarde o temprano la realidad hablará por sí misma y tú estarás encaminándote a un problema, y eso es exactamente lo que sucedió”.

240 miembros de la audiencia en representación de 127 organizaciones y 40 países asistieron al semanario en línea de LV4D. Inversores en microfinanzas, ejecutores de políticas y académicos se encontraron entre los participantes.


Publiqué este artículo el 9 de octubre de 2011 en MicroDinero

miércoles, 15 de abril de 2015

Inclusión financiera y exclusión social: Paradoja a la española

Mini-plenaria en Valladolid 2011, con actores de las microfinanzas de España
(foto: MicroDinero)

(Textos recobrados de MicroDinero) ¿Qué modelo microfinanciero adoptar para favorecer el acceso a las oportunidades en España?

La pregunta dio pie a una de las mini-plenarias de la “pista española” en la reciente Cumbre Mundial del Microcrédito, en Valladolid. Presidida por el director general de la Fundación Instituto de Crédito Oficial (ICO), Carlos Álvarez, la mesa se integró con Nazrul Chowdhury, asesor de la Fundación ICO y Carmen Pérez Sánchez, responsable de Economía Social y Microcréditos de CajaSol (ambos autores del paper en cuestión), con la participación de los panelistas Ana Gorostegui (Fundación Tomillo), Marcelo Abbad (Fundación Intervida) y Carlos Balado García (Confederación Española de Cajas de Ahorro, CECA).

A guisa de contextualización, Pérez Sánchez abrió el debate planteando algunas reflexiones sobre exclusión social y exclusión financiera y de lo que en principio aparecería como una contradicción, a saber: un escenario donde prácticamente la mitad de la población española sufre algún grado de exclusión social pero sólo un mínimo porcentaje (1,3%) no tiene acceso a ningún producto financiero.

Los datos son de 2008, anteriores a la crisis económica y financiera internacional. La directiva de Cajasol ofreció datos tomados del VI Informe sobre Exclusión y Desarrollo Social, de la fundación española FOESSA, y de la Encuesta de Condiciones de Vida en España (ECV), operación estadística anual de hogares que se hace en todos los países de la Unión Europea.

De acuerdo con el Informe, casi un 48% de la población española está “totalmente incluida”. La otra mitad se distribuye entre los “semi-incluidos” (35,3%), “exclusión compensada” (11,9%) y “exclusión severa” (5,3%, segmento que debería ser considerado como de verdadera pobreza). El sentido que se da al concepto de “exclusión social” aquí es amplio, va más allá de una falta de oportunidades económicas y apunta a otro tipo de privaciones que tienen que ver con la cohesión social-familiar y de participación político-ciudadana.

Al cruzar los datos del Informe con los de la ECV en lo que concierne a inclusión financiera, se ve que en un mismo año coexiste, por un lado, un alto grado de exclusión social, y por otro, un porcentaje abrumador (98,7%) de hogares españoles que disponían de algún producto de ahorro y un porcentaje elevado (63,1%) que tenía habilitada al menos una tarjeta de crédito. Pérez Sánchez concluyó en las consecuencias que esta situación habría llevado ante el actual sobre-endeudamiento y la necesidad de una adecuada educación financiera.

A su turno, Chowdhury se refirió a su experiencia como introductor del “modelo Grameen” en España, en su carácter de asesor de la Fundación ICO y como impulsor de algunos proyectos piloto que se desarrollan desde hace algo más de tres años (uno de los cuales, en Andalucía, junto a Cajasol).

Chowdhury dijo que, si bien no es viable la posibilidad de que en España se implante el modelo del Grameen Bank tal como surgió en Bangladesh, sí en cambio se puede aplicar una filosofía (lo que llamó la “dimensión moral” del microcrédito) y parte de su metodología. El microcrédito debe llegar a los más pobres de los pobres, su concesión debe hacerse sin aval ni garantías, basado en la confianza mutua y con un beneficio financiero que alcance para la sostenibilidad del programa.

Pérez Sánchez retomó la palabra para comentar el piloto Grameen que están desarrollando en Sevilla, concentrado en dos colectivos: inmigrantes y mujeres muy vulnerables (víctimas de la violencia, de abusos sexuales, etnias gitanas y madres solteras).

Un papel estratégico en esta implementación es el que cumplen las Entidades Sociales de Apoyo al Microcrédito (ESAM), como puentes para llegar a estas poblaciones más necesitadas, destacó la economista de Cajasol. Y sobre los grupos de microcréditos, dijo que se concretan reuniones quincenales pero que, marcando algunos matices con Bangladesh, los préstamos son individuales, aunque solicitados y aprobados en el seno del grupo. El grupo no opera como garante sino como base primaria de cohesión social.

Posteriormente, en los breves minutos que dispusieron, los panelistas ofrecieron alguna perspectiva o mirada sobre la cuestión.

Discusiones bizantinas

Abbad hizo una crítica de lo que consideró como diez años de discusiones bizantinas, sin concreciones por parte del movimiento del microcrédito, tanto en España como a nivel global. Y dijo que en la Cumbre de Valladolid se mezclaron al menos cinco segmentos: los que trabajan para la base de la pirámide; los que trabajan para la inclusión financiera; los que trabajan para quienes están de paro; los que trabajan para emprendedores y los que trabajan para microempresas.

“No debemos mezclar metodologías… Podríamos hacer cinco cumbres distintas”, llamó la atención el director general de Intervida.

Por su parte, Gorostegui propuso una mirada más orientada hacia lo que podríamos llamar la “psicología del emprendedor”. Deberíamos empezar por una formación emprendedora desde la escuela, educación financiera y coaching a emprendedores, instó la directora del Área Emprendimiento de Fundación Tomillo, mencionando en tal sentido la experiencia de Valnalón, en Asturias.

Consideró valioso el avance hacia una plataforma que integre la información del sector en España, como la iniciativa desarrollada por la Fundación Nantik Lum, y destacó la necesidad de generar confianza entre la entidad financiera, las ESAM y el emprendedor (así como la confianza del emprendedor consigo mismo).

Finalmente, Balado García expuso desde la óptica de las cajas de ahorro agrupadas en CECA y dijo que la inversión social es tan beneficiosa como la inversión económica, pudiendo incluso ser más rentable que la económica en términos de generación de riqueza e impacto en el PIB.

Desde 2005, precisó, las cajas concretaron un total de 707 operaciones de microcrédito, con un promedio de 11 mil euros y un volumen total de 7,8 millones de euros, con una tasa promedio del 4,33%. La finalidad que buscan estos financiamientos se concentra mayormente en autoempleo (56,29%) y necesidades familiares (26,93%), al tiempo que los inmigrantes y los jóvenes desempleados son los sectores más activos en el rubro (45,70% y 25%, respectivamente).

La “pista española” aprovechó la instancia que abrió Valladolid para profundizar un debate que postula a las microfinanzas como actor clave en el crítico escenario económico y social de los próximos años.

Referencia

Microfinanzas para la inclusión social y financiera: modelos para asegurar que nadie sea excluido del acceso a oportunidades (Cumbre Mundial del Microcrédito, por Nazrul I. Chowdhury y Cármen Pérez Sánchez, Fundación ICO y Cajasol, Valladolid, 2011)


Publiqué este artículo el 13 de diciembre de 2011 en MicroDinero

lunes, 13 de abril de 2015

Muhammad Yunus, profeta fuera de su tierra

El fundador del Grameen Bank en una visita a Milán, en 2010
(foto: Giuseppe Nicoloro)

(Textos recobrados de MicroDinero) A tal grado de tirantez ha llegado la relación entre el gobierno de Bangladesh y el profesor Muhammad Yunus, que la noticia del desplazamiento del fundador del Grameen de su puesto como máxima autoridad ejecutiva del banco recorre el mundo y enardece a un movimiento globalizado de simpatizantes y seguidores del “banquero de los pobres”.

Desde la secretaria de Estado del gobierno norteamericano hasta los miles de ignotos fans de las redes sociales, Yunus ha concitado en los últimos años una corriente de adhesión mundial que incluye a encumbrados formadores de opinión, políticos y financistas, influyentes líderes de la sociedad civil, académicos, defensores de derechos humanos, activistas sociales, empresarios y filántropos de diferentes extracciones y procedencias. En Europa acaba de constituirse la sociedad Friends of Grameen, presidida por la ex jefa de estado de Irlanda Mary Robinson, decidida a asumir la defensa de Yunus y la no injerencia del gobierno bengalí en el mítico banco de microcréditos, fundado en 1976 por un entonces treintañero profesor de Economía, a cargo de un programa rural en la universidad de Chittagong.

Una primera cuestión: ¿Por qué el mundo se abroquela en defensa de una figura que, como parecen sugerir las últimas noticias desde Dhaka, está próxima a ser jubilada por contiendas y rencillas locales en Bangladesh?

Visto así, desde fuera, el relato parece convincente: un líder social de gran popularidad, de reconocimiento mundial, ganador de un premio Nobel y una veintena de honoris causa, es víctima de la política institucionalizada de su país, que lo ve como un incómodo competidor -incluso desestabilizador- a cargo de un banco que detenta el botín de más de ocho millones de clientes, según informa el mismo banco desde su página.

Desde luego que este tipo de lucubraciones pasan por la cabeza de más de un dirigente del partido actualmente en el gobierno en Bangladesh, encabezado por la primera ministra Sheikh Hasina. Pero equivocaríamos el camino si es que confiamos en la transparencia de este relato de víctimas y victimarios, de buenos y malos. En tal sentido, convendría reparar en las circunstancias históricas que hacen posible este entramado global de apoyo a una figura que siempre se vio asociada a una idea heterodoxa, “crítica” del capitalismo.

En efecto, la emergencia de la crisis financiera de las subprime en 2007-2008, y los remedios fuertemente intervencionistas pergeñados desde Washington, marcó un quiebre histórico de acumulación que había llegado a un punto de especulación paroxístico: lo que se conoció como el estallido de la burbuja de los créditos hipotecarios en los Estados Unidos. En tales condiciones, discursos en pos de un capitalismo humanizado, responsable, autocontrolado y enfocado a lo social pasaron a nutrir argumentaciones y guiar políticas desde los más conspicuos núcleos de poder económico (gobiernos, bancos multilaterales, cierto establishment empresario y ONGs internacionales, con mucho peso en la orientación, gestión y ejecución de inversiones en países pobres). El mensaje de Yunus por un “nuevo capitalismo” y a favor del social business (por tomar los títulos de sus dos últimos libros) cuajó fértil en este terreno y contribuyó a enrostrar a los mercados los catastróficos efectos sociales a que puede llevar una espiral especulativa y un afán de lucro desenfrenado. El debate que ha ocupado a las microfinanzas en los últimos meses se centra básicamente en esta inflexión.

Esto no desmerece a Yunus ni a quienes adhieren a su prédica (Yunus se ha ganado con justicia su lugar como referente en la inclusión de los pobres a la economía). Se trata de ver la conexión dialéctica entre un tipo de discurso, corporizado en una personalidad carismática y con aires de “gurú”, como es Yunus, y el contexto histórico de una economía que se debate por pervivir en medio de una inusitada debacle.


Publiqué este artículo el 2 de marzo de 2011 en MicroDinero

martes, 7 de abril de 2015

Microfinanzas en la casa de cristal: Transparencia, comercialización y ética

Chuck Waterfield, creador de MFTransparency, en Valladolid 2011
(foto: MicroDinero)

(Textos recobrados de MicroDinero) La Cumbre del Microcrédito, en Valladolid, ha coincidido con un punto de inflexión en el devenir moderno de las microfinanzas, encaminadas hacia la comercialización.

En el contexto de la Cumbre, el CEO y fundador de la organización estadounidense Microfinance Transparency (MFT), Chuck Waterfield, presentó para el debate el documento ¿Alcanza con la transparencia? ¿Qué es justo y ético en cuanto a las tasas de interés en microfinanzas? (original en inglés).

A continuación ofrecemos una versión en español sobre el modo como el autor presenta el tema. Interesa ver no sólo el objeto al que apunta (las tasas de interés en cuestión), sino también su estilo socrático y dialógico para provocar la discusión.

“¿Qué hace de las microfinanzas algo único?”, comienza preguntándose Waterfield.

Se trata de una pregunta importante para discutir hacia el interior de la industria y a la vez para ver cómo se articulan las microfinanzas con el afuera de la industria: ¿cuánto han hecho las microfinanzas que sea verdaderamente único?; ¿qué nos hace diferentes de lo hecho anteriormente a través del tiempo, desde que se adoptara la moneda como medio de intercambio? ¿Y cómo mantener estos aspectos únicos y evitar caer en caminos trillados que, al revisar la historia de los préstamos a los pobres, se nos vuelven patentes?

Los préstamos a los pobres, ¿siempre han sido brindados a precios justos y éticos? Por cierto que no.

Así pues, ¿no estamos obligados a investigar si nuestros precios son justos y éticos? Sin una definición, no tendremos medios para distinguir entre lo que hacemos en la industria y lo que ocurrió antes de nosotros.

Comercialización responsable

Fundamental para esta discusión es indagar cuántos de nosotros aceptamos el argumento de que las microfinanzas deben convertirse en una actividad comercial.

Examinaremos, pues, las implicancias de la comercialización. Conceder créditos a los pobres ha sido siempre una actividad comercial, que en general ha concitado el rechazo del conjunto de la sociedad. Si estamos decididos a transitar hacia la comercialización, ¿cómo hacerlo sin volvernos indistinguibles de los usureros modernos? Necesitamos definir y monitorear las distinciones entre microfinanzas y el prestamismo (moneylending), de modo de poder mantener tales distinciones (los énfasis son de Waterfield).

Sin el acuerdo y el establecimiento de estándares, la sola comercialización en la “Base de la Pirámide” probablemente haga lo que siempre hizo: que aquellos con poder y dinero se aprovechen de la situación de los pobres. Que los pobres sigan siendo pobres, o terminen incluso siendo más pobres.

En los últimos cinco años, hemos ido velozmente hacia la comercialización sin tomar los recaudos necesarios de articular una definición de “comercialización responsable”. Necesitamos definiciones claras, necesitamos prácticas claras por las cuales podamos hacernos responsables de mantenerlas, necesitamos líneas que distingan microfinanzas de prestamismo, necesitamos una mejor comprensión de los problemas y las realidades de las microfinanzas, necesitamos transparencia antes que opacidad.

La opacidad conviene a las empresas que quieren maximizar sus ganancias. La opacidad permite al poderoso empuñar más poder aún. La transparencia despeja la niebla y sitúa a una IMF en una casa de cristal. Permite que el mundo vea qué estás haciendo, y por qué lo haces, y tus comportamientos y decisiones cambiarán en consecuencia.

Referencia

Is Transparency Enough? What is Fair and Ethical When it Comes to Prices in Microfinance? (por Chuck Waterfield, paper presentado para la discusión en la Cumbre del Microcrédito 2011, en Valladolid, Microcredit Summit Campaign).

Publiqué este artículo el 20 de diciembre de 2011 en MicroDinero


MFTransparency
Nota del Editor: Con fecha 30 de marzo de 2015, Chuck Waterfield sacudió a la industria con el anuncio de que su organización, creada en julio de 2008, “ha muerto”. De ahora en más, MFTransparency no seguirá recolectando datos sobre precios de las microfinanzas a nivel global. Si bien Waterfield alienta a las IMFs a seguir trabajando en pos de la transparencia, su carta de despedida recrimina a la industria por no profundizar en tales esfuerzos. “La industria debe hacer un trabajo mucho mejor de evaluación (judging) de los datos sobre precios, no sólo de recopilación (collecting). La sola transparencia nunca ha sido realmente la meta final”. Tras destacar los avances logrados en los últimos años en materia de reporte e incorporación de recolección de datos en prácticas de due diligence de financiadores y redes internacionales, Waterfield cierra así su comunicación: “Los profesionales y actores de las microfinanzas son conscientes hoy de la importancia de una fijación ética y transparente de los precios, pudiendo ahora contribuir a garantizar que se convierta en algo estandarizado para la industria. Pero los cambios verdaderos no vienen del conocimiento sino de la acción. Todos y cada uno de los actores de las microfinanzas tienen la capacidad de pasar a la acción para hacer de los precios justos una realidad. MFT nunca fue la solución al problema; la solución al problema son las acciones dispuestas por todas y cada una de las instituciones. Así que nuestro consejo de despedida, en resumidas cuentas, se puede expresar en tres palabras: Es vuestro turno”.

lunes, 6 de abril de 2015

Crisis de liderazgos: ¿Se latinoamericaniza la gestión de la pobreza?


(Textos recobrados de MicroDinero) La foto no tiene ni seis meses.

Yunus, Iskenderian y Akula debaten en Nueva York, en 2010
(foto: Clinton Global Initiative)

Fue durante la última cumbre convocada por la Iniciativa Clinton en Nueva York. Allí estaba el panel de microfinanzas y tres protagonistas estelares: el fundador y director ejecutivo del Grameen Bank, Muhammad Yunus; la presidenta y CEO de la Women’s World Banking (WWB), Mary Ellen Iskenderian y el fundador y CEO de SKS Microfinance, Vikram Akula. Tema en cuestión: la controvertida tendencia de la industria hacia la comercialización.

De esos tres protagonistas, dos ya no son los mismos.

Cuestionados, tocados, sobrepasados por la dinámica voraz de los acontecimientos, Yunus y Akula, aun después de la confrontación polar de modelos que los separó en aquella cita neoyorquina (¿o habrá que decir “como consecuencia de” tal confrontación?) ven diluir hoy su autoridad de pionners y referentes. Akula, tras los escandalosos episodios endilgados a cobradores de microfinancieras de Andhra Pradesh, estado indio donde SKS tiene su sede; Yunus, caído en desgracia por una movida del gobierno bengalí para sacarlo del máximo cargo ejecutivo del Grameen Bank.

India y Bangladesh: ambos países concentran un tercio de los pobres del mundo, según cifras del Banco Mundial.

¿Qué pasó en apenas seis meses? ¿Qué cataclismo hizo que dos de los tres panelistas de septiembre, en uno de los más caracterizados e influyentes foros globales, expongan hoy su credibilidad ante el escrutinio de una comunidad mundial que difícilmente mire con indiferencia presuntos fraudes a costa de los pobres?

A los fines del análisis importa menos la concatenación fáctica que llevó a estos quiebres de autoridad, que los posibles efectos que tales quiebres pueden producir en la construcción de una posición discursiva sobre la pobreza. Es posible que tanto en el caso SKS como en el asunto Grameen el diablo (político) haya metido la cola. Es posible también que la mojigatería mediática haya exacerbado, en uno y otro episodio, el trazo grueso (morboso) de los acontecimientos y haya omitido la consideración fina (técnica) de una operatoria financiera extremadamente sensible y específica.

Pero lo cierto, y no hay que tener demasiada agudeza para observarlo, es que ambos affaires desembocaron en lo mismo: la intervención estatal. ¿Síntoma?, ¿presagio? ¿Van las microfinanzas hacia un modelo más intervencionista y regulador? ¿Vamos hacia una latinoamericanización de la gestión de la pobreza? Por ahora son sólo preguntas disparadoras de hipótesis.

Lo interesante es que la respuesta estatal en Andhra Pradesh y Bangladesh vienen motivadas por factores que podríamos entender como divergentes (aquellas posiciones confrontadas en el debate de septiembre): en un caso los excesos del mercado, en otro caso el hermetismo tecnicista de una operatoria social, si se nos permite cierto esquematismo.

Al fin y al cabo, como ciudadanos occidentales y democráticos que somos, no debería escandalizarnos la intervención y autodeterminación de dos estados republicanos y constitucionales como son la India y Bangladesh, por más suspicacias que despierten. Andhra Pradesh ha creído oportuno oponer una regulación más estricta a prácticas comerciales aberrantes. Bangladesh ha decidido bajar el perfil oenegeista a su banco emblema y dotarlo de un mayor voltaje político. Está por verse (lujo de analistas) cómo se implementan una y otra solución y cómo redefinen el espacio de las microfinanzas en un subcontinente con más de mil millones de pobres.

Nadie restará méritos precursores a Yunus y Akula (al Nobel bengalí seguro lo seguiremos viendo en foros internacionales y acaso ocupando funciones en entidades multilaterales). Pero las caídas concéntricas de ambos en menos de seis meses sugieren, elocuentemente, una crisis de liderazgos que anticipan un nuevo escenario.

Publiqué este artículo el 8 de marzo de 2011 en MicroDinero