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jueves, 31 de diciembre de 2009

Tsunami: Grameen Foundation también estuvo

Alex Counts en 2007 junto a clientes microfinancieros en Banda Aceh
(foto: Grameen Foundation)

(Mundo Microfinanzas) Grameen Foundation anunció que ha concedido más de 2,2 millones de dólares en microcréditos a mujeres indonesias afectadas por el ciclo fatídico de tsunamis que barrieron esta nación insular hace cinco años.

Los créditos se distribuyeron entre más de 16 mil mujeres en Banda Aceh, la región más duramente golpeada por el maremoto, según la organización, y fueron pensados para ayudar a la mujer acehenesa y sus familias a emprender negocios nuevos y sustentables.

“La escala de devastación y sufrimiento fue aplastante, pero sabemos que las microfinanzas han cumplido un rol crucial en la recuperación económica de largo término para familias y comunidades”, dijo el presidente de la fundación (con sede en Washington), Alex Counts.

Grameen dirigió los préstamos en asociación con la institución microfinanciera indonesia Mitra Dhuafa y con respaldo financiero de numerosas compañías e organizaciones sin fines de lucro, que incluyen Cruz Roja y Media Luna Roja, Nokia, Deutsche Bank Americas Foundation y la empresa de servicios financieros y de transporte saudita Abdul Latif Jameel Group.

Banda Aceh, una de las regiones más pobres de Indonesia, tenía poca actividad microfinanciera antes de que comenzaran los primeros programas con víctimas del tsunami en 2005. Las actividades de Grameen Foundation en este país se volcaron también, en consecuencia, hacia la provisión de asistencia técnica y consolidación de un staff para firmas de microcréditos locales.

“Nuestro objetivo fue dar a la gente de Banda Aceh acceso a recursos financieros que ellos necesitaban para reanimar sus vidas y la economía local”, explicó Counts.

Cerca de 230 mil personas en trece países con costas sobre el océano Índico murieron como consecuencia del cataclismo ocurrido el 26 de diciembre de 2004. Se estima que 166 mil de esas víctimas, residían en la provincia indonesia de Aceh.

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Tsunami, cinco años después (26 de diciembre de 2009)

sábado, 26 de diciembre de 2009

Tsunami, cinco años después


Relevamiento de ecosistema en Hambantota, costa sudeste de Sri Lanka,
devastada por el tsunami en 2004

(foto: International Water Management Institute)

(Mundo Microfinanzas) Fue una ola gigante que a 200 kilómetros por hora barrió y destruyó todo a su paso. El tsunami del 26 de diciembre de 2004 mató a más 230 mil personas, afectando a casi todos los países con costas sobre el Océano Indico, en particular Indonesia, Sri Lanka, Tailandia y Maldivias.

A cinco años del desastre, y según cifras de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE, con base en París), se ha movilizado un total estimado de 11 mil millones de euros en ayuda económica administrados por ONGs.

Un total cercano a 1,7 millones de personas quedaron sin techo. Sólo en Sri Lanka, el país más afectado después de Indonesia, el tsunami dejó a más de medio millón de personas sin vivienda. La mayor parte del dinero proveniente de ayuda económica se ha destinado a reconstruir casas, escuelas y pueblos enteros. Los programas de microcrédito han estado a la orden del día.

Recogemos algunos conceptos de dos de los diversos artículos periodísticos que, en distintos medios, se han publicado en los últimos días a propósito del quinto aniversario de este devastador terremoto submarino (tsunami se construye a partir del vocablo japonés tsu, que equivale a "puerto" o "bahía", y nami, que significa "ola").

Para Al Panico, jefe de la unidad Tsunami de la Cruz Roja/Media Luna Internacional (ICRC), “es difícil creer que han pasado cinco años de aquel horroroso y fatídico día de diciembre de 2004, cuando más de 226 mil vidas se perdieron en unas pocas horas” (el tusnami se extendió durante siete horas, desde la una a las ocho de la mañana, hora local).

“Yo llegué como voluntario a la Cruz Roja siendo estudiante universitario en 1972 después de uno de los peores huracanes en los Estados Unidos y desde entonces he trabajado en un centenar de escenarios de desastre en docenas de países en las Américas, África, Asia y Europa del este. Pero ninguno de ellos me preparó lo suficiente para la escala y complejidad de las secuelas del tsunami”, evoca en un artículo publicado en la versión en inglés de Al Jazeera.

Asegura que lo primero que se preguntaron, al llegar a Sri Lanka, fue cómo irían a arreglarse con semejante desastre. Y que la prioridad inmediata fue la provisión de tiendas, alimento y agua a las miles de personas acampadas a la vera de los caminos que habían perdido absolutamente todo.

Recuerda que casi 120 mil hogares cingaleses habían sobrevivido a la destrucción de sus viviendas y que uno de los primeros desafíos de aquellos días fue manejar las expectativas, explicando a la gente que el proceso de reconstrucción tomaría al menos cinco años y no seis meses.

Precisa que en la actualidad, Cruz Roja/Media Luna Roja ha ayudado a construir más de 51 mil casas en Sri Lanka, Maldivias y la isla de Sumatra (Indonesia). En Sri Lanka, la organización puso en marcha un programa de construcción manejado por los propios afectados, en quienes se depositaba algo de dinero y se imbuía de pautas técnicas. En Maldivias se levantaron casas para cuatro mil personas, más escuelas y sistemas sanitarios, de agua y energía, en una isla deshabitada, Dhuvaafaru. En muchos casos se impulsó la creación de comités de desarrollo comunitario para coordinar el proceso reconstructivo y suministro de recursos, como así también para ayudar a viudas y ancianos a levantar sus hogares.

“Permitir a familias y comunidades asumir las acciones en su propio beneficio, sin depender de asistencia externa, es una de las lecciones más importantes que hemos aprendido en nuestra experiencia del tsunami”, afirma Panico.

Y asegura que todavía hay mucho por hacer: la gente necesita de un ingreso para vivir y readquirir bienes perdidos durante el desastre, como botes de pesca, redes y herramientas de agricultura. Para ello se están creando algunas cooperativas y desarrollando programas de microcrédito.

La destrucción, la solidaridad

Otro de los testimonios, entre evocativos y evaluativos, es el de Oxfam, una confederación de organizaciones solidarias de origen británico.

En su balance de estos cinco años de trabajo en la zona del tsunami, la organización ha ayudado a 2,5 millones de personas y ha contribuido a la construcción de 10.800 pozos de agua, 2.900 viviendas, 102 escuelas, 31 puentes y 100 kilómetros de caminos.

En lo que considera un acto de “generosidad pública sin precedentes”, registró un récord de donaciones (el cálculo es de 294 millones de dólares) y movilizó un total de seis mil voluntarios (de los cuales el 55 por ciento todavía sigue trabajando en el lugar).

Oxfam ha trabajado en siete países afectados por el tsunami de 2004: Indonesia, Sri Lanka, India, Maldivias, Birmania, Tailandia y Somalia. Luego de las tareas básicas y prioritarias, la organización concentró su actividad en ayudar a los sobrevivientes a mejorar sus condiciones de vida y en asesoramiento por derechos de tierra, con énfasis en el apoyo a la mujer.

En materia de microfinanzas, Oxfam ayudó a crear pequeños grupos de auto-ayuda de ahorristas y prestatarios y canalizar microcréditos a través de organizaciones financieras de pequeña escala.

“El tsunami fue un evento imponentemente destructivo sólo equiparado por una expresión verdaderamente monumental de generosidad y compasión pública. Esto hizo que individuos y organizaciones locales, gobiernos y agencias de ayuda se unieran en un extraordinario esfuerzo de asistencia. El trabajo duro de nuestro staff y socios locales y la sola fortaleza y capacidad de resistencia de los sobrevivientes nos han ayudado a superar difíciles desafíos”, afirma Barbara Stocking, directora ejecutiva de Oxfam.

Sin embargo, la organización advierte que nuevas emergencias en el futuro podrían no atraer el nivel de asistencia económica necesaria. Oxfam prevé que en un lapso de seis años el número de personas afectadas por crisis climáticas podría elevarse un 54 por ciento, hasta alcanzar a 375 millones de personas, tornando insuficiente todo sistema de ayuda humanitaria.