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Este blog de microfinanzas comenzó a actualizarse el 1 de febrero de 2008 y se cerró el 30 de noviembre de 2015.
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domingo, 22 de julio de 2012

El terremoto editorial


(Mundo Microfinanzas) La reciente publicación de las Confessions of Microfinance Heretic, de Hugh Sinclair, viene a nutrir una biblioteca que en los últimos años parece encarnizarse sobre las microfinanzas. A tal punto que, podríamos decir, la crítica de esta industria comienza a configurarse como un género específico.

Y no es extraño que así sea. Durante muchos años, las microfinanzas fueron la niña mimada de donantes, agencias de cooperación internacional y fondos filantrópicos. Tal estrellato se mantuvo en la medida que su premisa básica, a saber, que la facilitación de servicios financieros a los pobres constituye una herramienta idónea para salir de la pobreza, no merecía la menor refutación.

Todavía en los primeros años de la crisis financiera mundial -años 2008, 2009- el propio Muhammad Yunus y representantes de IMFs líderes a nivel global se ufanaban de que las turbulencias del capitalismo especulativo y rapaz no tenían por qué tocar a las microfinanzas. Las microfinanzas están pensadas a partir de axiomas opuestos al mainstream financiero –argumentaban.

Pero la crisis llegó. Las microfinanzas no sólo fueron tocadas por el desbarajuste global sino que además se vieron agravadas por algunas crisis sistémicas en determinados mercados microfinancieros.

No es extraño, insistimos, que esta situación se refleje pues en la aparición de investigaciones y en la publicación de artículos, dossiers y libros que tiran por la borda viejos supuestos y viejos consensos. En esta etapa que podríamos llamar de “microfinanzas post-ecuménicas”, sí sería raro persistir en clisés y no tomar en cuenta la crítica que se origina en laboratorios universitarios, investigadores, analistas, profesionales y medios de comunicación.

Junto al libro de Sinclair -Máster en Finanzas Corporativas e Internacionales por la University of Durham y MBA de la IESE Business School, además de contar con una vasta experiencia trabajando en el campo de las microfinanzas-, podemos agregar los libros de David Roodman Due diligence (“Diligencia debida”) y de Milford Bateman Why doesn’t microfinance work? (“¿Por qué no funcionan las microfinanzas?”). Una pequeña pero representativa serie bibliográfica que pone en entredicho lo que asumíamos como incuestionable en relación con las microfinanzas. La serie es arbitraria -obviamente limitada- y no significa necesariamente que los tres autores compartan marcos teóricos y metodológicos.

El libro de Sinclair contiene revelaciones que comprometen a instituciones insignias como LAPO en Nigeria (prácticamente la mitad del texto está enfocado sobre esta organización y su conexión con firmas asociadas) y salpican a jugadores claves de la industria en el mundo.

El título interpela, irónicamente, a quienes se muestran renuentes a la crítica. Las microfinanzas no son el remedio universal contra la pobreza y en cambio pueden ser, según la visión del autor, un campo de prácticas corruptas, predatorias y vueltas en contra de los pobres.

En un comentario que hace Roodman en su blog, respecto al libro de su colega, se cita: “La comunidad microfinanciera a menudo se parece a un culto religioso. La crítica es considerada una herejía y no se tolera. El impacto sobre la pobreza se reivindica como dogma pero sólo en casos excepcionales se demuestra”.

Referencias:

BATEMAN, Milford: Why doesn’t microfinance work? The destructive rise of local neoliberalism (Zed Books, Londres, 2010)

ROODMAN, David: Due Diligence: An impertinent inquiry into microfinance (Center for Global Development, Washington D.C, 2011)

SINCLAIR, Hugh: Confessions of a microfinance heretic: How microlending lost its way and betrayed the poor (Berrett-Koehler, San Francisco-California, 2012)

lunes, 26 de marzo de 2012

Due Diligence, otra vuelta de página

Roodman en San José de Costa Rica, durante el Foromic 2011
(foto: Fomin)
(Mundo Microfinanzas) Ha querido la fortuna sonreír a las microfinanzas en este primer tercio del año y hacer que el acontecimiento movilizador, el punto crítico en torno al cual se desmarcan posiciones y se repiensan dogmas, haya sido la publicación de un libro.

Podría haber sido un anuncio espectacular, alguna declaración destemplada, un evento multitudinario, incluso algún episodio salpicado de escándalo. Pero no, se trata de un libro. Con todo lo que ello significa para la vitalidad intelectual de la industria y del timing particular que tal acontecimiento implica, pues un libro necesita su tiempo para circular, para leerse, asimilar sus conceptos y provocar el feedback.

Y vaya si hubo feedback.

Ya en el post del 5 de marzo nos ocupamos de Due Diligence. An impertinent inquiry into microfinance, de David Roodman, publicado en diciembre del año pasado por el Center for Global Development (CGD). Comentamos entonces que ciertas críticas que el libro mereció por parte de los directivos de la Microcredit Summit Campaign, Larry Reed y Jesse Marsden, podían verse como la divisoria de aguas inaugurada por una nueva etapa en la historia de las microfinanzas. Una nueva etapa signada por la cautela filosófico-metodológica, el control y la mesura (“mesura” en su estricto sentido etimológico de “medir”: medir de acuerdo con parámetros objetivos, medir según pruebas observables, medir a partir de enfoques científicos aquello que, en el despertar de las microfinanzas como herramienta para combatir la pobreza, se creyó con optimismo exultante).

En los últimos días se han conocido diversas opiniones sobre el libro de Roodman. Si bien en la mayoría de los casos los comentarios son elogiosos y favorables, no deja de percibirse cierta incomodidad generada en las instituciones ligadas a la popularización del microcrédito (sector que en el post del 5 de marzo llamamos “pioneros”). Por caso, hemos leído una curiosa respuesta del Grupo de Trabajo de CEOs de Microfinanzas, difundida el viernes a través del blog del Centro para la Inclusión Financiera (CFI), de Acción Internacional, a un artículo publicado el 8 de marzo por el propio Roodman en el Washington Post, titulado "Microfinance doesn’t end poverty, despite all the hype" (traducido podría quedar así: “Las microfinanzas no ponen fin a la pobreza, más allá de todos los alardes”).

Al leer la declaración, firmada por los CEOs de ocho de las principales organizaciones microfinancieras del mundo (Acción, Finca International, Freedom from Hunger, Grameen Foundation, Opportunity International, Pro Mujer, Vision Fund y la red Women’s World Banking), podría sorprender que allí se exprese un acuerdo sustancial con el contenido del artículo, remarcando en cambio el carácter "bobo" (silly) de su título.

Suena un tanto exagerado que ocho ejecutivos de primera línea de la industria, cuyas instituciones en conjunto representan a unos 39 millones de prestatarios en todo el mundo, den a conocer un pronunciamiento cuya pertinencia toque más a algún editor del Washington Post que al propio autor del artículo que se pretende refutar. Sorprende menos, sin embargo, si lo ligamos a la sensibilidad que ha despertado el libro del investigador del CGD.

Due Diligence nos plantea la incómoda pregunta de si las microfinanzas funcionan o no. Roodman propone desdoblar el interrogante en tres dimensiones: ¿Las microfinanzas reducen la pobreza?, ¿las microfinanzas ayudan a las personas a ser más autónomas y libres?, ¿las microfinanzas pueden volverse una industria pujante que fortalezca a las sociedades en aras de objetivos de desarrollo socio-económico de largo plazo? A la primera pregunta, el autor responde “No”; a la segunda, “puede ser”; y a la tercera, definitivamente “sí”.

La respuesta a la primera cuestión se alinea con recientes investigaciones de laboratorios norteamericanos (sobre todo del MIT, la New York University y Yale University) que han utilizado pruebas aleatorias sin detectar evidencias del impacto de las microfinanzas en la disminución de la pobreza de sus beneficiarios. La segunda procura dejar a salvo parte de lo que representó la promesa humanística de las microfinanzas. Y la tercera tiene una relevancia enorme.

Como ha dicho Alex Counts, presidente, CEO y fundador de Grameen Foundation (uno de los ocho firmantes de la escueta declaración, pero, nobleza obliga, uno de los más atentos y autocríticos lectores de Due Diligence, por provenir de una de las instituciones más comprometidas con la épica de cambiar el mundo), “las microfinanzas emergen de este libro como un colaborador sólido al desarrollo socio-económico de las naciones pobres a partir de una perspectiva de costo/beneficio”.

Las conclusiones de Roodman no son sólo las de un profesional librepensante, sino también las de un analista cuya posición enunciativa se entronca de manera crucial con el sustento de buena parte de la industria. El CGD es el think tank que orienta las políticas de desarrollo internacional de los Estados Unidos (y países asociados en materia de cooperación), proveyendo marcos analíticos en las estrategias de financiamiento del Banco Mundial. Desde esta usina de ideas, con base en Washington, se monitorean los programas de reducción de la pobreza en todas las regiones y se evalúa la eficacia de las distintas herramientas, entre las cuales el desarrollo de la microempresa y el fortalecimiento de instituciones microfinancieras han sido unas de las más transitadas.

Quizás por aquí encontremos una de las claves para entender esta enérgica, afortunada y por momentos apasionada recepción al nuevo libro de Roodman. Una vuelta de página que nos permite asomar al futuro de las microfinanzas.

lunes, 5 de marzo de 2012

Pioneros vs Académicos reavivan debate sobre impacto de las microfinanzas


(Mundo Microfinanzas) El 14 de noviembre pasado, tras la apertura de la Cumbre Mundial del Microcrédito, en Valladolid, publiqué en Microdinero el artículo titulado “Después del idilio”, a propósito del clima autocrítico y culposo que envuelve a las microfinanzas en la actualidad comparado al que se vivía en 1997, año de la primera cumbre en Washington, cuando la industria gozaba de plena confianza como herramienta para superar el problema global de la pobreza.
Decíamos en el artículo: “Si hace quince años se trataba de verificar y hacer conocer el éxito de una metodología que ganaba fuerza en el mundo en desarrollo, hoy las microfinanzas comienzan a mirarse hacia dentro, a reflexionar críticamente sobre sus prácticas y poner en duda la efectividad de sus métodos. El idilio ha terminado”.
La sensación que teníamos muchos de quienes asistimos a la Cumbre de Valladolid era la de estar viviendo el final de una época. Una época marcada por el optimismo filantrópico que habían despertado las microfinanzas en la comunidad mundial y que había tenido sus momentos culminantes en el año 2005, declarado por Naciones Unidas como “Año Internacional del Microcrédito” y, un año después, con el Nobel otorgado a Muhammad Yunus.
Pero claro, un poco por la crisis económica y financiera mundial, un poco debido a las crisis atravesadas por los sectores microfinancieros de algunos países o regiones (Balcanes, Marruecos, Nicaragua, Nigeria, la India…), y en buena medida, también, por nuevas evidencias científicas que estarían mostrando que determinadas experiencias no sólo desmienten la promesa redentora de las microfinanzas sino que, en el peor de los casos, terminan exponiendo a prestatarios en trampas de endeudamiento y más pobreza.
De allí que ha empezado a percibirse, desde hace un par de años, una divisoria de aguas entre el movimiento que podríamos llamar de “los pioneros” -personalidades e instituciones ligadas a las posiciones fundantes del microcrédito- y sectores académicos desde cuyos laboratorios comenzaron a difundirse pruebas nada halagüeñas para el sector y desde donde se insta a revisar estrategias, metodologías y hasta los propios fines de las microfinanzas.
En este contexto es que debe leerse la polémica que ha desatado la reciente publicación del libro Due Diligence: An impertinent inquiry into microfinance, del investigador y analista norteamericano David Roodman, del Center for Global Development (CGD). Roodman es autor, junto con Jonathan Morduch, de uno de los primeros documentos que ofrece una serie de estudios aleatorios donde se detectan efectos negativos en algunos programas microfinancieros (The Impact of Microcredit on the Poor in Bangladesh: Revisiting the Evidence, Working Paper 174, 2009, CGD, Washington DC).
Due Diligence se inicia con el relato de dos pequeñas historias contrapuestas, que el autor da como ciertas, cuyas protagonistas son clientes del Grameen Bank en Bangladesh. La de Murshida, una madre que pudo sobreponerse a un mal matrimonio con un esposo violento y jugador, y logró ser una próspera fabricante textil a partir de un crédito de apenas 1.000 takas. La otra historia es la de Razia, a quien su incursión en el microcrédito le significó tener que vender sus vacas, sus joyas, hasta finalmente desprenderse de su propia casa, todo para cumplir con su compromiso. Para Roodman, ambas historias -la primera relatada por Yunus, la segunda aparecida en el documental The Micro-Debt del danés Tom Heinemann- deben yuxtaponerse y animar un análisis de las microfinanzas en su contradicción. El microcrédito como salvación, el microcrédito como trampa.
Pues bien, este lunes conocimos una declaración de Larry Reed, director de la Microcredit Summit Campaign, y Jesse Marsden, director de Investigación y Operaciones de la Campaña, titulada “More Due Diligence Needed”. Reed-Marsden recogen el guante de Roodman, lamentando que su libro se explaye en una variedad de resultados generados por programas de microfinanzas pero que no ponga idéntico esfuerzo en reconocer las diferencias que existen entre los distintos programas implementados.

Los directivos de la Campaña Mundial sostienen que el análisis de Roodman se basa sobre todo en dos estudios de 2009, con un set de datos demasiado limitado para habilitar generalizaciones. Lamentan especialmente que el investigador no distinga entre instituciones centradas en proveer herramientas y apoyo necesario para ayudar a sus clientes a salir de la pobreza, de aquellas orientadas a maximizar su escala proveyendo un solo producto.

Roodman mezcla manzanas con naranjas, aseguran Reed-Marsden, quienes aprovechan para realzar a aquellas IMFs comprometidas con alcanzar parámetros de protección al cliente e impacto en la pobreza reconocidos por la industria (la Campaña Mundial del Microcrédito instituyó, a partir de Valladolid, un Sello de Excelencia para aquellas instituciones que se alineen con las mejores prácticas en esta materia).

Y, como para que quede claro que no hay un espíritu anti-científico que anima la declaración, los directivos se muestran a favor de investigaciones rigurosas en el campo de las microfinanzas y sus efectos sobre la pobreza, proponiendo que las mismas busquen abordar mejor la complejidad de la industria aceptando el hecho obvio de que hay distintas instituciones y que no todas brindan el mismo set de productos y servicios.

Enhorabuena el debate y la investigación! Y enhorabuena también que los representantes de una organización tradicional y pionera, como es la Cumbre Mundial del Microcrédito, asuman el reto de polemizar con análisis e hipótesis algo impertinentes, que no se avienen con comodidad a los presupuestos que hicieron de las microfinanzas un proyecto esperanzador.

Referencia

Due Diligence. An Impertinent Inquiry into Microfinance (por David Roodman, Center for Global Development, 2012, Washington, DC)