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jueves, 12 de marzo de 2009

Slumdog Millonaire o la pobreza del Oscar


"Insulsa mezcla de la Cenicienta y contundente American way of life"

(Por Elio Rossi Mundo Microfinanzas) Uno siente que la indignación va creciendo a medida que la película se desarrolla. Es absolutamente esperable todo lo que en ella ocurrirá; uno ve los primeros cinco minutos y tiene claro cuál será la metodología: pregunta-flashback con tragedia truculenta-respuesta correcta.

Estamos hablando de Slumdog Millonaire, la que ganó el Oscar a la mejor película en otra celebración de Hollywood de sí mismo y otra manifiesta demostración del desdén que Occidente (y especialmente la industria), tiene por la profundización, por la búsqueda de entendimiento de los conflictos, para transformarlos en mero entretenimiento con un toque de corrección política.

En este caso, una dosis enorme de corrección política e intento -infructuoso- de tranquilizar conciencias.

Danny Boyle nació, se desarrolló y “murió” con aquella Trainspotting del ya lejano 1996. Al menos hasta que demuestre lo contrario. Seguimos esperando.

Es francamente indignante cómo Boyle intenta contar una historia trágica (desde la mirada, claro, de Occidente), a caballo de una insulsa mezcla de la fábula de Cenicienta y un glamoroso y contundente American way of life que desemboca -inexorablemente- en la fama, el dinero e -infaltable- el amor puro, eterno, indestructible.

En el medio, claro, hay que sufrir hasta la tortura.

Los protagonistas de la historia -el chico que contesta bien y la chica que lo ama- llegan a sus “veintes” en un estado que, habiendo padecido un cuarto de los sufrimientos que narra el mismo Boyle, resulta imposible de creer.

Esos chicos han muerto en el camino, Boyle!!!

Han sobrevivido a todo: asesinatos religiosos, violaciones, quema de sus hogares, palizas varias de los matones en cuyas manos caen para ser entrenados y salir a pedir, con arrancamientos de ojos incluidos... y sin embargo lucen casi perfectos.

Delgados, preciosos y, sobre todo, con una capacidad de introspección y deducción que pone en jaque todo al pensamiento Griego.

Como frutilla del postre, la película muestra de fondo al Taj Majal (o a otro Palacio que se le asemeja pero que poco importa porque es sólo un oscuro decorado), el Taj Majal, les decía, una de las siete maravillas del mundo, en gris, entre sombras, oscuridad plena, insisto, con un grupo de personas en torno a… un televisor!!! esperando por la definición del programa y que el niño-joven-pobre-pero-expertodelavida, gane.

Y claro, gana.

Y Hollywood lo celebra.

Y lo premia.

Si alguien quiere adentrarse -honesta y respetuosamente- a la cuestión de la pobreza en la India, le sugiero mirar Salaam Bombay, una película dirigida por Mira Nair, del año 1988.

Con enorme y finísima tristeza poética la directora nos cuenta la historia de Krishna, un chiquilín que desde el vamos, debe sobrevivir a pesar del mundo.

Sin American way of life, sin programa de tevé, sin Dannys Boyles protectores, en fin, sin Hollywood.

En todo caso aquel de Nair es un intento por contar lo que les pasa; aquello a lo cual han sido arrojados, que bien vale la pena.

Este de Boyle, de Hollywood, es una patraña total.

Afectuosamente, E. R.

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