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miércoles, 9 de noviembre de 2011

"El microcrédito es condición necesaria pero no suficiente para salir de la pobreza"

Martín Grandes, coautor del estudio que ha revelado gran demanda potencial
de microcrédito en Argentina (foto: MicroDinero)

(Textos recobrados de MicroDinero) La Escuela de Negocios de la Universidad Católica Argentina (UCA) acaba de presentar el informe La demanda de microcréditos en la Argentina: nuevas estimaciones. El estudio actualiza al sector con datos demográficos y socio-económicos respecto a la demanda potencial de microcréditos en el país y detecta un número significativamente alto de demandantes: de 660.901 a 909.685 individuos, según el rango de ingresos.

La investigación, que utiliza datos del Observatorio de la Deuda Social en Argentina 2010, de la UCA, fue presentada el pasado 26 de octubre en el marco de una conferencia por el director del Programa de Investigación Aplicada de la Escuela de Negocios, Martín Grandes, junto a un panel integrado por la investigadora de la Universidad de Buenos Aires (UBA), Marta Bekerman; el investigador del Observatorio de la Deuda Social, Eduardo Donza, y la directora ejecutiva de la Red Argentina de Instituciones de Microcrédito (Radim), Florencia Montes de Oca.

MicroDinero dialogó con el Prof. Grandes -coautor del informe junto con Milagros Satorre- sobre algunas conclusiones que arroja el trabajo.

MicroDinero: Como para poner en contexto, ¿cómo se integra la investigación en la encuesta del Observatorio de la Deuda Social?

Martín Grandes: El Observatorio de la Deuda Social Argentina colaboró con el proyecto. Es un centro de estudios que monitorea básicamente problemas sociales en Argentina, como la pobreza, y ya lleva siete años haciendo la encuesta, que ha ido ampliando paulatinamente su muestra hasta llegar a 5.682 hogares en los principales aglomerados del país. El Observatorio facilitó la base de datos y nos asesoró sobre las preguntas para el bloque de inclusión financiera y en todo el proceso de investigación y análisis de datos.

MD: ¿Cómo surge la idea de incluir un ítem sobre inclusión financiera?

MG: Surge a partir de dos hitos. Uno es que la Escuela de Negocios, en su Programa de Investigación Aplicada, tiene por objeto estudiar la demanda de microcréditos actual y potencial. Entonces, al necesitar información de población, de una muestra, tuvimos que decidir si hacíamos una encuesta propia o usamos otra encuesta. Y nos encontramos con la riqueza de la información del Observatorio. Ese es el primer hito: la detección de un tema de investigación muy relevante para el sector público, para el sector de las microfinanzas, para el sector académico. Desde el año 2005 y 2006 no se conocía nada de esto. Los últimos estudios datan de esa fecha. Son estudios parciales, muy focalizados en regiones, o que extrapolan información de la Encuesta Permanente de Hogares, que hoy en día lamentablemente ya no son muy confiables, menos en estos aspectos referidos al desempleo, la pobreza, los ingresos.

El otro hito es que la propia encuesta de la Deuda Social reconoce que no tiene un bloque donde se analice la propensión a tomar un crédito, la fuente de ese crédito, los montos, el destino del crédito, entonces hay un interés de nuestra contraparte, el Observatorio, por incluir este bloque. Bloque que es diseñado en la Universidad con el asesoramiento de profesionales del sector, particularmente de la Red Argentina de Instituciones de Microcrédito y de una co-autora, junto a mí, de un paper anterior, Ana Martiarena, que plantea metodológicamente este bloque y esta necesidad de relevar información y suministrarla a los sectores interesados para que tengan una idea de dónde están parados respecto a la demanda. Entonces, estos dos hitos marcan un poco el comienzo. La necesidad de generar un grado de investigación en la Escuela de Negocios, a mi cargo, y empezar a caracterizar este fenómeno y su demanda potencial. Y por otro lado, del lado del Observatorio, la vocación de fomentar el trabajo interdisciplinar, de descubrir otros fenómenos resultantes de la propensión del individuo encuestado frente al sistema financiero, algo de lo que adolecía la encuesta. Sólo tenía dos preguntas referidas a si la persona tenía una tarjeta de crédito y si disponía de una cuenta bancaria. A eso se limitaba todo lo que era inclusión. Ahora se puede saber si es crédito de consumo o vivienda y se puede saber las razones por las que un individuo toma o tomaría un microcrédito, y especialmente por qué no tomaría. Esperamos sostener este trabajo y ver un segundo informe en 2012 para seguir monitoreando el fenómeno. Y lo que tiene de valioso y peculiar, es que uno puede ver hogar por hogar, uno puede usar la microdata y ver las características del hogar en su integralidad. No sólo ver sexo, ocupación, informalidad o nivel de ingresos, sino también mirar otras cosas: movilidad inter-generacional, aspectos psicosociales, y eso correlacionarlo con aspectos de inclusión financiera: por ejemplo ver la mayor o menor capacidad para endeudarse según grados de educación que hayan alcanzado diferentes generaciones dentro de una familia.

MD: Del cuadro que presenta el estudio hoy, ¿cuáles son las cosas que destacarías o que te parecen más interesantes?

MG: Yo creo que lo más llamativo es el número. Es que calcula en un rango, un número potencial de demandantes de microcrédito, definiendo y categorizando este sujeto de microcrédito como un individuo de bajos ingresos, aproximadamente uno o dos salarios mínimos como criterio definitorio. En segundo lugar, el hecho de que estas personas, el 85%, son informales, lo cual indica que no pagan ningún aporte jubilatorio, no tienen obra social, no tienen capacidad de acceder a un seguro de desempleo si quedaran desempleados. El 85% de esta población responde que tomaría un crédito, y el crédito que tomaría entra dentro de la categoría de microcrédito (porque es un individuo de bajos ingresos, informal, mayormente cuentapropista). Ese sería un hallazgo que corrobora la realidad que las instituciones del sector encuentran. Lo cual es un problema, porque la informalidad genera mayores costos para los préstamos, carga adicional de impuestos… Y cómo salir de la informalidad es un gran tema, es un tema de desarrollo económico. Pienso que el tema de la salida de la informalidad, no sólo en Argentina sino en general en el mundo subdesarrollado, en el mundo en desarrollo, es un tema de políticas sociales. Es darle al individuo las capacidades para desarrollarse como ser humano y para poder tener un progreso material y condiciones humanas de vida. Entonces estos microcréditos pueden ser una condición necesaria pero no suficiente para ayudar al individuo a salir del vínculo vicioso de la informalidad, pobreza, bajos ingresos y reproducción en el tiempo de ese esquema a nivel familiar.

Otro aspecto destacado es el destino. Definimos microcrédito de una manera un poco más laxa como lo hace Naciones Unidas, incluso trabajos anteriores de la Fundación Andares o del PNUD. Nosotros definimos un microcrédito también como de consumo o de refacción de vivienda. Y eso es importante, porque si no se deja al margen una población que está pidiendo o solicitando montos de dinero para comprar un televisor, una heladera, un teléfono, una cafetera y por otro lado para que refaccionen o mejoren sus viviendas. Esto lo vamos a poder detectar de manera separada en la encuesta del 2011. Ya la primera información que tenemos es que un 70% de los que responden dicen que demandaría un crédito para consumo o vivienda. Yo estimo que esa cantidad se va a repartir más o menos en partes iguales: los que dicen vivienda y consumo. 2010, cuando se hizo esta encuesta, fue un año bastante particular. Hubo mucho consumo en la Argentina y yo creo que está sesgado por eso, por el ciclo económico. La gente en la conferencia estaba preocupada porque consideraba que 240 mil microcréditos potenciales para emprendimientos productivos es muy poco para la Argentina. No sé si es muy poco. En Argentina hoy en día hay 80 mil microcréditos activos aproximadamente, destinados a fines productivos. Entonces no estamos tan lejos. A mí me parece un error considerar al microcrédito sólo para emprendimientos productivos. Creo que Radim y personalidades del sector académico y del sector público coinciden con nosotros en definir al microcrédito más ampliamente, como un crédito destinado al consumo o a la vivienda. Y habrá que preguntarle al individuo -y esto es otro hallazgo, la falta de educación financiera-, si entiende lo que es un crédito, si entiende la diferencia entre refaccionar su vivienda o comprarse un plasma, entonces detectar esas diferencias. Esto nos abre una pregunta, que tenemos que responder: no sólo cuánto es consumo y cuánto es vivienda, sino qué es consumo, qué es vivienda. Si la vivienda tiene fines productivos o si sólo es donde vive la familia. Esto pasa mucho en zonas vulnerables o de emergencia, donde alguien tiene un kiosco en un cuarto de la casa y pide un crédito para pintar el kiosco. Entonces hay que ver la diferencia. Creo que incluir el consumo y la vivienda da una definición más amplia y más realista de lo que es el sector. El sector no se anoticia de que hay un montón de demanda de crédito de consumo. La demanda potencial podría ser incluso mayor que esa cota superior de 919 mil individuos estimados. Si nosotros estudiáramos la población total que responde que no tomaría un crédito, por miedo a no poder repagarlo, yo creo que de ahí surge una población interesante a estudiar que podría ser demandante potencial de microcrédito. No me animo a decirte el número, pero puede ser fácilmente el doble de lo estimado. Habría que ver de eso cuáles serían para fines productivos. Esto es algo interesante que el estudio deja sobre la mesa para seguir estudiando.

Por otra parte, otro de los hallazgos sería el tema de la localización geográfica de estos potenciales demandantes de microcrédito. Corroboramos que en el conurbano bonaerense sur está la mayor cantidad de demanda potencial, coincidente con las mayores tasas de pobreza y de precariedad del empleo e informalidad, seguido por el conurbano oeste y luego por Córdoba y Mendoza. Sobre estas dos provincias hay que estudiar puntualmente el fenómeno, pero no me llama la atención porque son dos conglomerados urbanos grandes, donde hay bolsones de pobreza, bolsones de informalidad muy fuertes, mucho cuentapropismo y donde el microcrédito empezó a arraigar. Entonces, la federalización del microcrédito: no pensar que sólo es el conurbano de Buenos Aires. El estudio de Andares es un estudio valioso pero se acotó a un año y relevaba sólo el Gran Buenos Aires. Y el estudio del PNUD, del 2005, hacía inferencias de la EPH del INDEC, no era un cuestionario específico. O sea, para redondear, el aporte ha sido brindar información para el sector de manera continua y de manera cada vez más desagregada que permita a los actores entender dónde está, cuál es, cómo se caracteriza esta demanda.

MD: ¿Y algunas cosas del estudio que te hayan sorprendido?

MG: Hay cosas que sorprenden un poco: quizás una baja propensión al microcrédito productivo. La distribución de edades es coherente, la mayor parte se concentra entre los 30 y 49 años, y luego una población de jóvenes también muy importante, de 18 a 29 años, un 30%, y eso no hay que desatenderlo. Yo creo que el gobierno está haciendo algunas políticas interesantes con los planes sociales, la Asignación Universal por Hijo y el Plan Jóvenes, que trata de insertar a los chicos de la secundaria a través de un oficio, y esos son sujetos posibles de microcrédito, pues necesitan comprar una máquina, una herramienta.

MD: Observando los resultados que se han presentado del estudio, vemos que de los 919 mil individuos con demanda potencial de microcréditos, sólo un 13% recibe algún tipo de plan social. ¿Esto no estaría indicando que hay una población, beneficiaria de planes sociales, que percibe un nivel de ingreso que disuade la expectativa por crecer, por desarrollarse a través de un microcrédito? Para mí ese 13% es una cifra baja. Yo esperaría que más gente, beneficiaria de un plan social, demande microcrédito para poder crecer, desarrollarse y no depender del plan social.

MG: Claro, pero yo te doy vuelta la pregunta, o te doy vuelta la respuesta. Si vos tomás la población total y desagregás de los que te dicen que no le interesa tomar un crédito -más allá de que sea microcrédito o no-, solamente ese porcentaje, alrededor de un 24% de la muestra, tiene planes sociales, en su mayoría Asignación Universal por Hijo. Quiere decir que, si el otro 76% tomara un crédito, es una gran población que no se siente desalentada. En todo caso, sacando ese 24% que no tomaría un crédito porque no les interesa, tenés una gran población que sí tomaría y que recibe planes sociales (en el caso de los que son sujetos de microcréditos son este 13% que vos comentabas). O sea que en definitiva no hay un efecto de desaliento.

MD: ¿Pueden coexistir el microcrédito y el plan social?

MG: Yo creo que sí, sobre todo la Asignación Universal por Hijo, dejame ser claro en esto y enfatizarlo. Creo que la Asignación Universal por Hijo es una muy buena medida, que le permite a la familia, al emprendedor, a la emprendedora, tener otra perspectiva, poder mandar a sus hijos al colegio, darles los útiles escolares o llevarlos al centro de salud, etc, y les deja tiempo para hacer este tipo de emprendimientos. No los veo incompatibles. Lo que sí vería más incongruente, pero que no sale del estudio, es si fuera alguien que recibe un plan Argentina Trabaja, o plan Jefas y Jefes de Hogar en el pasado. Eso sí desincentivaría no sólo la posibilidad de que esas personas tomen un crédito sino la probabilidad de que esa persona vuelva al mercado de trabajo o que quiera encontrar un empleo.

MD: Tomando esta cifra de 900 mil potenciales, y la cifra actual de demandantes de microcrédito, que debe estar cerca de los 100 mil, ¿dónde crees que están los principales problemas para comenzar a acortar esta brecha?

MG: Si estas cifras están correctas, la brecha es entre los 919 mil que nosotros estimamos como cota superior y, de esos 919 mil, los que ya tomaron un crédito en el pasado, esto es unos 274 mil o alrededor de un 27%. Es decir, ¿qué pasa con ese 73%? Ese es el fenómeno a investigar. ¿Qué pasa que nunca accedió? Vamos a poder saber esto en la encuesta de este año, pero sospechamos que incide un desconocimiento de la oferta, la falta de garantías, porque no les dan el monto que necesita o les ponen muchas trabas burocráticas, o bien porque las tasas son altas para aquellos que no tienen acceso a los fondos de la Conami (por la Comisión Nacional de Microcrédito), que son a un 6% anual, que no es nada. Tenemos respuestas que imagino que van a surgir y que son objeto de investigación. E investigar también sobre aquellos que sí accedieron a un microcrédito, por qué accedieron.

MD: ¿Cómo visualizas la recepción del tema microfinanzas en los estudiantes, en el ambiente académico en general?

MG: En la Universidad Católica Argentina es un tema de investigación desde hace mucho tiempo. Más, ha habido cátedras dedicadas a las microfinanzas. Había una cátedra UCA-PlaNet Finance y hay cursos o cátedras que incorporan fuertemente el componente de microfinanzas a sus temáticas de investigación o de enseñanza. Hay mucho terreno para explorar, mucho para seguir investigando. Y en este sentido veo que los profesores y los estudiantes están muy interesados. De hecho muchos de los que concurrieron a la conferencia el 26 de octubre están interesados en ciertos aspectos del microemprendimiento o microcrédito. Nuestra universidad es una universidad donde naturalmente, por su misión, por los académicos que trabajan allí, por su interés social, hay una gran vocación por investigar estos temas.

Referencia

La demanda potencial de microcréditos en Argentina (Pontificia Universidad Católica Argentina, por Martín Grandes y Milagros Satorre, Buenos Aires, 2011)

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